El Gobierno británico respondió con firmeza al discurso del presidente argentino, Javier Milei, y reiteró que la soberanía de las islas no está en discusión, al tiempo que defendió el derecho de autodeterminación de sus habitantes. La réplica oficial llegó desde distintas carteras del Reino Unido, en una jornada marcada por el cruce diplomático y el respaldo de Downing Street a los proyectos de explotación de recursos en el archipiélago.
El ministro de Defensa del Reino Unido, Wes Streeting, salió al cruce este viernes de las declaraciones del presidente Javier Milei y sentenció que las Islas Malvinas “son británicas”, en una contundente respuesta que buscó desestimar el mensaje emitido por el mandatario argentino en cadena nacional. En su intervención, Streeting subrayó que el compromiso de su país con el archipiélago es “absoluto e inquebrantable”, y deslizó que los dichos del jefe de Estado argentino revelan más sobre su situación interna que sobre la realidad del territorio austral.
“Las Falklands son británicas porque los habitantes de las Falklands eligen ser británicos”, afirmó el titular de la cartera de Defensa británica a través de sus redes sociales, en una inmediata reacción al discurso de Milei, quien había asegurado que “los vientos de cambio” resultaban propicios para la reivindicación argentina sobre las islas. La postura de Streeting fue respaldada horas más tarde por el secretario de Asuntos Exteriores, Ed Miliband, quien recurrió a la misma plataforma para reiterar que la posición del Reino Unido “es inquebrantable” y que los isleños han manifestado de manera abrumadora su voluntad de permanecer bajo la corona británica.
El canciller británico enfatizó que el derecho a la autodeterminación de la población local constituye un pilar fundamental, amparado en el derecho internacional, y advirtió que el Gobierno de Su Majestad lo defenderá “con firmeza”. Estas manifestaciones se produjeron apenas unas horas después de que Milei, rodeado por su gabinete en la Casa Rosada, anunciara un paquete de medidas orientadas a reforzar la soberanía argentina sobre el archipiélago, entre las que destacó la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, el endurecimiento de sanciones a empresas extranjeras que operen sin autorización en la zona y el envío al Congreso de un proyecto de ley para proteger los recursos estratégicos nacionales.
En su alocución, el Presidente argentino había cuestionado la legitimidad del principio de autodeterminación de los kelpers, al calificarlos como “una población implantada en un territorio usurpado” desde la ocupación británica de 1833. Asimismo, reafirmó que “las Malvinas son argentinas por historia y por derecho” y sostuvo que el Estado tiene la obligación de emplear todas las herramientas diplomáticas, económicas, judiciales y legales disponibles para hacer valer sus derechos soberanos. Milei también vinculó su reclamo a un contexto internacional que, a su juicio, resulta más favorable, tras las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien no descartó revisar la tradicional postura de neutralidad de Washington en el diferendo, en un gesto que varios analistas interpretaron como un malestar por el escaso involucramiento británico en la guerra contra Irán.
Desde la residencia oficial de Downing Street, una portavoz del Gobierno británico respaldó las palabras de los ministros y añadió que el Reino Unido aspira a mantener y profundizar la relación diplomática con la Argentina, país que ya se posiciona como el tercer socio comercial más relevante de Londres en la región. La funcionaria también reiteró el apoyo británico a los proyectos de perforación en aguas cercanas al archipiélago, como el plan petrolero Sea Lion, impulsado por la compañía Rockhopper y la firma israelí Navitas, al considerar que el territorio tiene pleno derecho a desarrollar sus recursos naturales.
El anuncio de Milei, que incluyó la ampliación de partidas presupuestarias para el Ministerio de Defensa y la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, se produjo en una semana clave para la causa argentina, marcada por el respaldo explícito del mandatario estadounidense a la posibilidad de revisar la política histórica de su país en relación con las islas. No obstante, la respuesta británica fue tajante y buscó dejar en claro que la soberanía del archipiélago no admite negociación, al tiempo que puso el acento en el respeto al derecho internacional y a la voluntad de los habitantes.
La disputa por la posesión de las Malvinas, que se remonta a 1833 y fue escenario de un conflicto bélico en 1982 que dejó 649 argentinos y 255 británicos fallecidos en 74 días de combates, sigue siendo reconocida por Naciones Unidas como un diferendo pendiente de resolución diplomática. Una resolución de la Asamblea General de 1965 insta a ambas naciones a buscar una salida pacífica y a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales, un marco que tanto Londres como Buenos Aires invocan según sus intereses, aunque con posiciones radicalmente opuestas en cuanto al fondo del conflicto.
El Gobierno de Javier Milei, por su parte, defendió la legitimidad de su reclamo y aseguró que la iniciativa legislativa presentada busca establecer un marco obligatorio de protección de la infraestructura crítica, tanto en el ámbito aeroespacial como en el marítimo, y otorgar facultades al Poder Ejecutivo para responder con herramientas económicas y diplomáticas ante eventuales amenazas externas. Sin embargo, la contundente reacción del Reino Unido, con declaraciones cruzadas desde sus máximas esferas diplomáticas y militares, evidencia que el camino hacia una solución dialogada sigue siendo escarpado, y que la retórica soberanista del Presidente argentino choca de frente con una estrategia británica que apuesta por la firmeza y la continuidad de su presencia en el Atlántico Sur.
