La multinacional dejará sin empleo a unos 200 trabajadores tras décadas de actividad en la zona; el sindicato buscará frenar la medida en el Ministerio de Trabajo mientras la región acumula un rosario de cierres industriales
La empresa multinacional Bunge comunicó el cese de actividades de su planta de fertilizantes en la ciudad bonaerense de Campana, una decisión que dejará sin ocupación a cerca de dos centenares de personas y que representa un severo revés para la economía de la zona, donde los salarios del sector químico funcionan como uno de los principales motores del consumo local. La noticia, anticipada por el secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de Zárate, Oscar Casco, cayó sobre los trabajadores cuando la factoría se encontraba en su parada técnica anual, destinada a tareas de mantenimiento y reparación.
En un encuentro con el personal, los directivos de la compañía argumentaron que la elaboración en el país de tiosulfato de amonio —un abono derivado del azufre y el amoníaco— dejó de resultar rentable frente a la alternativa de importarlo desde China, cuyo costo es sensiblemente inferior. Según el relato del dirigente gremial, la firma interrumpió las tareas el lunes por la tarde y anunció que a lo largo de la jornada siguiente comenzarían a llegar los telegramas de despido, aunque al momento de la entrevista los afectados aún no habían recibido las notificaciones formales.
El dirigente precisó que en la instalación se desempeñan entre ochenta y noventa operarios bajo el convenio del sindicato químico, a los que se suman otras veinticinco o treinta personas fuera de convenio. A ese universo deben agregarse los trabajadores de mantenimiento, vigilancia, comedor, limpieza y demás actividades conexas, con lo que la cifra total de personas que perderían su fuente de ingresos rondaría las doscientas.
Casco atribuyó la determinación empresarial a la política de apertura irrestricta de importaciones impulsada por el Gobierno nacional y a la disminución de aranceles para productos químicos que se fabrican fuera del territorio argentino. A esos factores añadió el elevado costo de las materias primas y de la energía, que torna dificultosa la competencia con los productos de origen chino. El sindicalista subrayó que la compañía no había manifestado dificultades económicas en las negociaciones previas e incluso recordó que en mayo suscribió un acuerdo paritario junto a otras firmas del rubro sin advertir problema alguno.
Frente a este escenario, la organización gremial presentará una denuncia formal ante el Ministerio de Trabajo provincial con el propósito de solicitar una audiencia. «La intención de nosotros es revertir esta situación y pelear los puestos de trabajo», afirmó Casco, quien dejó en claro que la prioridad pasa por sostener las fuentes laborales y evitar la clausura definitiva de la planta.
La historia de la factoría se remonta a 1968, cuando comenzó a operar como pionera en la producción de fertilizantes para el agro en América Latina. A lo largo de las décadas pasó por distintas manos: primero estuvo bajo la órbita de Petrosur, luego fue controlada por Pérez Companc (PECOM) y más tarde adquirida por Petrobras, hasta que en noviembre de 2009 Bunge Argentina la compró por aproximadamente setenta y un millones de dólares. Su plantel se caracteriza por una elevada calificación técnica en el área química y percibe salarios que promedian los cinco millones de pesos, un dato que ilustra el impacto económico que tendrá la medida sobre el entramado comercial de la ciudad. «Un operador necesita entre cuatro y cinco años de formación para trabajar de manera segura en una instalación de este tipo», explicó el sindicalista para dimensionar el capital humano que se perdería.
El caso de Bunge no constituye un episodio aislado, sino la expresión más reciente de una crisis profunda que atraviesa el cordón industrial de Zárate-Campana, verdadero epicentro del sector químico y petroquímico del país. La sucesión de clausuras y reducciones de personal dibuja un panorama desolador: la multinacional suiza Clariant anunció en junio de 2025 el cierre definitivo de su planta en Zárate, con cuarenta y dos despidos según el gremio, y poco después Archroma cesó sus operaciones y desvinculó a otros veinticinco operarios, con lo que entre ambas compañías se perdieron sesenta y siete puestos de trabajo. A esos casos se sumó el de Barcan Química, dedicada al fraccionamiento de productos químicos, que tras doce años de actividad dejó sin empleo a sus ocho trabajadores y generó preocupación sindical por la seguridad ambiental de las instalaciones abandonadas.
La crisis también alcanzó a firmas que, sin cerrar por completo, avanzaron con recortes o atravesaron conflictos laborales. Agrofina inició un procedimiento preventivo de crisis y planteó la posibilidad de desvincular a setenta personas, mientras que Alpek protagonizó un conflicto por veintinueve despidos que en principio se resolvió con la intervención de la cartera laboral, aunque luego la compañía clausuró su planta de reciclaje Ecopek en Zárate con otros cuarenta puestos afectados. También se registraron denuncias por despidos vinculados a Bayer, incluidos trabajadores tercerizados, y el deterioro del empleo industrial fue denunciado de manera reiterada por los sindicatos de la región, que advierten sobre las consecuencias de la caída de la actividad productiva.
El panorama se agravó durante 2026 con la clausura de Cabot Argentina en Campana, la única fábrica de negro de humo del país, que llevaba más de seis décadas en funcionamiento y cuya salida afectó a unos ciento cincuenta trabajadores directos e indirectos, a lo que se sumaron despidos en la planta de Air Liquide. Monsanto y Unilever también forman parte del entramado industrial de la zona, aunque no se cuenta con información suficiente para precisar desvinculaciones recientes en esas dos compañías. La acumulación de cierres y recortes evidencia una pérdida de capacidad productiva y de empleo industrial en uno de los principales polos químicos del territorio argentino, un fenómeno que los gremios atribuyen a la caída de la producción, el avance de las importaciones y la reducción de costos empresariales.
