La decisión, adoptada bajo el principio de máxima prudencia, obliga a reprogramar la expedición al polo sur lunar, una zona clave por sus posibles depósitos de hielo, y retrasa hasta 2027 una de las misiones más ambiciosas del programa espacial asiático.
El programa espacial chino ha decidido suspender temporalmente el lanzamiento de la sonda Chang’e-7, una de sus misiones lunares más emblemáticas, luego de que los técnicos determinaran que no se reunían las circunstancias adecuadas para el despegue. El anuncio, difundido anoche por la Oficina del Programa Espacial Tripulado de China, subraya que la medida responde a un criterio de rigor, fiabilidad y cero tolerancia al riesgo, aunque el comunicado oficial fue deliberadamente parco en detalles y no especificó las causas técnicas que motivaron el aplazamiento.
Inicialmente, diversos medios especializados habían situado el lanzamiento para este lunes alrededor de las 08:00 hora local (medianoche GMT), pero las autoridades espaciales descartaron esa ventana tras las últimas evaluaciones. Fuentes cercanas al proyecto indican que la nueva fecha probable será ya en 2027, lo que supone un ajuste significativo en el calendario previsto, aunque desde el organismo oficial no se ha confirmado aún un nuevo día ni hora para la operación.
La Chang’e-7 había completado recientemente las fases previas al lanzamiento: el pasado 19 de agosto, la sonda y el cohete Larga Marcha-5 Y14 fueron trasladados a la rampa de despegue del centro espacial de Wenchang, ubicado en la isla meridional de Hainan, tras superar las pruebas de ensamblaje y verificación. En aquel momento, la agencia estatal Xinhua adelantó que se realizarían comprobaciones funcionales, ensayos integrados y el llenado de propelentes, y que el despegue tendría lugar en los “próximos días”, sin fijar una fecha concreta. Ahora, ese escenario queda en suspenso.
El destino de esta misión es el polo sur de la Luna, una región que concita un creciente interés científico debido a la posible existencia de agua congelada en cráteres que permanecen perpetuamente a oscuras. La exploración de esa zona se considera estratégica no solo para comprender mejor la historia del satélite, sino también como eventual base para futuras estaciones permanentes. Para ello, la Chang’e-7 integra un conjunto de artefactos de última generación: un orbitador, un módulo de alunizaje, un vehículo rover, un pequeño ingenio móvil con capacidad de saltos y un satélite de retransmisión, concebidos para operar en órbita, posarse sobre la superficie y desplazarse por el terreno con el fin de analizar el entorno, la composición del regolito, los compuestos volátiles, la estructura geológica, los temblores lunares, el campo magnético y las propiedades térmicas del área.
Los datos recabados por esta misión serán fundamentales para la planificación de la siguiente fase, la Chang’e-8, cuyo lanzamiento se baraja hacia 2029 y que tiene como propósito validar tecnologías clave para una futura estación internacional de investigación en la Luna. Cabe recordar que China ya ha cosechado hitos notables en la exploración selenita: en 2019 logró el primer alunizaje en la cara oculta con la Chang’e-4, y en 2024 recuperó las primeras muestras de esa misma región gracias a la Chang’e-6. Además, Pekín mantiene firme su ambición de enviar astronautas chinos a la superficie lunar antes de 2030, un objetivo que se enmarca en una carrera espacial cada vez más competitiva y que ahora suma este inesperado contratiempo técnico. Mientras los equipos de ingenieros analizan las fallas detectadas y reajustan los procedimientos, la comunidad científica internacional aguarda con expectación el nuevo calendario de una misión que promete revolucionar el conocimiento del polo sur lunar.
