La administración de Xi Jinping convocó de urgencia a un representante de la Embajada argentina para expresar su malestar por las declaraciones del funcionario Juan Pablo Carreira, quien vinculó a China con la tragedia ocurrida en Nepal. Beijing también cuestionó la exclusión de empresas chinas de licitaciones y los acercamientos de funcionarios argentinos con Taiwán. El nuevo cortocircuito se produce en medio del alineamiento de la Casa Rosada con la política exterior de Donald Trump.
La relación entre Argentina y China atraviesa un nuevo momento de tensión diplomática a partir de una serie de cuestionamientos formulados por Beijing contra la administración de Javier Milei. El gobierno de Xi Jinping manifestó su profundo malestar por las declaraciones públicas de Juan Pablo Carreira, funcionario del área de Comunicación Digital del Gobierno y conocido en las redes sociales como Juan Doe, quien responsabilizó a la administración china por una tragedia ocurrida en Nepal.
El episodio derivó en una convocatoria urgente por parte de la Cancillería china al representante diplomático argentino en Beijing. Como el embajador Marcelo Suárez Salvia se encontraba de vacaciones, en su lugar concurrió Guillermo Alberto Simunovich, quien recibió una fuerte protesta por las expresiones del funcionario libertario y por lo que el gobierno asiático considera una creciente sucesión de gestos hostiles provenientes de la Casa Rosada.
La controversia se originó después de una serie de publicaciones realizadas por Carreira en las redes sociales. El funcionario atribuyó el desprendimiento de un glaciar en el Himalaya, que provocó una enorme cantidad de víctimas y desaparecidos, a lo que definió como fallas propias de la organización estatal de la actividad industrial. A partir de esa interpretación, lanzó una dura ofensiva contra el Partido Comunista de China y estableció una relación directa entre el sistema político y distintos desastres ocurridos a lo largo de la historia.
En una de sus publicaciones, Carreira sostuvo que “el comunismo mata” y apuntó contra el Partido Comunista chino al afirmar que, bajo una apariencia empresarial, también era responsable de muertes. El funcionario incorporó además referencias a tragedias históricas como Chernobyl, el desastre del Mar de Aral, el Gran Salto Adelante y el Holodomor, y sostuvo que se trataba de consecuencias de modelos de organización industrial vinculados al comunismo.
Las expresiones no pasaron inadvertidas para Beijing. La respuesta diplomática fue inmediata y se produjo mediante una reunión en la que las autoridades chinas hicieron saber su disconformidad con el tono utilizado por el funcionario argentino. Pero el reclamo no quedó limitado a las publicaciones realizadas en redes sociales.
Durante el encuentro con Simunovich, los funcionarios chinos también plantearon una serie de objeciones relacionadas con la política comercial y diplomática que el Gobierno argentino viene desarrollando respecto de China. Entre ellas mencionaron la exclusión de compañías de origen chino de determinadas licitaciones internacionales y lo que calificaron como un aumento de las actitudes adversas hacia Beijing.
El gobierno de Xi Jinping también volvió a poner sobre la mesa los contactos mantenidos por integrantes de la administración de Milei con representantes de Taiwán durante la gestión de Diana Mondino al frente de la Cancillería. Para China, esos acercamientos constituyen una cuestión especialmente sensible porque chocan con el principio de “una sola China”, política que Beijing considera central en sus relaciones diplomáticas con otros países.
La nueva disputa se suma a una advertencia pública realizada previamente por la Embajada de China en Argentina. Desde la representación diplomática habían reclamado al funcionario involucrado que modificara de inmediato su postura y abandonara las acusaciones que, según Beijing, carecen de fundamentos. También cuestionaron que una catástrofe natural fuera utilizada como argumento para desarrollar una disputa política.
Sin mencionar directamente a Carreira, la embajada china había señalado que un funcionario argentino, impulsado por “prejuicios ideológicos sesgados”, estaba difundiendo versiones destinadas a desacreditar al Partido Comunista de China y perjudicar la imagen internacional del país asiático. La representación diplomática advirtió además que este tipo de comportamientos podía generar consecuencias negativas para la relación bilateral.
La reacción de la Casa Rosada, lejos de cerrar la controversia, volvió a abrir un frente de discusión. El vocero gubernamental Adrián Ravier buscó desvincular formalmente al Ejecutivo de las expresiones realizadas por Carreira y sostuvo que el Gobierno únicamente responde por los contenidos publicados desde las cuentas oficiales de la Vocería y de la Oficina del Presidente.
“Nosotros damos respuesta en relación a nuestras cuentas oficiales, la de Vocería y la Oficina del Presidente de la República Argentina, y nada más”, afirmó Ravier al ser consultado sobre la polémica. El funcionario insistió en que ningún integrante del Gobierno había formulado una declaración oficial contra China y remarcó que la tragedia ocurrida en Nepal era precisamente eso, una tragedia, sin que la administración argentina hubiera emitido una postura negativa al respecto.
El argumento oficial buscó establecer una separación entre las opiniones personales difundidas por Carreira y la posición institucional del Gobierno. Sin embargo, el funcionario señalado por Beijing ocupa un cargo dentro de la estructura estatal y sus publicaciones fueron interpretadas por las autoridades chinas como una expresión suficientemente relevante como para motivar una protesta diplomática.
Un conflicto que excede las redes sociales
La disputa actual no puede entenderse únicamente a partir de las publicaciones de Juan Doe. Beijing considera que existe una acumulación de señales provenientes de la Argentina que revelan un cambio en la relación bilateral, particularmente en materia económica, comercial y estratégica.
Uno de los puntos que generó preocupación en China fue la exclusión de empresas de ese país de procesos de contratación y licitaciones. Entre los antecedentes que incrementaron la tensión se encuentra la incorporación de condiciones consideradas restrictivas para compañías chinas en el proceso de privatización del Belgrano Cargas.
El escenario se vuelve todavía más delicado por el contexto geopolítico en el que se producen estos episodios. La administración de Milei profundizó su alineamiento internacional con Estados Unidos y, particularmente, con las posiciones impulsadas por Donald Trump. Esa orientación comenzó a repercutir en diferentes áreas de la política exterior argentina y generó una mayor distancia respecto de Beijing.
Las autoridades chinas también observan con preocupación las presiones y cuestionamientos relacionados con la presencia de empresas tecnológicas de ese país en Argentina. En ese marco aparece el caso de Huawei y los cuestionamientos a determinados acuerdos comerciales y tecnológicos, que Beijing interpreta como parte de un patrón más amplio de restricciones hacia compañías chinas.
La cuestión de Taiwán constituye otro de los puntos de fricción. Para Beijing, cualquier contacto oficial con representantes taiwaneses puede ser interpretado como un desafío a la política de “una sola China”. Por eso, la reunión que la entonces canciller Diana Mondino mantuvo en enero de 2024 con la representante de Taiwán en Argentina, Miao-hung Hsie, había generado malestar entre ambos gobiernos.
Aunque aquella situación no derivó en una ruptura de relaciones, dejó en evidencia la sensibilidad existente alrededor del tema y las dificultades que enfrenta la diplomacia argentina para equilibrar sus vínculos con China y su acercamiento estratégico a Estados Unidos.
El conflicto llega al Congreso
La controversia también comenzó a trasladarse al ámbito parlamentario. El diputado socialista Esteban Paulón presentó un proyecto de resolución para solicitar que Carreira concurra a la Cámara de Diputados y explique públicamente los motivos de sus declaraciones.
El legislador santafesino cuestionó con dureza la actuación del funcionario y sostuvo que sus expresiones contribuyeron a generar un nuevo problema diplomático para el país. Paulón también rechazó el intento oficial de presentar a Carreira como un actor ajeno a las decisiones del Gobierno.
Según el diputado, Juan Doe no es un ciudadano anónimo que expresa una opinión personal en redes sociales, sino un funcionario nacional que ocupa una posición dentro de la estructura estatal. Por ese motivo, reclamó que el Ejecutivo brinde explicaciones sobre el episodio y sobre las consecuencias que puede tener para la relación con Beijing.
La discusión adquiere una dimensión mayor debido al peso que China tiene para la economía argentina. El gigante asiático constituye uno de los principales socios comerciales del país y mantiene vínculos relevantes en áreas estratégicas, entre ellas infraestructura, energía, comercio y financiamiento.
Por eso, cualquier deterioro significativo del vínculo bilateral puede tener consecuencias que excedan el terreno estrictamente diplomático. La disputa abierta por las declaraciones de Carreira aparece así como una nueva señal de las tensiones que genera el rumbo internacional elegido por la administración de Milei.
Mientras la Casa Rosada intenta marcar distancia entre las declaraciones de sus funcionarios digitales y la posición institucional del Estado, Beijing dejó claro que observa esas expresiones como parte de un escenario político más amplio. La protesta diplomática no estuvo dirigida únicamente contra un mensaje publicado en redes sociales, sino contra lo que China interpreta como una acumulación de decisiones y gestos adversos.
El episodio vuelve a colocar a la política exterior argentina frente a una disyuntiva compleja. El Gobierno busca profundizar su alineamiento con Washington y con la agenda internacional de Trump, pero al mismo tiempo necesita preservar los vínculos comerciales con China, un actor central para la economía argentina.
La tensión, por ahora, permanece abierta. Beijing ya expresó su malestar y reclamó cambios en la actitud oficial, mientras desde la Casa Rosada optaron por relativizar el alcance institucional de las declaraciones de Carreira. En ese cruce, la relación con el segundo socio comercial de Argentina vuelve a quedar bajo presión, en un momento en que cada señal diplomática adquiere una relevancia creciente para el futuro de los vínculos entre ambos países.
