En una entrevista radial con Eduardo Feinmann, la senadora nacional Patricia Bullrich elogió las reformas económicas de la ex primera ministra británica, diferenció su legado de la guerra en el Atlántico Sur y cruzó a la oposición por cuestionar el vínculo del oficialismo con la figura de la líder conservadora. Además, calificó al dictador Leopoldo Galtieri como «alguien que le hizo muy mal a la Argentina» y sostuvo que el colapso del régimen militar tras el conflicto «indirectamente» facilitó la llegada de la democracia.
La senadora nacional Patricia Bullrich protagonizó este miércoles un tenso y extenso intercambio radial en el programa de Eduardo Feinmann por Radio Mitre, donde salió con firmeza a respaldar las políticas económicas impulsadas por la ex primera ministra británica Margaret Thatcher y, al mismo tiempo, respondió con dureza a las críticas que sectores de la oposición dirigieron contra el Gobierno nacional por la utilización política de la causa Malvinas. La controversia se desató a raíz de una consulta del conductor, cercano al oficialismo, sobre los reparos opositores que señalaban que el presidente Javier Milei y su espacio recurrían a la temática de las islas con fines electoralistas, equiparando incluso el presunto «fanatismo» del mandatario por la dirigente conservadora inglesa con la figura del ex dictador Leopoldo Galtieri.
Ante ese escenario, la dirigente del PRO trazó una distinción categórica entre la dimensión económica de Thatcher y su accionar durante la contienda bélica. «La mirada hacia Thatcher es una mirada respecto al cambio económico que Thatcher produjo en Inglaterra, que todos los ingleses lo reconocen», argumentó Bullrich, quien describió el contexto previo a aquellas reformas como el de «una sociedad llena de paros, con problemas, con una industria acabada». En sintonía con la postura que viene sosteniendo el jefe de Estado, la legisladora insistió en que esas transformaciones convirtieron al Reino Unido en una nación moderna y en «la capital financiera del mundo», y subrayó que dicho proceso «mejoró la vida de todos los ingleses», diferenciando tajantemente ese balance de lo ocurrido durante la guerra en el Atlántico Sur.
No obstante, al profundizar en el aspecto militar, Bullrich admitió que hubo un claro aprovechamiento político por parte de la mandataria británica. «Una cosa es Thatcher economista, otra cosa es Thatcher aprovechando ese momento y poniéndose al frente de la guerra», afirmó, aunque evitó calificarla como «enemiga» y precisó que su accionar respondió a «una estrategia política» frente a la invasión iniciada por Galtieri. En ese punto, la senadora no escatimó en adjetivos contra el ex comandante del Ejército y lo tildó sin ambages de «personaje nefasto, alguien que le hizo muy mal a la Argentina, que terminó robando la esperanza de todos los argentinos». Sus declaraciones encendieron aún más el debate, ya que mientras algunos sectores rescatan el coraje de los soldados caídos, otros cuestionan la manipulación del conflicto por parte de la dictadura.
Durante la entrevista, Feinmann aportó su visión al recordar que el régimen militar de aquel entonces se encontraba ya debilitado y recurrió al enfrentamiento bélico como un recurso desesperado para prolongar su supervivencia en el poder. Bullrich coincidió plenamente con esa apreciación y evaluó las consecuencias institucionales derivadas del desenlace adverso. «Indirectamente hizo lo que necesitábamos, vino la democracia», sostuvo la legisladora, generando un impacto inmediato en la audiencia, ya que sus palabras podían leerse como una justificación funcional del desastre militar. Sin embargo, aclaró que no se trataba de un elogio al conflicto, sino de una constatación histórica: el colapso de la Junta Militar precipitó el retorno del sistema republicano.
Para cerrar su intervención, Bullrich desestimó con vehemencia las críticas vertidas por los bloques opositores y reclamó un consenso amplio y transversal en torno a la cuestión soberana de las Malvinas. A su juicio, los señalamientos de los adversarios políticos no hacen más que evidenciar una falta de argumentos sólidos para enfrentar la agenda que impulsa el Poder Ejecutivo. «Lo usan porque no tienen cómo contestar a algo que deberían sumarse. Súmense si esto es de todos», exclamó la senadora, en un claro llamado a dejar de lado las disputas partidarias y construir una posición unificada sobre el reclamo argentino. No obstante, sus propias declaraciones sobre Thatcher y Galtieri reavivaron las grietas históricas, en un tema que sigue siendo sensible para la sociedad y que ningún gobierno ha logrado canalizar sin controversias.
El episodio radial dejó en evidencia, una vez más, las contradicciones del discurso oficial respecto al conflicto de 1982: por un lado, se reivindica la soberanía argentina, pero por otro, se admiran las reformas liberales de la líder conservadora que comandó la recuperación de las islas. Mientras tanto, desde la oposición ya anticiparon que llevarán este debate al recinto parlamentario, en busca de interpelar a la senadora por sus dichos y exigir una postura más clara que no relativice el heroísmo de los combatientes ni legitimate el rol de quienes impulsaron la guerra desde el poder de facto. La controversia, lejos de apaciguarse, promete extenderse en los próximos días, en medio de un clima político ya de por sí caldeado por las tensiones económicas y las disputas por el rumbo del país.
