Boca empata en Avellaneda y sigue sin encontrar la solidez en el arranque de los partidos

Boca empata en Avellaneda y sigue sin encontrar la solidez en el arranque de los partidos

El conjunto de Rodolfo Arruabarrena sumó un nuevo empate ante Racing, pero volvió a mostrar su principal talón de Aquiles: la fragilidad en los primeros minutos. Aunque Merentiel continúa en racha y los jóvenes aportan frescura, las lesiones y los errores defensivos mantienen al equipo en un estado de alerta constante.

Desde que Rodolfo Arruabarrena asumió las riendas de Boca por segunda vez, el equipo ha transitado un camino sinuoso, marcado por una tendencia que ya preocupa en el mundo boquense: en más de la mitad de los once compromisos disputados bajo su conducción, el conjunto xeneize ha visto cómo el adversario se adelantaba en el marcador. Esta vez, en el estadio Presidente Perón, la historia no fue la excepción. Racing, con la velocidad de su juego y la claridad en sus transiciones, golpeó temprano y puso a Boca contra las cuerdas desde el silbatazo inicial.

El primer sobresalto llegó a los cuatro minutos, cuando Ayrton Costa, en un intento por cubrir una subida de Cannavo que no revestía un peligro inminente, llegó tarde al cruce y terminó pisando al volante rival. El árbitro, Facundo Tello, no percibió la infracción en primera instancia, pero la intervención del VAR fue determinante: penal. La ejecución, a cargo de Marcos Rojo, fue un disparo seco y colocado hacia la derecha de Leandro Montero, quien se lanzó en dirección opuesta y no pudo evitar que el marcador se inclinara a favor de la Academia.

Sin embargo, Boca no tardó en encontrar la respuesta. A los 28 minutos, una jugada colectiva que tuvo como protagonista al joven Flores —quien envió un centro preciso desde la derecha— encontró a Miguel Merentiel en el área. El delantero uruguayo, que atraviesa su mejor momento goleador desde que llegó al club, demostró toda su jerarquía: con una serie de amagues que desorientaron a la defensa rival, ajustó el cuerpo, encontró el espacio y definió con categoría para establecer el 1-1. Fue su tercer tanto en partidos consecutivos, una racha que ilusiona a los hinchas y que ratifica su condición de referencia ofensiva.

El encuentro, de allí en más, se convirtió en un ida y vuelta intenso, con dominio alternado y una entrega física que mantuvo en vilo a los espectadores. Ambos equipos generaron situaciones de peligro, pero también mostraron limitaciones en la definición. Racing, por su parte, evidenció su dependencia de la figura de “Maravilla” Martínez —ausente por lesión— y careció de profundidad en los metros finales, mientras que Boca, aunque logró equilibrar las acciones, sigue arrastrando problemas estructurales que impiden tomar el control pleno de los partidos.

En el plano individual, el duelo dejó lecturas variadas. Del lado local, la actuación de Rojo fue destacada: el defensor, que en su paso por Boca no siempre encontró la regularidad deseada, se mostró firme y hasta se animó a ejecutar el penal con sangre fría. Además, el juvenil Martínez confirmó su irrupción como una revelación, Cannavo generó inquietud por su sector y el cuarteto de volantes —integrado por Lodico, Pérez, Orregoza y Miljevic— aseguró posesión y asociación. Pero no todo fue positivo: la lesión de Ignacio Rodríguez, quien había cumplido una tarea correcta, dejó un sabor amargo en el cuerpo técnico albiceleste.

En Boca, junto al brillo de Merentiel, emergieron figuras como Flores y Aranda, quienes, pese a caer en algunas lagunas propias de su juventud, demostraron un potencial enorme que promete ser capital para el futuro inmediato. También es rescatable la actuación de Montero, que empieza a transmitir seguridad a sus compañeros, y la de Herrera, quien reemplazó a Costa y cumplió con solvencia en la marca, además de aportar salida limpia y criterio en la distribución.

Sin embargo, el debe sigue siendo mayúsculo. Costa fue el principal señalado: no solo cometió un penal evitable, sino que también falló en salidas precipitadas y entregó balones sin presión a sus rivales. Su lesión obligó a un cambio forzado que, sumado a la posterior salida de Milton Delgado, expuso la fragilidad física de un plantel que afronta una seguidilla de partidos sin descanso.

En definitiva, el empate en Avellaneda refleja con justeza lo que fue un partido parejo, intenso y con momentos de alta tensión. Ambos equipos tuvieron argumentos para llevarse la victoria, pero también evidenciaron carencias que deberán corregir de cara a los desafíos venideros. Para Boca, la asignatura pendiente es clara: mejorar la solidez en los inicios y evitar que los errores defensivos condicionen su rendimiento. Con Merentiel en estado de gracia y una camada de jóvenes que pide pista, el equipo de Arruabarrena tiene con qué soñar, pero también mucho por trabajar.

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