Un informe encargado por la Unión Industrial Argentina a la consultora W desnuda un amplio consenso social a favor de una industria fuerte y de un Estado presente, en contradicción con el discurso del Gobierno libertario que descalifica a los empresarios fabriles y minimiza el rol del sector.
En un contexto de creciente tensión entre el Gobierno de Javier Milei y el entramado productivo nacional, la Unión Industrial Argentina (UIA) decidió poner el foco en la percepción social. Para ello, encargó a la consultora W, dirigida por Guillermo Oliveto, un exhaustivo trabajo titulado “Diagnóstico estratégico. Identidad e Industria Argentina en el nuevo contexto socioeconómico”. El documento, de 122 páginas y basado en grupos focales segmentados por clase social y franjas etarias, arroja conclusiones que sepultan el intento oficial de instalar la idea de que la producción nacional es poco competitiva, prebendaria o prescindible.
Lejos de acompañar ese relato, la gran mayoría de los consultados se pronuncia a favor de una industria amplia, diversificada y con un Estado que se ocupe de todos los sectores, y no solamente de aquellos considerados competitivos. El dato más llamativo, y que rompe con la teoría oficial, es que casi la totalidad de los votantes de La Libertad Avanza cree que el futuro del país debe ser “con industria”. La encuesta de opinión pública, por lo tanto, entierra la intención gubernamental de desterrar la producción fabril del imaginario colectivo.
El informe describe un sector que “está estancado, golpeado”, con “menos consumo” y “baja inversión”. Cerca del sesenta por ciento de los consultados sostiene que, con Milei en el poder, a la industria le va “peor o mucho peor” que antes. La consulta indaga también sobre cuánto influye el modelo de un Gobierno en el devenir del sector. Esa pregunta conecta directamente con la postura libertaria de que el Estado no está obligado a diseñar una política industrial. Sin embargo, más del cuarenta por ciento considera que lo que haga el Estado afecta “mucho”, y un tercio adicional opta por “bastante”. El dato más relevante es que entre los votantes de Milei ese porcentaje trepa al 74,2 por ciento. Es decir, quienes lo votaron quieren que su Gobierno se ocupe de la industria. En el conjunto de los consultados, ante la pregunta sobre si el Estado argentino debe impulsar la industria nacional, más del noventa por ciento responde afirmativamente.
El peso de los precios altos y la crisis laboral
Uno de los grupos focales del estudio de W recoge una frase textual que ilustra el malestar de los consumidores. “Ahora se dan cuenta que han venido remarcando muchísimo. Ahora que abrieron la importación se dan cuenta que tienen que bajar los precios. ¿Por qué no los bajaron antes? Los bajan ahora porque los aprietan. Pero antes, ¿cuánto han ganado?”, dice un encuestado. La premisa es interesante porque muestra que la gente respalda a la industria, pero le reprocha que en algunos bienes estratégicos los precios locales sean elevados. Vale aclarar que en ninguna parte del trabajo se especifica una voluntad popular de reemplazar la producción nacional por importada con el fin último de bajar los precios, a diferencia de lo que sostiene el discurso oficial.
En otro tramo del informe se grafica que la situación laboral en el sector es compleja y “cada vez más crítica”. Se identifican empresas con deudas impagables, fábricas que cierran, recortes de todo tipo —horas, personal, insumos— y reconversiones que llevan a trabajar para grandes marcas a hacerlo para firmas truchas. El contexto, argumentan, es cada vez más preocupante. Los números no cierran, crecen las importaciones, cae el consumo, bajan los pedidos y se hace cualquier cosa para sobrevivir. En una de las textuales de trabajadores fabriles, una persona admite que “el ambiente está muy caldeado, la gente está muy enojada”. Y añade: “Yo manejaba cinco máquinas, ahora manejo solo una. Se dificulta cobrar, no se sabe lo que va a pasar, esta es la realidad”.
El mito de los empresarios prebendarios
Milei ha intentado construir la idea de que los empresarios argentinos son prebendarios, poco competitivos y reacios a adaptarse a los cambios de modelo económico. Eso no se ve reflejado en las cifras del trabajo de Oliveto. Cuando se pregunta qué se piensa al escuchar la palabra “industria”, la mayoría la asocia con “trabajo y empleo”, y en segundo lugar con “desarrollo”. Muy lejos, apenas un 2,8 por ciento menciona que los empresarios fabriles son “prebendarios, corruptos y atrasados”.
La consultora indagó además si Argentina es un país con industria importante. Casi el ochenta por ciento dice que sí. Entre los votantes de Milei, el 74 por ciento asegura que sí, y entre los de Massa, el 83 por ciento. Esto da la idea de un consenso general alto sobre la necesidad de tener industria. Hacia el futuro, la pregunta sobre si el país “debe ser un país con industria” obtiene un respaldo abrumador: el 95 por ciento de los consultados dice que sí. Y aquí aparece el dato que rompe toda la teoría oficial: entre los votantes de Milei, el 96,4 por ciento dice que sí, es decir, un país con industria es percibido por los libertarios con mayor positividad que la media. En el caso de los votantes de Sergio Massa, un 98,2 por ciento lo considera positivo.
En la misma línea, el informe consulta sobre la percepción del nivel actual de la industria argentina. Entre los votantes del partido libertario, el 57,9 por ciento entiende que es un nivel bueno, mientras que el 65,6 por ciento de los votantes del peronismo en el ballotage de 2023 asegura que el nivel de la industria hoy es importante. El trabajo, en definitiva, muestra que la sociedad argentina, más allá de sus preferencias electorales, valora la producción nacional y reclama un Estado que la acompañe, en abierta contradicción con el relato que pregona el Gobierno libertario.
