Operario ceramista intenta suicidarse tras brutal despido en fábrica de titular de la UIA

Operario ceramista intenta suicidarse tras brutal despido en fábrica de titular de la UIA

El trabajador, de 41 años, se cortó el antebrazo con un fragmento de cerámica luego de que el jefe de Recursos Humanos lo despidiera en medio de una reunión, en un clima de hostigamiento laboral que ya había dejado un muerto en la misma planta un año atrás. El episodio reabre el debate sobre las condiciones laborales en el polo fabril salteño.

En un nuevo episodio que conmueve al ámbito fabril argentino, un operario de la empresa Cerámica Alberdi, ubicada en el parque industrial de la provincia de Salta, intentó quitarse la vida el pasado jueves tras una tensa reunión con sus superiores. El trabajador, identificado por el gremio como Juan D., de 41 años, se infirió una profunda herida en el antebrazo con un azulejo, aunque sus compañeros lograron intervenir a tiempo para evitar una tragedia mayor. Actualmente, el empleado se encuentra fuera de peligro físico, aunque su estado anímico es considerado crítico.

El hecho ocurrió alrededor de las quince horas, cuando el obrero, quien se encontraba en proceso de rehabilitación tras una operación en una rodilla, fue citado por el encargado de Recursos Humanos, Rubén Rogonsa. Según relataron fuentes sindicales, el hombre venía arrastrando fuertes dolores y había presentado los certificados médicos correspondientes para justificar su ausencia. Sin embargo, desde la empresa habrían intensificado las presiones para que retornara a sus tareas habituales, a pesar de que su propio médico le había recomendado labores livianas.

El secretario gremial de la filial salteña del sindicato de ceramistas (Focra), William Sebastián Pineda, narró en detalle lo ocurrido dentro de la oficina. Según su versión, el directivo le habría comunicado al operario que la compañía ya no deseaba contar con sus servicios, y le ofreció una indemnización fraccionada en doce cuotas, bajo la advertencia de que, aunque no aceptara, igualmente sería despedido. “La empresa está harta de vos, ya no servís así que estás despedido”, habrían sido las palabras del jefe de personal, según el testimonio gremial. Tras un breve intercambio de reproches, Juan salió del despacho, rompió un cerámico y se causó la lesión que requirió diez puntos de sutura.

Este dramático suceso no es un hecho aislado en la fábrica propiedad de Martín Rappallini, actual presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA). En abril del año pasado, la planta ya fue escenario de una tragedia cuando un empleado de mantenimiento, de origen brasileño, falleció triturado por una máquina moledora. Lo más indignante, según denunciaron los trabajadores, fue que los directivos, entre ellos el mismo jefe de RRHH, ordenaron continuar con la producción mientras el cuerpo de la víctima permanecía atrapado en el mecanismo. Recién tras un paro gremial se detuvieron las tareas.

Pineda aseguró que, pese a una breve tregua en las relaciones laborales tras aquel fatal accidente, el clima volvió a enrarecerce a los pocos meses. El maltrato cotidiano se habría intensificado con descuentos salariales injustificados: al operario que intentó quitarse la vida le retuvieron cerca de trescientos mil pesos y le anularon el premio por presentismo durante su licencia médica. “La presión es constante y la indiferencia empresarial es absoluta”, lamentó el representante sindical.

Tras el intento de suicidio, los compañeros del operario lo auxiliaron y lo trasladaron a un centro asistencial, donde fue intervenido quirúrgicamente. Este viernes se recuperaba en su hogar, junto a su esposa y sus dos hijos, aunque los allegados reconocen que su salud mental se encuentra profundamente quebrantada. Mientras tanto, el gremio se presentó ante la comisaría local para radicar una denuncia formal por hostigamiento laboral y amenazas. Sin embargo, en una sorpresiva maniobra, los directivos de la empresa ya se habían adelantado y presentado una denuncia penal en contra del trabajador por supuestas intimidaciones, en lo que los operarios interpretan como un intento de criminalizar a la víctima.

En la planta de Cerámica Alberdi trabajan actualmente 187 personas, distribuidas en cuatro turnos rotativos más un turno fijo. Desde el fatídico suceso del año pasado, la firma de Rappallini también había sido objeto de críticas por incumplir con el pago del medio aguinaldo en julio, lo que sumó mayor malestar entre los empleados. Este nuevo incidente vuelve a poner bajo la lupa las prácticas de gestión de una de las figuras más influyentes del sector industrial argentino, y enciende las alarmas sobre la urgencia de garantizar entornos laborales dignos y libres de violencia psicológica.

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