Detrás del éxito arrollador de la versión de Whitney Houston se esconde una trama fascinante: Dolly Parton la escribió para decirle adiós a su socio musical, rechazó a Elvis Presley para conservar sus derechos y, décadas después, convirtió las regalías en un homenaje a la cantante que la inmortalizó.
Corría el último tramo de 1992 y el mundo parecía orbitar en torno a la figura imponente de Whitney Houston. No era para menos: el estreno de El guardaespaldas, junto a Kevin Costner y bajo la dirección de Mick Jackson, prometía ser uno de los fenómenos cinematográficos del año; su banda sonora, un cofre repleto de joyas musicales, se perfilaba como un éxito de ventas incalculable; y, por encima de todo, “I Will Always Love You” emergía como una de esas canciones que atraviesan generaciones, un ícono de las baladas románticas, un estandarte eterno de las radios FM y un desafío vocal que millones intentaron —y fracasaron con honores— emular en la famosa nota culminante de Houston. Sin embargo, lo que pocos conocen es que ese monumento pop no nació como una declaración de amor apasionado, ni Houston fue su primera intérprete, ni siquiera sus versos fueron concebidos en esa década. Cada palabra había sido escrita casi veinte años antes por Dolly Parton, la venerada “Reina del Country” que falleció este martes a los 80 años, y cuya negativa a ceder sus derechos a Elvis Presley cambió para siempre el destino de la canción, permitiendo que, años después, estallara en todo su esplendor en la garganta de “La Voz”. Una historia que, literalmente, merece ser amada por siempre.
Aunque la música de la querida artista oriunda de Tennessee nunca logró en Argentina la repercusión masiva que alcanzó en los países anglosajones —en parte porque el country tradicional estadounidense siempre ocupó un lugar más bien marginal en América Latina—, Dolly Parton supo traspasar fronteras de maneras insospechadas. Lo hizo a través de su presencia arrolladora e inconfundible, su ingenio afilado, una simpatía desbordante y, con el correr de los años, mediante una labor filantrópica extraordinaria: concibió un programa de donación de libros inspirado en su padre, un hombre que nunca aprendió a leer ni a escribir, y llegó a desembolsar un millón de dólares para financiar la investigación que contribuyó al desarrollo de la vacuna de Moderna contra el covid-19. Pero si hubo una pieza de su repertorio musical que realmente desconoció cualquier límite geográfico, esa fue, sin discusión, “I Will Always Love You”: primero desde las raíces del country y, casi dos décadas después, metamorfoseada en la voz de Houston en un vendaval capaz de arrasar en todos los rincones del planeta.
El verdadero origen de esa composición, sin embargo, dista mucho de la narrativa romántica que la consagró. En 1967, el músico country Porter Wagoner invitó a Dolly Parton a formar parte de su exitoso programa televisivo, The Porter Wagoner Show. Juntos construyeron uno de los dúos más entrañables del género, grabaron numerosos discos y cosecharon éxitos en las listas estadounidenses. Pero para 1973, algo se había quebrado. Parton sentía que había llegado el momento de emprender definitivamente una carrera solista, mientras Wagoner se resistía a dejarla ir. La relación profesional se había vuelto cada vez más tensa, y las conversaciones sobre su salida terminaban en callejones sin salida, con reclamos millonarios de por medio. Fue entonces cuando Dolly hizo aquello que mejor sabía hacer: transformó en canción todo lo que no lograba expresar con palabras. “I Will Always Love You” nació como un mensaje de gratitud y despedida hacia Wagoner, un reconocimiento genuino por todo lo que había hecho por ella, pero también una declaración firme de que necesitaba seguir su propio camino. Por eso, los versos que décadas después millones escucharían como el adiós definitivo entre dos amantes tenían, en su génesis, a dos socios profesionales como protagonistas.
“La escribí para decir: ‘Mira, me voy, pero te quiero. Valoro todo lo que hiciste por mí y espero que entiendas lo que siento’”, recordó Parton años más tarde en su autobiografía de 1994. En una entrevista con el diario británico The Guardian, la compositora subrayó que la letra no albergaba rencor ni buscaba ajustar cuentas; al contrario, reconocía que dos personas pueden quererse profundamente y, al mismo tiempo, comprender que es momento de tomar rumbos distintos. Cuando Dolly le cantó el tema a Wagoner, la reacción fue tan conmovedora que resolvió aquello que tantas discusiones no habían podido solucionar. El músico se quebró en lágrimas y finalmente aceptó su partida, aunque puso una condición: él mismo produciría la grabación. La versión original, lanzada en 1974, alcanzó el Nº1 en las listas country, y una nueva grabación en 1982 para la película The Best Little Whorehouse in Texas repitió la hazaña. Dolly ya había comprobado dos veces que aquella canción era oro puro.
Pero la verdadera encrucijada llegó cuando Elvis Presley manifestó su deseo de interpretar “I Will Always Love You”. Para cualquier compositor, semejante oportunidad habría sido un sueño hecho realidad, y para Parton no era la excepción. Elvis era el Rey, una de las figuras más colosales de la música, y escuchar su propia creación en esa voz legendaria suponía una validación artística incalculable. Sin embargo, el coronel Tom Parker, el poderoso representante de Presley, planteó una exigencia innegociable: para que Elvis grabara el tema, Parton debería ceder la mitad de los derechos editoriales. No era una condición inusual en el imperio que Parker había tejido alrededor de su pupilo, pero para Dolly implicaba desprenderse para siempre de una porción sustancial de una obra que había parido en soledad. La propuesta llegó además en el último momento, la víspera de la sesión de grabación, según recordaría después. La decisión fue desgarradora. Parton anhelaba oír al Rey del Rock cantando su canción y lloró durante toda esa noche, pero finalmente se negó a transferir los derechos. En ese instante se reveló otra faceta suya: detrás de las pelucas, los vestidos y el humor desbordante, había una compositora y empresaria que conocía a la perfección el valor de su obra. El publishing era su patrimonio, su autonomía y su porvenir.
En una entrevista con Country Music Television (CMT), Parton confesó: “Dije: ‘Lo siento mucho’, y lloré toda la noche. Fue lo peor. Era como: ‘Dios mío, Elvis Presley’”. Incluso allegados le insistieron en que estaba demente, que cómo iba a rechazar a semejante estrella, pero algo en su interior le susurraba que no debía ceder. Presley nunca grabó la canción, y Dolly pasó años preguntándose cómo habría sonado en su garganta. Décadas después, ella misma encontró el broche perfecto para la anécdota: cuando la versión de Whitney Houston convirtió el tema en un fenómeno planetario, Parton bromeó diciendo que había ganado suficiente dinero con esa canción como para comprar Graceland, la célebre mansión de Elvis en Memphis. Pero hay un detalle más: el Rey terminó cantando el tema, aunque nunca lo registró oficialmente. Años más tarde, Priscilla Presley le contó a Dolly que, el 9 de octubre de 1973, tras firmar su divorcio, Elvis le cantó un fragmento de la canción mientras bajaban las escaleras del juzgado. Una despedida íntima y casi profética para un tema que, paradójicamente, nunca había sido escrito sobre una ruptura amorosa.
Para la banda sonora de El guardaespaldas, Whitney Houston tenía previsto interpretar otra canción, pero fue Kevin Costner, coprotagonista y productor, quien impulsó la elección de “I Will Always Love You”. El actor conocía la versión que Linda Ronstadt había grabado en 1975 y estaba convencido de que la composición encajaba a la perfección con la historia. David Foster, productor de la grabación de Houston, reveló además que el tema llegó bastante tarde en el proceso de preparación del álbum. Y entonces ocurrió la magia: una de las apuestas más audaces fue iniciar la interpretación a cappella, sin acompañamiento instrumental, con la voz de Houston completamente desnuda durante esos primeros segundos que terminarían siendo inconfundibles al primer acorde. Houston no traicionó la esencia de la canción; al contrario, la expandió. La estructura seguía siendo idéntica, pero ahora parecía capaz de hablar por cualquier persona que alguna vez hubiera tenido que soltar a alguien a quien aún amaba. Un remate perfecto para semejante producto cinematográfico.
El impacto fue arrollador. La versión de Houston, lanzada como primer sencillo de la banda sonora, se mantuvo 14 semanas consecutivas en el Nº1 del Billboard Hot 100, entonces una marca histórica, y se convirtió en uno de los grandes fenómenos discográficos de los años 90. En los Grammy, el reconocimiento fue rotundo: “I Will Always Love You” obtuvo Grabación del Año y Mejor Interpretación Vocal Pop Femenina, mientras que la banda sonora se alzó con el premio a Álbum del Año. Y quizá allí resida la mejor manera de medir el legado de Dolly Parton. Una canción que nació porque no encontraba las palabras para despedirse de un compañero de trabajo sobrevivió a décadas, géneros musicales, intérpretes y generaciones enteras. Estuvo a punto de ser grabada por Elvis Presley, encontró en Whitney Houston una segunda vida colosal y terminó siendo entonada en bodas, funerales, karaokes, películas y despedidas en todos los confines del mundo.
El eco de aquella versión también tuvo un capítulo posterior cargado de simbolismo. Parton contó en el programa Watch What Happens Live With Andy Cohen que utilizó parte de las regalías generadas por Houston para invertir en un complejo comercial ubicado en un barrio históricamente negro de Nashville. Para ella, hacerlo allí tenía un significado especial y era, además, una manera de rendir homenaje a la cantante que había llevado su composición a otra dimensión. Con su característico sentido del humor y gratitud, Dolly bautizó simbólicamente aquella inversión con una frase inolvidable: “Esta es la casa que construyó Whitney”. En definitiva, una composición sencilla que Dolly decidió no entregar cuando tuvo que elegir entre el prestigio inmediato y conservar lo que había creado. Y al final, escribió una canción capaz de seguir perteneciendo a todo el mundo sin dejar nunca de pertenecerle a ella.
