La educación pública argentina en caída libre: resultados alarmantes en las Pruebas PISA 2026

La educación pública argentina en caída libre: resultados alarmantes en las Pruebas PISA 2026

El desempeño de los estudiantes argentinos de 15 años muestra un retroceso histórico que enciende todas las alarmas y expone una crisis profunda y multicausal en el sistema educativo nacional.

Desde el inicio de la actual gestión gubernamental, la Argentina parece sumida en una espiral de riesgos, frustraciones y emergencias de diversa índole. La educación pública, pilar fundamental en la construcción de la identidad nacional durante los últimos dos siglos, no ha quedado al margen de esta tendencia. Hoy enfrenta evidencias desoladoras que resultan inadmisibles y que no deberían ser consideradas simples excepciones a la regla.

Los resultados de las Pruebas PISA 2025, dados a conocer recientemente, confirman un panorama desalentador. Casi ocho de cada diez alumnos argentinos no logran alcanzar el nivel básico en Matemáticas, mientras que seis de cada diez fracasan en Lectura y en Ciencias. Estas cifras, vergonzosas si se las compara con los guarismos obtenidos por sistemas educativos de casi todo el orbe, reflejan un deterioro impresionante que no requería de una evaluación internacional para ser advertido, pero que ahora queda expuesto con crudeza.

El declive educativo nacional ha vuelto a encender las alertas en un país que, hasta no hace mucho, era reconocido como avanzado y ejemplar en materia de enseñanza pública, un auténtico orgullo nacional. Si bien el retroceso generalizado en todos los aspectos de la vida argentina es evidente, el ámbito educacional recibe ahora lo que bien puede describirse como un baldazo de agua helada. Los magros resultados de los exámenes estandarizados aplicados a estudiantes de 15 años en 91 sistemas educativos del mundo en 2025 así lo confirman.

La Argentina retrocedió hasta la octava posición en América Latina, posicionándose entre los países que más involucionaron. Las causas de este derrumbe combinan múltiples factores: problemas de atención, secuelas de la pandemia, dificultades en la formación docente y una marcada falta de continuidad en las políticas educativas. La caída en Lectura resulta especialmente notoria respecto de 2022, cuando muchos países de Europa y Latinoamérica registraron un deterioro, mientras que la Argentina se había mantenido estable a pesar de haber atravesado la emergencia sanitaria.

En el mundo se responsabiliza a las pantallas por la dispersión de los estudiantes, y el informe muestra que la Argentina es uno de los países con mayor distracción, tanto digital como de todo orden áulico. Solamente Uruguay presenta un porcentaje superior, siendo además la nación con mayor desorden en las aulas. El tercero a nivel mundial es Paraguay, con un 48 por ciento. En la tabla figuran también, entre los primeros diez de mayor ruido y desorden escolar, Brasil con un 44 por ciento y Chile con un 43 por ciento.

Sin embargo, esta explicación constituye sólo una parte de la verdad. Hace años que quienes trabajan por la lectura abogan por más tiempo para practicarla en las aulas. La mitad de las dificultades para comprender lo que se lee tienen que ver con la posibilidad de mantener la atención. Pero lo que ocurrió en la Argentina entre 2022 y 2025 tiene un responsable claro: el gobierno de Milei. Los docentes atraviesan la más grave crisis de salarios desde 2001, yendo de una escuela a otra o ejerciendo alguna otra tarea para poder sobrevivir, lo que reduce claramente su tiempo para leer y encontrar las lecturas adecuadas para compartir con cada grupo.

Las familias viven la misma situación económica desesperante. En cada hogar hay alguien que ha perdido su trabajo, como hay sueldos que ya no alcanzan para cubrir lo básico. Los propios datos de contexto que acompañan el informe dan cuenta de que un tercio de los jóvenes, en lugar de concentrarse en sus estudios, ha tenido que salir a realizar tareas remuneradas para ayudar al presupuesto familiar.

Para colmo, el Estado dejó de comprar colecciones para las escuelas y sólo envía, bastante entrado el año, los llamados libros escolares. Esto es grave porque desde 2022 no se renuevan los acervos literarios de las bibliotecas de las instituciones educativas. Y por si fuera poco, desde diciembre de 2023 está discontinuado el Plan Nacional de Lectura, sustituido por un Plan de Alfabetización cuyo diseño se deja a cada provincia y que no cumple la misma función.

Asimismo, los puntajes obtenidos por los estudiantes que respondieron en 2025 de ninguna manera pueden atribuirse a los años de kirchnerismo, ya que los desempeños dejan incluso a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, siempre gobernada por el macrismo, muy lejos de su mejor marca histórica. Al comparar con los resultados de PISA 2015, se observa claramente que la caída fue de 43 puntos en Lectura, 38 en Matemática y 25 en Ciencias.

El panorama es desolador y las consecuencias de esta crisis educativa repercutirán durante décadas. La educación pública argentina, otrora faro de la región, hoy se apaga lentamente mientras las autoridades parecen observar el naufragio con indiferencia.

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