River Plate se impuso con autoridad ante Independiente Rivadavia y se afirma en la cima del Torneo Clausura

River Plate se impuso con autoridad ante Independiente Rivadavia y se afirma en la cima del Torneo Clausura

Con un doblete de Tomás Galván y un penal de Gonzalo Montiel, el Millonario superó 3-1 al conjunto mendocino en el Monumental. Una victoria construida desde el juego asociado, la movilidad ofensiva y la capacidad de reacción ante el descuento visitante, que puso a prueba la solidez del equipo de Leonardo Ponzio.

En una noche que combinó eficacia, paciencia y destellos de buen fútbol, River Plate consolidó su presente en el Torneo Clausura al vencer por 3-1 a Independiente Rivadavia en el estadio Monumental, en un duelo correspondiente a la octava jornada. El conjunto dirigido por Leonardo Ponzio no solo sumó tres puntos fundamentales, sino que también exhibió una versión colectiva capaz de desplegar recursos variados para desarticular a un rival que, pese a la derrota, nunca resignó su actitud competitiva.

El trámite del encuentro encontró su primer quiebre gracias a una acción de máxima responsabilidad: Gonzalo Montiel asumió la ejecución de un penal y, con precisión quirúrgica, abrió el marcador para encaminar a su equipo. Sin embargo, el verdadero sello de la velada llegó a través de la figura de Tomás Galván, quien con dos conquistas —una en cada tramo del complemento— selló su condición de artífice del triunfo y demostró que su inserción en la estructura ofensiva del Millonario no es casualidad, sino fruto de un trabajo cotidiano que el propio Ponzio ha sabido potenciar.

La propuesta local se sostuvo sobre una búsqueda incesante de espacios, apoyada en la circulación vertiginosa del balón, el respaldo constante entre líneas y la capacidad de desequilibrio individual. River no se conformó con administrar la ventaja inicial, sino que multiplicó sus aproximaciones al arco de Nicolás Bolcato, llevando a varios de sus futbolistas al último tercio de la cancha para transformar cada elaboración en una amenaza concreta. Esa intención encontró su máxima expresión en la secuencia del segundo tanto, una obra colectiva que resumió a la perfección la identidad pretendida por el cuerpo técnico.

La jugada del 2-0 nació desde el sector derecho, donde Thiago Almada, con su habitual ductilidad, tomó posesión del esférico y avanzó hacia el centro del terreno con una conducción medida pero punzante. El exjugador del Atlético de Madrid, lejos de precipitarse, orientó su avance con el propósito de atraer adversarios y generar líneas de pase para sus compañeros. Fue entonces cuando cedió el balón a Sebastián Driussi, quien, de espaldas al arco, resolvió con un recurso de alto vuelo técnico: un retorno de taco que mantuvo viva la fluidez de la maniobra.

Almada recuperó la pelota, dejó atrás a dos marcadores con un cambio de ritmo y se aproximó al área en posición franca. En ese instante, buscó el respaldo de Ángel Correa, quien actuó como pivote y le devolvió el esférico para prolongar una cadena de pases que ya acumulaba varios eslabones. Con ese apoyo, el Guayo ingresó a la zona de definición y dispuso de un ángulo propicio para rematar, aunque su disparo, tras el duodécimo toque de la acción completa, encontró la respuesta firme de Bolcato, quien logró desviar el balón. No obstante, el rebote cayó manso dentro del área y Galván, llegando desde atrás con oportunidad milimétrica, empujó la pelota al fondo de la red para establecer el 2-0 a los 54 minutos.

Esa conquista no fue un hecho aislado, sino el corolario de una mecánica ofensiva en la que cada intérprete cumplió su rol: Almada como generador y desequilibrante, Driussi como conector inteligente, Correa como sostén y Galván como el rematador oportuno. La jugada, que combinó pausa, velocidad, movimientos sin balón y recursos técnicos de alta factura, reflejó el nivel de asociación que el entrenador pretende inculcar en su plantel.

Sin embargo, el partido no estuvo exento de sobresaltos. Independiente Rivadavia, lejos de rendirse, encontró su recompensa a los 68 minutos mediante un tanto de Álex Arce, que descontó la diferencia y encendió las alarmas en el bando local. Ese gol obligó a River a redoblar su atención, especialmente ante un adversario que comenzó a inclinar el juego hacia el área propia a través de envíos laterales y centros peligrosos. El Millonario atravesó pasajes de exigencia en el juego aéreo, donde la estatura y el empuje del conjunto mendocino generaron incertidumbre, pero la zaga local supo mantener la compostura y administrar la ventaja sin que el descuento alterara el rumbo del resultado.

La respuesta de River no se hizo esperar y, cuando el partido parecía ingresar en un tramo de mayor tensión, Galván apareció nuevamente para sentenciar la historia. A los 80 minutos, una combinación entre Marcos Acuña y Lucas Beltrán dio origen a la jugada del tercer tanto. El volante tomó el balón, condujo con determinación hasta encontrar el perfil adecuado para el remate y, tras un nuevo intercambio con Beltrán, se ubicó en la medialuna del área. Desde allí, con un disparo de zurda que se ajustó al ángulo superior, firmó su doblete personal y estableció el definitivo 3-1, un gol que no solo amplió la diferencia sino que también reafirmó su protagonismo en la producción ofensiva del equipo.

Las dos conquistas de Galván tuvieron, sin embargo, matices distintos: la primera fue el fruto de una trama colectiva de doce toques, mientras que la segunda emergió de una asociación más directa con Beltrán. En ambos casos, el mediocampista demostró oportunismo, claridad mental y una eficacia que lo consolida como una pieza clave en el engranaje millonario. Al término del encuentro, el propio protagonista valoró el desempeño del conjunto y reconoció la exigencia impuesta por el rival: “Hicimos un gran partido de principio a fin, nos tocó sufrir un poco con los centros, ellos son un buen equipo. Estamos muy contentos. Me quedo con el segundo, un lindo gol. Y el primero entramos tocando, es un poco lo que pide Leo. Ponzio siempre estuvo en el día a día con nosotros, sabemos lo que significa para el club”, expresó con satisfacción.

Más allá del resultado, la actuación de River dejó sensaciones positivas en cuanto a la capacidad de adaptación ante un rival que propuso un desafío físico y táctico. La solidez defensiva, el despliegue de sus volantes y la movilidad de sus delanteros fueron argumentos suficientes para doblegar a una Independiente Rivadavia que, pese a la derrota, demostró argumentos para complicar a cualquier adversario.

El próximo compromiso del Millonario será como visitante ante Atlético Tucumán el sábado, una prueba de fuego en la que deberá sostener fuera de casa la misma identidad que desplegó en el Monumental. Por su parte, el conjunto mendocino también volverá a jugar esa jornada, cuando reciba a Aldosivi en busca de recuperar terreno. River, en tanto, se afianza en la parte alta de la tabla y ratifica que su ambición no admite pausas, con la mira puesta en mantener la regularidad que lo posicione como uno de los principales candidatos al título.

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