Tras su regreso de Estados Unidos, el presidente Javier Milei volvió al ruedo mediático con una entrevista explosiva en la que no escatimó descalificaciones, defendió con vehemencia su controvertido discurso ante la ONU y minimizó la gravedad de la recesión que atraviesa el país. En un tono desafiante, el mandatario arremetió contra el gobernador bonaerense Axel Kicillof, a quien tildó de “energúmeno” con desprecio por los datos, y justificó el ajuste con una insólita definición: “No hay recesión, hay desaceleración del ritmo de expansión”.
El jefe de Estado, que esta semana volverá a abandonar el país para participar en una nueva edición de la Argentina Week en París, se refirió también a su relación con la senadora Patricia Bullrich, sobre la que aseguró que es “excelente” pese a las diferencias internas. “Los liberales no somos manada”, afirmó, y agregó que las distintas miradas dentro del espacio permiten diseñar una estrategia superior. Además, reveló un gesto que, según él, demuestra el respeto que le tiene el expresidente estadounidense Donald Trump, quien no lo recibió pero evitó interrumpir su discurso ante la ONU.
En un pasaje cargado de hostilidad hacia la prensa, Milei volvió a insultar a los periodistas al calificarlos como “peores que los chimenteros” y “acomplejados de pluma venenosa”. Sin embargo, aclaró que nunca envió “arca” a los trabajadores de medios, ni realizó operaciones de inteligencia, ni encarceló a ninguno. Sus declaraciones sobre el discurso en la ONU fueron igualmente llamativas: sostuvo que la inteligencia artificial es un potenciador de la productividad y que su desregulación impulsará el crecimiento, citando a Adam Smith. Incluso mostró una corbata que perteneció a Milton Friedman y prometió demostrar al organismo internacional que su “escenario distópico no existe”.
En materia económica, el presidente intentó desdramatizar la crisis al sostener que la economía está atravesando “muchos cambios estructurales” y que los ponderadores desestacionalizados “están dando cualquier cosa”. Aseguró que en el último semestre la actividad se expandió un 1,7 por ciento respecto del período anterior, que los salarios reales son más altos y que el bienestar aumentó. Negó que el consumo no crezca y justificó la destrucción de la industria nacional argumentando que los consumidores ahora optan por bienes más baratos y gastan su dinero en otras cosas, mencionando plataformas como Temu o Shein.
Consultado sobre la suba del riesgo país, Milei responsabilizó a la oposición y planteó una encrucijada histórica: “Van a terminar decidiendo si quieren el modelo del futuro, del cambio, que hace que seamos admirados en el mundo, versus el modelo de la decadencia de los últimos 100 años”. Según él, el 70 por ciento de los argentinos no quiere volver a ese pasado, y solo lo añoran quienes vivieron “de la teta del Estado” o los profundamente envidiosos y resentidos. En ese marco, volvió a apuntar contra Kicillof por su viaje a Nueva York, asegurando que los inversores ven en él a un “energúmeno con desprecio por los datos”.
El mandatario también hizo referencia a los siete intentos de juicio político en su contra, que calificó como intentos de golpe de Estado, y destacó que su gobierno deportó a cerca de veinte mil “terroristas” infiltrados para dinamitar el modelo argentino. Sobre los cambios en la Quinta de Olivos, explicó que la decisión de convertirla en una base militar responde a cuestiones de seguridad interna, ya que tiene “enemigos pesados en el mundo”. Por último, se refirió a la próxima visita del papa León XIV en noviembre y aseguró que no habrá problemas: “El Papa dirá lo que tiene que decir”.
