El jefe de Gabinete viajó a la provincia de Misiones con la misión de sellar alianzas y asegurar respaldos parlamentarios para el ajuste energético, pero el encuentro evidenció la profunda fractura entre el Gobierno Nacional y los mandatarios del Norte Grande, quienes exigen el cumplimiento de promesas incumplidas antes de brindar cualquier apoyo.
En un contexto de creciente tensión política y fragmentación territorial, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, emprendió un viaje a la ciudad de Posadas con el objetivo explícito de recomponer los lazos institucionales con los gobernadores del Norte Grande Argentino, luego de que la administración nacional sufriera un resonante revés en su intento de avanzar con la privatización de activos estatales. Sin embargo, lo que se presentó como una oportunidad para la distensión y el diálogo fructífero, derivó en una nueva evidencia del aislamiento del oficialismo, ya que el funcionario retornó a Buenos Aires sin haber obtenido los compromisos políticos que buscaba.
El trasfondo de esta gira política fue la necesidad imperiosa del Ejecutivo de asegurar los votos necesarios en el Senado para aprobar el controversial recorte de los subsidios al consumo de gas en las denominadas zonas frías. Pese a los esfuerzos diplomáticos de Santilli, ni siquiera aquellos mandatarios que hasta el momento habían mantenido una postura colaborativa con el oficialismo se animaron a respaldar la iniciativa. Los gobernadores presentes, un grupo selecto de líderes provinciales que ya habían dado su visto bueno a la media sanción en la Cámara de Diputados, plantaron bandera y exigieron la instrumentación inmediata de las compensaciones económicas que el Gobierno les había ofrecido como moneda de cambio para obtener sus sufragios en la instancia anterior.
Según pudo reconstruir este medio a partir de fuentes calificadas que asistieron al encuentro, la dinámica de la reunión distó de ser un mero acto protocolar. «Santilli extrajo su libreta de apuntes y se dedicó a registrar minuciosamente los reclamos de los mandatarios», confió un informante con acceso directo a la negociación. El jefe de Gabinete escuchó atentamente las demandas, pero su capacidad de maniobra se vio severamente acotada, ya que únicamente pudo comprometerse a trasladar los planteos a la Casa Rosada, sin ofrecer soluciones concretas ni anunciar medidas paliativas en el acto. La promesa de dar una respuesta «a más tardar la semana próxima» sonó a oídos de los gobernadores como un eco de compromisos anteriores que jamás se materializaron.
El núcleo del descontento provincial reside en el incumplimiento del régimen de zonas cálidas, un pacto verbal que el Gobierno había esgrimido para garantizar los votos del norte en perjuicio de las provincias más australes y centrales del país, como Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y San Luis. Los mandatarios del Norte Grande se quejaron amargamente por la disparidad tarifaria que sufren sus distritos, donde la ausencia de infraestructura básica como la red de gas natural encarece exponencialmente el costo de vida. En este sentido, el anfitrión del encuentro, el gobernador misionero Hugo Passalacqua, fue contundente al graficar la realidad energética de su provincia: «No disponemos de un solo metro de cañería para el suministro de gas. Aquí el funcionamiento doméstico e industrial depende exclusivamente de la leña». Este diagnóstico, compartido por sus pares, evidencia la profunda desigualdad estructural que el Estado nacional ha postergado durante décadas.
A pesar de la calidez del recibimiento y la voluntad manifiesta de diálogo, Santilli no logró cosechar los frutos esperados. El pedido explícito de los votos de los senadores provinciales para avanzar en el ajuste del gasto energético se topó con una muralla de silencio y escepticismo. Ninguno de los gobernadores presentes, ni siquiera aquellos que habían mantenido una relación fluida con el oficialismo, se animó a rubricar un nuevo acuerdo sin la certeza de que las compensaciones prometidas se harían efectivas. Desde el entorno de la Casa Rosada se deslizó la posibilidad de que el beneficio para las zonas cálidas se instrumente mediante una resolución administrativa o un decreto de necesidad y urgencia, pero esta especulación no alcanzó para disipar las dudas de los líderes provinciales, quienes manifestaron su intención de llevar el reclamo directamente a la sede del Ejecutivo nacional durante la próxima reunión de la Mesa del Litio en el Consejo Federal de Inversiones.
La cumbre de Posadas, que congregó a los mandatarios Gustavo Sáenz (Salta), Carlos Sadir (Jujuy), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Leandro Zdero (Chaco), Elías Suárez (Santiago del Estero) y Juan Pablo Valdés (Corrientes), además de representantes de La Rioja y Formosa que optaron por mantenerse en un segundo plano para no «quedar pegados a la foto», evidenció también las complejas tensiones internas del peronismo y sus aliados. La notable ausencia de los gobernadores Ricardo Quintela (La Rioja) y Gildo Insfrán (Formosa), abiertamente enfrentados a la administración libertaria, subrayó la fractura irreconciliable que atraviesa el arco político federal.
Más allá de la agenda energética, el jefe de Gabinete intentó sin éxito sumar voluntades para la reforma política impulsada desde el Ejecutivo. Si bien Santilli reconoció la disposición del Gobierno a cerrar acuerdos particulares con aquellas provincias que aspiren a la reelección de sus mandatarios, dejó en claro que la conducción de esa negociación subterránea recae actualmente en Lule Menem, el operador de máxima confianza de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Esta delegación de funciones revela la existencia de una doble vía de negociación que genera incertidumbre entre los gobernadores, quienes prefieren tratar los temas gruesos directamente con quienes tienen el poder de decisión final.
La interna misionera, protagonizada por la ruptura del gobernador Passalacqua con el histórico caudillo Carlos Rovira, añadió un condimento extra al cónclave. En un gesto de claro posicionamiento político, el salteño Gustavo Sáenz terció en el conflicto local para respaldar al anfitrión, sentenciando que «se terminaron los capangas», en una clara alusión al ocaso de los liderazgos verticales y autoritarios en la región. Esta disputa, que ya complicó al oficialismo la semana pasada en el Senado, promete escalar en el Congreso, donde los legisladores misioneros, que hasta ahora respondían a la conducción de Rovira pero se han alineado con el gobernador en esta contienda, podrían comenzar a operar como una facción opositora dentro del recinto, lo que implicaría un nuevo y significativo desgaste para la endeble mayoría del oficialismo en Diputados, donde Misiones cuenta con cuatro representantes.
