Mientras el Gobierno de Javier Milei busca refugio en foros internacionales y eventos empresariales afines, un alto funcionario del Ministerio de Economía justificó el cierre masivo de empresas como un “costo natural” para el crecimiento del país. La caída de la actividad, el aumento de la pobreza y el éxodo de capitales extranjeros desmienten el relato oficial y exponen una realidad cada vez más crítica.
El Gobierno de Javier Milei ha adoptado como práctica habitual el recurso a teorías conspirativas y a una manipulación conveniente de los datos para intentar justificar el desorden económico que atraviesa la Argentina. La novedad en este escenario es que, frente a cifras que confirman una situación de crisis profunda —manifestada en desempleo, retracción de la actividad productiva y un incremento sostenido de la pobreza—, desde las altas esferas del poder se comenzó a promover un discurso que roza el darwinismo social aplicado a la economía. Mientras la cúpula gubernamental despliega una agenda internacional y local que incluye escalas en París y en foros empresariales afines para tomar distancia de los cuestionamientos internos, un funcionario de alto rango y mano derecha del ministro de Economía, Luis Caputo, pareció invocar la teoría de la selección natural —aquella que popularizó el célebre biólogo inglés Charles Darwin— para explicar por qué tantas empresas sucumben con el modelo libertario. Y, más aún, para justificar por qué el Estado no hará nada para impedir que la sangría continúe.
El episodio ocurrió durante un desayuno organizado en la Bolsa de Cereales, del que participaron algo más de una decena de empresarios junto al secretario de Producción, Pablo Lavigne, quien permaneció en el país para contener los embates de la crisis mientras buena parte del equipo económico acompañaba al presidente Milei en la Asamblea General de la ONU y intentaba calmar a los inversores respecto al riesgo de una derrota electoral en 2027. En ese encuentro, el funcionario se ocupó de no brindar ninguna respuesta concreta a las situaciones planteadas por los presentes. La misma experiencia padecieron los industriales de la UIA, que también se reunieron con Lavigne en el transcurso de la última semana. El personaje en cuestión dejó entrever, además, una visión peligrosa sobre la coyuntura actual.
En un momento del desayuno en la Bolsa de Cereales se llegó al clímax cuando los empresarios le plantearon al secretario que las empresas están sufriendo y le consultaron si el Gobierno contaba con algún registro que contabilizara los heridos del modelo. Se generó un silencio elocuente cuando Lavigne respondió: “que cierren empresas es el costo natural para que la Argentina crezca de manera sana”. En rigor, el darwinismo y la supervivencia del más apto —esa idea de que sobrevivirán los mejores y perecerán los restantes— no constituye una ocurrencia aislada del secretario, sino un concepto que el propio Milei predica en cada encuentro con sus equipos.
El problema de teorizar con semejante altitud conceptual en un escenario crítico radica en que los datos terminan dinamitando aquello que se pretende instalar. Lo que el contexto devuelve hoy, mientras el Gobierno se desliga de responsabilidades, es un plan económico que, objetivamente, parece haber tocado su techo. Y un marco en el que ocurren cosas inéditas por lo negativo casi todo el tiempo. En los últimos tres meses, los que Caputo catalogó como parte de los mejores dieciocho meses de gestión, cayeron prácticamente todos los indicadores y comenzó a consolidarse el éxodo de empresas extranjeras, sobre todo en el sector del consumo. El derrumbe en las ventas produjo una nacionalización de hecho de las ventas minoristas. Milei quiere ser Menem, pero es un Menem invertido: los capitales foráneos se marchan y los nacionales compran activos a precio irrisorio porque los márgenes de ganancia del negocio del retail son nulos o marginales.
Luego del intento fallido de salida de la francesa Carrefour, la española dueña de la cadena Día busca comprador para sus activos, que están siendo observados por Pedidos Ya y otras compañías que exigen mantener el hermetismo de la negociación y de sus nombres. Día vende productos económicos, pero tampoco le rinde el negocio.
En el sector admiten, además, que la caída de empresas —que fue noticia esta semana por el cierre de la histórica Dánica y de una planta entera de Electrolux en Santa Fe— tiene a otros tantos analizando el escenario: Unilever, de capitales estadounidenses, no descarta comenzar a importar más de lo que ya importa y vender alguna de sus líneas de producción. Y hasta está sufriendo la mala la familia Braun. Cuando los dueños de los supermercados La Anónima compraron la cadena Libertad salieron de la comodidad del negocio patagónico y se acercaron a los conurbanos, donde la malaria manda. Por primera vez se enfrentan cara a cara con un fenómeno al que no estaban acostumbrados. Esas paradojas del destino hacen que los Braun, pilares fundamentales del apoyo empresario a Milei, tengan buena parte de la crisis de su balance del último mes relacionada con la recesión y con el nivel de mora incobrable que registra su tarjeta de pagos.
En el desayuno en la Bolsa antes mencionado, un altísimo dirigente de la Federación de Molineros (FAIM) le dijo a Lavigne que el sector está perdiendo ventas y que cada vez salen menos bolsas de harina al por mayor. Hay firmas del sector que tienen problemas de cobranza en casas de pastas y panaderías. Las ventas de harina cayeron un uno por ciento interanual el mes último, siendo el bien más barato del sector alimentos. También le preguntaron a Lavigne cómo hará el Estado para resolver la mora de las empresas. Les contestó lo mismo que a la UIA: “la micro la administran ustedes. Tienen que buscar refinanciar con los bancos”. Este contexto, en el cual ya cerraron más de treinta mil empresas, no parece ser una selección darwiniana, sino más bien una depredación fuerte y pareja del modelo. Cacería mayor.
Los dos Caputos
El ministro Caputo, mientras tanto, voceó en Wall Street y entre los inversores que el programa económico tiene dólares para evitar una corrida. Y que las chances del gobierno de ganar en 2027 son sólidas. A la vez, agitó el fantasma opositor. Todo en el mismo evento.
Luis “Toto” atraviesa un momento de desdoblamiento de personalidad. Hacia afuera exhibe que su plan económico vive. Hacia adentro piensa medidas y les ruega a sectores para que dinamicen la actividad. Hace unos días, el ministro se reunió con empresarios de la Cámara de Empresas Mineras (CAEM). Les reclamó algo inédito: “muchachos, por favor, les pido que el veinte por ciento de lo que precisan para la actividad sea comprado a la industria nacional”, espetó. Es que algunos dirigentes de la Cámara de la Construcción (CAMARCO) le detallaron un nivel creciente de compra de casas importadas de China que las mineras hacen para armar los campamentos de producción. Los mineros le dijeron a Caputo que van a hacer lo posible por cumplirle. La respuesta real es que no lo harán. ¿Por qué? Porque el mismo modelo Milei no los motiva a cambiar: el Proyecto minero Vicuña, radicado en San Juan, está manejado por la empresa canadiense Lunding Mining y la australiano-británica BHP. Esas firmas trajeron de China una ciudad entera para armar un campamento con capacidad para cinco mil personas. Esas casas, que son bloques apilables, las fabricó la empresa Beijing Chengdong, con un precio del metro cuadrado que en dólares es un tercio del precio local para un emprendimiento similar. Insostenible cómo el modelo de apertura se muerde la cola.
En paralelo a esa historia, Caputo les comentó a banqueros amigos que está pensando en medidas para lo que él entiende como reactivación económica. Este diario confirmó que le pidió al Banco Nación que trabaje en un esquema que atienda el problema de cheques de las pymes. Asimismo, está analizando una liberación de encajes bancarios, algo más macro. Y también algo micro: la referencia es para un esquema de desendeudamiento que estaría apoyado en una facilidad que los bancos les darían a las familias que entraron en mora crediticia. Con las cifras de la coyuntura, parece poco, pero el dato político es que el ministro comparte con los críticos la idea de que la economía doméstica es un problema electoral para LLA.
París es una fiesta, Argentina un caos
Mientras todo este desbarajuste ocurre, el Gobierno fuga hacia adelante. En los próximos días habrá dos eventos en los cuales intentará contrastar la realidad. En el Coloquio de IDEA, que se hará en Mar del Plata, está confirmada la presencia de Caputo y le limpiaron el evento de cuadros críticos para que el ministro cierre en paz. IDEA es una cámara muy afín al liberalismo en todas sus maneras, pero en esta edición mostró un matiz. No irá el Presidente Milei, pero sí asistirá Patricia Bullrich, que va a ser entrevistada por Martín Galdeano, el ceo de Ford para Sudamérica. El Círculo Rojo más afín al color violeta también muestra que el plan del mileísmo sin Milei está vivito y coleando. Para participar del encuentro, eso sí, hay que desembolsar un dinero: los tres días de IDEA en Mar del Plata valen más de seis millones de pesos por persona.
En la otra esquina, a once mil kilómetros de Buenos Aires, el Gobierno se lleva a empresarios y gobernadores amigos a la Argentina Week. Esta segunda edición, que se hará en París, tiene el mismo tono que Caputo buscó llevar a Nueva York: la idea de un gobierno fuerte, con chances, y un plan sólido. Los datos macro y de Riesgo País contrastan esa versión, pero la paz de los libertarios está hoy muy lejos de Argentina.
El documento que se circuló para invitar a gente a subirse al evento en la Ciudad Luz tiene un título rimbombante y pretencioso de cara a los resultados recientes del programa: “La transformación de Argentina” se hará desde el martes en las oficinas de la OCDE y congregará a los gobernadores patagónicos y al pool de burguesía que hoy acompaña de manera inmutable a Milei: confirmaron presencia el dueño de PAE, Marcos Bulgheroni; Marcelo Mindlin, de Pampa; Mariano Bosch, de Adecoagro; Alejandro Elsztain, el hermano de Eduardo que está a cargo de Cresud; Manuel Antelo, el hombre que está haciendo negocios en la crisis trayendo autos de China; el laboratorista Juan Pablo Bagó; el ceo de Globant, Martín Migoya, rey junto a Galperín de los Unicornios libertarios; y Martín Varsavsky, un cruzado de la gesta libertaria que se hizo conocido por construirse un refugio anti apocalipsis en Mendoza.
La foto general es la de un presidente que se refugia en su núcleo duro de poder para escaparse de la realidad interna. Los ceos, como el Presidente, tienen una única misión: sostener el programa para preservar los privilegios, mientras el emergente social en el país empieza a tensar la cuerda.
