En una entrevista con GB News, el mandatario estadounidense vinculó la soberanía de las islas con la negativa del gobierno laborista a respaldar sus operaciones contra Irán. Horas antes, ya había advertido que «revisa todas las posturas», mientras la Casa Rosada anticipa un anuncio presidencial de Javier Milei sobre la cuestión Malvinas.
En una nueva muestra de su estilo directo y condicionante, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eludió una vez más comprometerse con la defensa de la soberanía británica sobre las islas Malvinas y, lejos de ofrecer garantías, vinculó cualquier eventual respaldo a la reciprocidad que el Reino Unido demuestre en el conflicto que Washington mantiene con Irán en Medio Oriente.
La declaración tuvo lugar durante una entrevista concedida al canal británico GB News, en la que la periodista aludió a la cadena nacional que el presidente argentino, Javier Milei, tiene previsto emitir esta misma jornada en relación con el archipiélago austral. Fue entonces cuando el entrevistador indagó sobre la eventual posición de la Casa Blanca si Argentina intentara recuperar por la fuerza el territorio que Londres administra desde 1833.
Trump, en su respuesta, evadió cualquier afirmación categórica. Recordó haber seguido de cerca el conflicto bélico de 1982 —al que denominó como «la primera guerra»— y elogió el desempeño militar de las fuerzas británicas, aunque matizó que aquel episodio pertenece a un pasado remoto. “Fue hace mucho tiempo. Actuaron muy bien y las recuperaron con bastante contundencia, pero eso quedó muy atrás. Es un largo trecho”, sostuvo el mandatario, en un tono que dejó entrever distancia respecto a aquel histórico alineamiento.
Acto seguido, el gobernante republicano trasladó el eje de la conversación a la geopolítica actual y lanzó un reproche directo al gobierno laborista de Keir Starmer, y también al de Andy Burnham, por la decisión de no brindar apoyo militar a Estados Unidos en sus operaciones contra Irán en el estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica para el suministro energético mundial. “De allí obtienen gran parte de su petróleo y no estuvieron para ayudarme”, enfatizó Trump, en una clara vinculación entre la falta de colaboración británica y la eventual ausencia de solidaridad estadounidense en el litigio por las Malvinas.
Este nuevo pronunciamiento no hizo más que profundizar la ambigüedad que el propio Trump ya había sembrado apenas dos días antes, durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca. Allí, ante una consulta similar sobre la posibilidad de retirar el respaldo histórico a la administración británica en el Atlántico Sur, el presidente respondió con una frase que encendió todas las alarmas diplomáticas: “Siempre reviso todas las posiciones. Esa es apenas una entre muchas”. Con esa declaración, el mandatario dejó abierta la puerta a un giro en la política exterior estadounidense que, hasta ahora, se había caracterizado por una neutralidad formal pero con un claro sesgo favorable a Londres en los hechos.
Cabe recordar que, en términos oficiales, el Departamento de Estado sostiene una posición de no reconocimiento explícito de ninguna de las dos soberanías en disputa. Según la versión transmitida recientemente por un portavoz de esa cartera, Washington “reconoce la administración de facto del Reino Unido sobre las islas, pero no adopta postura alguna respecto a los reclamos de soberanía contrapuestos”. No obstante, en la práctica, esa neutralidad nunca se tradujo en acciones que cuestionaran el statu quo, y Estados Unidos brindó respaldo político y logístico a Londres durante la guerra de 1982, lo que evidencia una cercanía histórica que ahora Trump parece poner en entredicho.
El trasfondo de estas manifestaciones se inscribe en un contexto de creciente presión de la administración republicana sobre sus aliados europeos para que incrementen su gasto en defensa. Según reveló el diario londinense The Telegraph, el Pentágono elabora una lista de medidas coercitivas para exigir a los miembros de la OTAN que alcancen el compromiso del 5% del PBI en inversión militar, y el caso de Malvinas podría ser utilizado como moneda de cambio en esa negociación.
Mientras tanto, en Buenos Aires, la expectativa crece. La Casa Rosada confirmó que el presidente Javier Milei encabezará esta noche, a las 21, una cadena nacional en la que realizará un anuncio directamente vinculado con la cuestión Malvinas. Aunque desde el Gobierno no se brindaron precisiones sobre el contenido del mensaje, las recientes señales de Trump —sumadas a la tradicional reivindicación argentina sobre el archipiélago— alimentan especulaciones sobre un posible cambio de estrategia diplomática o incluso un gesto simbólico de fuerte impacto político interno.
Lo cierto es que, por ahora, la Casa Blanca mantiene un silencio elocuente y una ambigüedad calculada que, lejos de despejar incertidumbres, abre un nuevo capítulo en la tensa relación entre Washington y Londres, y coloca a las Malvinas en el centro de un tablero geopolítico donde los intereses energéticos, militares y diplomáticos se entrelazan con una retórica presidencial que no admite respuestas sencillas. La comunidad internacional observa con atención, mientras el Reino Unido, por su parte, opta por la prudencia y evita alimentar un conflicto verbal que podría debilitar su posición en el Atlántico Sur.
