Condena histórica en Suecia: el “psicópata digital” que ordenaba asesinatos, suicidios y violaciones sin moverse de su habitación

Condena histórica en Suecia: el “psicópata digital” que ordenaba asesinatos, suicidios y violaciones sin moverse de su habitación

Un tribunal de Umeå sentenció a diez años y medio de prisión a un joven que, oculto tras un alias, manipuló y destruyó la vida de menores en varios países a través de redes como Discord, Telegram y Roblox. La justicia sueca reconoció por primera vez que la violencia extrema puede ejercerse íntegramente desde el ciberespacio.

La justicia sueca acaba de escribir un capítulo inédito en la historia penal del país. Un muchacho de dieciocho años, conocido en el mundo digital como Chai, fue condenado a diez años y seis meses de reclusión por una serie de delitos atroces que incluyen extorsión virtual, instigación al suicidio, intentos de homicidio y violaciones. La particularidad del fallo radica en que el sentenciado jamás estuvo físicamente presente en ninguna de las escenas del crimen. Todo lo ejecutó a través de una pantalla.

Los hechos, ocurridos entre enero de 2023 y febrero de 2025, fueron perpetrados cuando el acusado tenía entre quince y diecisiete años. Así lo informó el Tribunal de Distrito de Umeå, que además precisó que los peritajes psiquiátricos determinaron que Chai era imputable, al no padecer un trastorno mental severo. Los especialistas lo describieron como un psicópata digital consumado.

Uno de los episodios más escalofriantes que se le atribuyen tuvo como víctima a un niño de trece años residente en una localidad del norte de Suecia. El menor fue captado mediante la promesa de entablar nuevas amistades en un chat. Terminó sometido a tres horas y media de autotortura transmitida en vivo por Discord para el regocijo de una audiencia. Obligado a cortarse brazos y piernas bajo la amenaza de que se difundirían imágenes suyas, probablemente material íntimo obtenido con anterioridad, el chico fue finalmente instado a quitarse la vida. El resultado: un diagnóstico de estrés postraumático y la imposibilidad de regresar a la escuela.

En otro suceso, Chai actuó en connivencia con un adolescente identificado como Slain764, a quien indujo a atacar con un cuchillo a transeúntes elegidos al azar en las calles de Estocolmo. Las agresiones eran filmadas y compartidas en los foros de la organización 764 como si se tratara de contenido. El desafío no consistía únicamente en cometer el acto, sino en documentarlo y subirlo a la red para obtener prestigio. Por dos de estos episodios, uno contra un hombre mayor apuñalado gravemente y otro contra una mujer de cincuenta años, el tribunal condenó a Chai por complicidad en tentativa de homicidio y agresión agravada, pese a que nunca empuñó el arma.

Dado que el ciberespacio no reconoce fronteras, los delitos se diseminaron por diversos países. Chai también fue sentenciado por dos intentos de asesinato contra una persona que residía en Alemania. El modus operandi fue idéntico: mediante una escalada de sextorsión, manipuló a la víctima con amenazas de divulgar material comprometedor para que intentara quitarse la vida o se autolesionara de manera potencialmente letal. Para la justicia sueca, esto se tipifica como tentativa de homicidio, pues se induce a la víctima a un acto que pone en riesgo su existencia.

En Australia, Chai consiguió que una muchacha se autolesionara e incluso intentara suicidarse. Además, fue condenado por una serie de delitos sexuales y violentos contra ella, entre los que se cuentan algunos de los seis cargos de violación del veredicto general. En todos estos actos, el victimario participó únicamente a distancia. La legislación sueca considera violación cuando alguien, mediante amenaza o coacción, obliga a la víctima a realizar sobre sí misma actos sexuales equiparables a una relación forzada, como penetrarse con objetos o dedos frente a una cámara bajo intimidación. Ese material suele emplearse después para extorsionar aún más a la persona.

El Tribunal de Distrito de Umeå informó que la condena se enmarca en el extremismo violento de la organización en internet denominada The Com, que opera en los grupos 764 y No Lives Matter, donde las personas vulnerables son perseguidas y explotadas de manera metódica y sistemática. Jenny Östling, fiscal principal de la unidad nacional sueca contra el crimen internacional, afirmó que el tribunal comprendió el fenómeno del extremismo violento nihilista y la Com, un término que abarca una red en línea poco cohesionada dedicada a la ciberdelincuencia, la extorsión y la violencia.

764 es una red transnacional y descentralizada de carácter neonazi-satánico y nihilista, fundada en 2021 en Estados Unidos por Bradley Cadenhead, entonces un adolescente de dieciséis años de Stephenville. Forma parte de un ecosistema más amplio conocido como The Com (The Community), que actúa en redes sociales de escaso control como Discord y Telegram, captando víctimas en plataformas frecuentadas por menores: Roblox, Minecraft, Reddit e Instagram. Se inspira estéticamente, antes que ideológicamente, en la Order of Nine Angles (O9A), un grupo neonazi-satanista de extrema derecha que mezcla ocultismo con aceleracionismo tecnológico. El FBI lo considera una amenaza terrorista de nivel 1, con más de doscientos cincuenta casos abiertos en oficinas de todo el país. La motivación central no es ideológica ni política: es la búsqueda de estatus dentro de la red. La violencia no tiene otro propósito que infligir sufrimiento y ganar prestigio entre pares.

No Lives Matter (NLM) es una escisión de 764 que glorifica la violencia nihilista de forma más explícita: incita a ataques con cuchillo, apuñalamientos y otros actos violentos filmados y difundidos como propaganda para inspirar nuevas agresiones. En Suecia, la célula local de NLM/764 era conocida como Mordwaffen, liderada por el joven identificado como Slain764, quien concretó los apuñalamientos.

El accionar de estas organizaciones sigue un patrón sistemático. Primero seleccionan víctimas vulnerables buscándolas en redes y foros donde las identifican por dar señales de inestabilidad psicológica, soledad, conflictos familiares, orientación sexual no heteronormativa y expresiones de depresión o tendencias suicidas. Después aplican una estrategia llamada love bombing: generan un vínculo de confianza y afecto simulado, haciéndoles sentir escuchados y especiales. Gradualmente van aislando a la víctima de su entorno familiar y social, y comienzan a degradarla psicológicamente, generando dependencia.

El paso siguiente es pedirles fotos y videos íntimos, a manera de seducción. Una vez que tienen el material, comienza la sextorsión: amenazan con difundir ese contenido entre el grupo familiar y social de la víctima. Para que ello no suceda, la persona debe empezar a cumplir órdenes perversas y criminales como autolesionarse. Esto puede implicar que el sometido se talle en la piel con un puñal el nickname de su extorsionador. También los obligan a cometer actos de crueldad animal, uno de los delitos por los que fue condenado Chai. Y los mandan a atacar a terceros elegidos al azar. También intentan la producción de material de abuso sexual de niños y adolescentes. El caso extremo implica lograr que la víctima se suicide en cámara. Todo el material producido debe ser filmado para su circulación digital: se comparte en los chats cerrados del grupo como prueba, algo que funciona como moneda de estatus interno: cuanto más grave el acto, más jerarquía se gana en la red. Así funciona un mecanismo de coerción en cadena: cada víctima extorsionada puede, a su vez, ser presionada para convertirse en agresor de otro chico más vulnerable, lo que hace que la red se replique como una pirámide de abuso.

Juan Di Paolo Morcos, analista de tecnología, explicó que casos como este de violencia digital muestran cómo la producción y reproducción de la violencia ya no puede estar sujeta a las instituciones que concebíamos para estabilizar los conflictos violentos clásicos, siempre por fuera del entorno digital. “Este caso revela otro tipo de violencia y, por ende, se tiene que construir otro tipo de institucionalidad que pueda sostener esos flujos de violencia”, señaló.

El caso que se acaba de juzgar en Suecia sigue al pie de la letra el capítulo de Black Mirror titulado Cállate y baila, estrenado en 2016: unos hackers obtienen videos íntimos de un joven y lo amenazan con publicarlos. Entonces lo mandan a asaltar un banco y a pelear hasta la muerte bajo la cámara de un dron.

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