La UIA enciende alarmas: admite que Milei podría perder las elecciones y denuncia un clima de incertidumbre total

La UIA enciende alarmas: admite que Milei podría perder las elecciones y denuncia un clima de incertidumbre total

En una reunión de su cúpula directiva, los industriales manifestaron una preocupación sin precedentes por el rumbo económico y la intransigencia oficial; las 40 propuestas presentadas al secretario de Producción fueron rechazadas en su totalidad

La sede de la Unión Industrial Argentina, ubicada sobre Avenida de Mayo, fue escenario de una jornada que quedará marcada en la memoria reciente del sector. En el salón Petiribí, con corbatas flojas, gestos de cansancio y un ánimo que varios calificaron como “decepcionante”, se congregó el Comité Ejecutivo de la entidad para analizar el complejo panorama que atraviesa la actividad fabril y su relación con el poder central. Lo que surgió de ese cónclave resultó, cuanto menos, llamativo: por primera vez, un dirigente de altísima jerarquía dentro de la organización deslizó una definición política de peso, al señalar que “cuidado, que el Gobierno puede perder la elección, las cosas no andan bien”. La frase, pronunciada con tono grave, fue recibida por el resto de los presentes con asentimientos leves pero elocuentes, como si todos compartieran una verdad que hasta ahora permanecía silenciada.

Esa advertencia no constituye un hecho aislado ni responde únicamente a una corazonada. Según pudo reconstruir este medio, la inquietud que embarga a los industriales se nutre de múltiples fuentes: lo que observan día a día en los establecimientos, la postura inflexible del Ejecutivo a la hora de modificar el rumbo del plan económico y la percepción social cada vez más negativa que genera el ajuste en curso. La combinación de esos factores fue configurando un escenario que, en palabras de los propios protagonistas, les hace perder la brújula respecto de hacia dónde se dirige el programa oficial.

El encuentro de la mesa chica, signado por un ambiente de desánimo generalizado, estuvo fuertemente condicionado por un episodio ocurrido apenas horas antes. Esa misma mañana, los directivos se habían reunido con Pablo Lavigne, secretario de Producción y hombre de confianza de Luis Caputo, con la expectativa de acercarle un paquete de cuarenta medidas orientadas a paliar la crítica situación del sector. La respuesta que obtuvieron fue un rechazo frontal y sin matices: ninguna de las iniciativas fue aceptada. Ese revés terminó de consolidar el malestar que sobrevolaba en la sede fabril y profundizó la sensación de que el diálogo con el Gobierno se encuentra en un punto muerto.

Así, entre rostros largos y una atmósfera de escepticismo creciente, la cúpula industrial dejó trascender no solo su malestar por la falta de respuestas, sino también su temor a que el costo político del ajuste termine traduciéndose en una derrota electoral para el oficialismo. La preocupación, esta vez, se manifestó como nunca antes.

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