Malvinas, el reclamo que atraviesa grietas: veteranos cuestionan el giro soberanista de Milei entre sospechas de oportunismo electoral

Malvinas, el reclamo que atraviesa grietas: veteranos cuestionan el giro soberanista de Milei entre sospechas de oportunismo electoral

A horas del discurso presidencial que reivindicó la causa Malvinas y llamó a la unidad nacional, excombatientes, familiares de veteranos y militantes de la soberanía desconfían del repentino fervor patriótico de un gobierno que hasta hace poco evitaba el tema, mantenía un retrato de Margaret Thatcher en el despacho y no ha aplicado la ley que sanciona la exploración petrolera ilegal en aguas argentinas. Mientras el oficialismo celebra un «giro galtierista», las organizaciones advierten que la bandera de las islas no puede ser usada como un salvavidas político ni desligada de la soberanía popular.

El eco del discurso presidencial aún reverberaba en los pasillos del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata cuando Rodolfo Carrizo, su presidente, sintetizó con crudeza el malestar que recorre a quienes llevan décadas defendiendo la causa en el territorio y en la memoria: «Descreo profundamente que Milei tenga un sentimiento malvinero». La declaración, vertida a pocas horas de que el jefe de Estado convocara por cadena nacional a la unidad en torno al reclamo de soberanía en el Atlántico Sur, encendió una vez más la grieta entre la retórica oficial y las acciones concretas de una administración que, hasta hace muy poco, había mantenido un silencio elocuente sobre el archipiélago.

El escenario no es nuevo, pero adquiere contornos particulares en un contexto geopolítico renovado. Desde la resolución 2065 de la ONU, que en 1965 reconoció la existencia de una disputa de soberanía, hasta el desenlace bélico de 1982 que consolidó la presencia británica en el terreno militar, el Reino Unido no solo afianzó su dominio, sino que impulsó un modelo de autonomía financiera para los isleños sustentado en la explotación de recursos pesqueros y, más recientemente, en la extracción de hidrocarburos offshore. En ese tablero, la irrupción de la selección argentina mostrando la bandera del reclamo en el Mundial tras vencer a Inglaterra funcionó como un detonante que, según Carrizo, el gobierno supo leer con astucia: «La causa Malvinas es muy fuerte y eso se expresó después de la bandera que la selección nacional desplegó. El gobierno reflexionó mucho sobre eso y entendió que tomar la causa los posiciona mejor frente a la cuestión electoral». Para el veterano, no se trata de una convicción sino de una operación de maquillaje: «Una utilización de algo tan sensible en el sentimiento popular para levantar su desprestigio individual y el de su gobierno».

Esa percepción se repite entre los excombatientes, que trazan un hilo directo entre el famoso «trapo de Malvinas» y el viraje discursivo de Milei. Daniel Ontiveros, artista y veterano, rememora aquel episodio con una precisión que bordea la ironía: «Yo creo que ellos quedaron muy desconfigurados con la aparición del trapo en el Mundial, ese trapo que sabemos que salió de Fuerte Apache, aunque se hizo en un hotel allá en Estados Unidos». Ontiveros recuerda que en ese momento la entonces funcionaria de seguridad, Monteoliva, «había firmado claramente que iban a colaborar con las fuerzas de seguridad de Estados Unidos para impedir que entraran con cualquier consigna o con –como dijo ella– ‘el mapita’». El contraste entre aquella posición y el actual fervor soberanista es, para muchos, la prueba más evidente de un cálculo político antes que de una convicción patriótica.

Florencia Sánchez, hija del veterano Claudio Sánchez y miembro de la organización Generación Malvinas, recibió el mensaje presidencial en la sala de espera de una guardia médica, mientras temía una neumonía. El reposo que le indicaron no pudo contener la necesidad de expresar su parecer: «Al gobierno no le quedó otra que cambiar su postura porque hay una parte del pueblo argentino que resiste, que no se agacha y no deja pasar una frente a las políticas de desmalvinización». Sánchez acuña ese término para referirse a «todo aquello que atente contra la construcción colectiva del largo proceso que dieron nuestros viejos, la sociedad entera y que continuamos nosotros, los hijos, con todo lo que eso implica: el reconocimiento, el respeto por lo que nos corresponde, por nuestra soberanía y por nuestros recursos».

Las contradicciones del gobierno son, sin embargo, difíciles de ocultar. El ministro de Defensa, Luis Petri, celebró en redes sociales el discurso de Milei con una frase que parecía salida de otra época: «hoy estamos más cerca de recuperar las islas Malvinas». La declaración, que define el tono de la mayoría de los funcionarios libertarios, choca de frente con la imagen del presidente, que aún mantiene en su despacho un retrato de Margaret Thatcher, la artífice de la guerra que hundió al General Belgrano. La periodista Gabriela Pepe expuso en la plataforma X esa metamorfosis con una comparación demoledora: «Milei 2025: ‘Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros y prefieran ser argentinos’ / Milei hoy: ‘Los isleños son población implantada, no tienen derecho a la autodeterminación, cualquier referendo es inválido’». Ese giro de 180 grados, que algunos califican como «galtierista», despierta más suspicacias que adhesiones en el universo de los veteranos.

Pero el cuestionamiento no se agota en las palabras. La Ley 26.659, sancionada en 2011 y conocida como «Ley Pino Solanas», exige que cualquier empresa, argentina o extranjera, que pretenda explorar o explotar hidrocarburos en la Plataforma Continental Argentina cuente con una autorización expresa de las autoridades nacionales. Hasta el momento, la administración Milei no ha dado señales de hacer cumplir esa normativa. De hecho, avanza sin obstáculos el proyecto petrolero Sea Lion, liderado por las empresas Rockhopper (británica) y Navitas (israelí), a apenas 215 kilómetros del archipiélago. En su alocución, el presidente omitió cualquier mención explícita a esas firmas, una ausencia que los críticos interpretan como un guiño al capital extranjero. Tampoco pasó desapercibido que el anuncio por cadena nacional coincidiera con el viaje de Milei a Chile para reunirse con José Antonio Kast y reivindicar la figura de Augusto Pinochet, el dictador que brindó apoyo logístico al Reino Unido durante la guerra de 1982.

Ante ese cúmulo de señales encontradas, la pregunta que atraviesa las conversaciones de los veteranos es inevitable: ¿cómo se sostiene el reclamo soberanista con semejantes contradicciones? ¿Por qué estaríamos, como aseguró Petri, «más cerca de recuperar Malvinas»? La respuesta, para Rodolfo Carrizo, es clara y desoladora: «Creo que la gente se da cuenta de que el gobierno de Milei trata de hacer usufructo de algo ajeno a su pensamiento, estando plagado de contradicciones previas». El presidente del Cecim recuerda que la Ley Pino Solanas ya marcaba una pauta de cómo sancionar a estas empresas, «porque en aquel momento ya había una lectura de que existía un proyecto expansivo del imperio sobre la intervención de los recursos naturales estratégicos en materia de energía». Y sentencia: «El gobierno se quiere poner el saco de Malvinas y no solo que le queda grande, sino que hace un manoseo que, a quienes somos militantes sociales y populares y hemos defendido la causa durante tantos años, nos resulta totalmente increíble».

Daniel Ontiveros, por su parte, atribuye el viraje a la astucia de un funcionario en particular: «Evidentemente, Santi Caputo es uno de los pocos cerebros que tienen, porque son bastante descerebrados, y se dio cuenta de que tenían que girar en el aire porque el tema de la soberanía va a ser, sin duda, un tema de la campaña presidencial, y ellos ya arrancaron con eso». Aunque reconoce la jugada como hábil, Ontiveros augura su fracaso: «No va a tener asidero, no va a cuajar, primero porque es falsa, y segundo porque no tienen manera de sostenerla frente al descalabro económico y al desastre social que esto está causando».

El trasfondo geopolítico, sin embargo, no puede obviarse. Horas antes del discurso de Milei, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una inusual crítica al Reino Unido por no haberlo apoyado en su conflicto con Irán, y recordó que los británicos obtienen «un gran porcentaje de su petróleo del estrecho de Ormuz». Aunque esa declaración no implica un cambio en la posición estadounidense sobre las islas, su temporalidad subraya la creciente relevancia del Atlántico Sur en el tablero energético mundial. Para Carrizo, esa coyuntura no es casual: «En el proyecto de Milei hay una enajenación del territorio y un plan claro de desterritorializar la Argentina para que, justamente en la Patagonia, se den las condiciones para el asentamiento de bases que le permitan al imperio –fundamentalmente a Estados Unidos– consolidar su poder. Esto ocurre en un momento donde les es imprescindible apoderarse del petróleo de América Latina, entendiendo que la situación en Medio Oriente no está pasando por su mejor momento y no tiene, en principio, resolución a corto plazo».

La dimensión de la soberanía, insisten los veteranos, no puede reducirse a la disputa territorial. Ontiveros lo explica con contundencia: «La soberanía no es solo el dominio de lo territorial; también es el dominio del pueblo sobre sí mismo, porque de eso deriva el nombre supranus: quien está sobre nosotros. Y la soberanía del pueblo está siendo lesionada todos los días por este gobierno; entonces, la soberanía territorial no existe sin la soberanía del pueblo». Y agrega una advertencia sobre el futuro: «Malvinas sigue siendo hoy un enclave colonial, ahora con una base militar poderosísima, y además es una punta de lanza sobre la Antártida, que es un continente que en un futuro no muy lejano va a tener una importancia vital. Por eso la importancia de seguir diciendo –no como dice el presidente, sino de manera genuina– y seguir apelando a que las Malvinas son argentinas, porque eso golpea profundamente en el corazón del pueblo argentino, en el sentido de sentir que una parte de sí está siendo lesionada: está siendo lesionada en las islas y está siendo lesionada en el continente».

Hugo Robert, otro excombatiente, coloca la soberanía en el centro del debate jurídico y político: «La soberanía, como bien lo definió la justicia, es un bien jurídico que es de todos los argentinos, y Milei, hasta el día de hoy, ha demostrado en estos dos años y medio que es absolutamente contrario a esos principios soberanistas. Me parece un discurso completamente impostor». Para Robert, Malvinas no es solo la historia de la guerra, sino también el mapa del futuro: «Las etapas son: pesca, petróleo, minerales en las plataformas (es decir, la megaminería extractiva de los lechos oceánicos) y, de última, la Antártida. Son las cuatro etapas: pesca, petróleo, extracción de minerales de la plataforma y Antártida».

Florencia Sánchez, ya fuera de la guardia médica y con un diagnóstico de bronquitis, repasa las repercusiones del discurso mientras recuerda los rituales escolares del 2 de abril, cuando sus maestras le pedían que llevara los objetos que su padre había rescatado de los 74 días en las islas. «Resulta increíble y contradictorio cómo personas que apoyan a este gobierno y a estas políticas también reclaman por ‘Malvinas Argentinas’, pero reconocemos que es una causa que nos une», reflexiona. Y cierra con un mensaje que resume el sentir de su generación: «Nosotros, los hijos, decimos que la lucha continúa porque se hizo mucho, pero queda mucho más por hacer. Es el legado de nuestros viejos: de los que no volvieron y de los que tenemos la suerte de tener aún con vida. Aun con muchísimas menos herramientas y recursos, los muchachos hicieron y hacen muchísimo; nosotros seguiremos por ahí».

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