El titular de Economía defendió el rumbo del ajuste, confirmó que el Presupuesto 2027 mantendrá el superávit financiero y anticipó un saldo comercial favorable de 27.000 millones de dólares para el próximo año, aunque debió reclamar el reconocimiento del auditorio antes de recibirlo.
En un episodio que mezcló euforia oficial con incomodidad escénica, el ministro de Economía, Luis Caputo, intentó conmemorar los resultados fiscales alcanzados por la actual administración y terminó protagonizando un instante por demás singular. Tras resaltar los logros económicos del Gobierno, el funcionario reclamó abiertamente que el público presente le brindara un aplauso, gesto que llegó recién después de su insistencia. La escena, lejos de pasar desapercibida, dejó al descubierto el costado más político de su alocución.
Durante su exposición, el responsable de la cartera económica no se limitó a repasar los números del superávit. También defendió con firmeza la continuidad del programa de ajuste y instó a evitar modificaciones en la dirección trazada, en un contexto donde diversas voces reclaman medidas para recomponer los ingresos de la población. Para Caputo, la prioridad pasa por sostener la disciplina fiscal y resistir lo que describió como las ansiedades políticas del momento, una expresión que resume su postura frente a los pedidos de cambios en la política económica.
El ministro confirmó además que el Gobierno presentará el Presupuesto 2027 con superávit financiero, lo que representaría el cuarto año consecutivo con las cuentas públicas en terreno positivo. Según su visión, ese resultado no es un dato menor, sino la piedra angular sobre la que se apoya la estabilidad macroeconómica del país. En ese sentido, remarcó que el modelo adoptado impulsa las exportaciones y estimó que el superávit comercial alcanzará los 27.000 millones de dólares en 2026.
Caputo atribuyó buena parte de ese desempeño a los ingresos provenientes del sector agropecuario, la energía, el petróleo y la minería, actividades que, según planteó, contribuyen a sostener la estabilidad cambiaria. Su mensaje combinó así la defensa cerrada del rumbo económico con una advertencia implícita: cualquier desvío respecto de la actual estrategia podría poner en riesgo los avances obtenidos. El aplauso tardío, sin embargo, quedó como el símbolo involuntario de una jornada donde el reconocimiento debió ser solicitado antes de ser concedido.
