Un informe del centro CIFRA revela que los vencimientos en divisas superan ampliamente las fuentes de financiamiento previstas, mientras la fragilidad externa ya se manifiesta en 2026 con salida neta de capitales pese al superávit comercial récord
El esquema financiero diseñado por el Gobierno para 2027 presenta una brecha significativa de 22.700 millones de dólares, según un análisis elaborado por el centro CIFRA a partir de documentación oficial. Esta cifra contradice abiertamente la promesa formulada durante junio por el titular del Palacio de Hacienda, quien había asegurado que las cuentas del próximo año concluirían sin contratiempos, con un equilibrio entre ingresos y egresos e incluso con un remanente de 3.700 millones de dólares proveniente del ejercicio anterior. Sin embargo, apenas cuatro meses después, el propio Presupuesto 2027 modificó aquella proyección y redujo las fuentes de financiamiento contempladas, dejando al descubierto una hoja de ruta que evidencia cuánto depende el Ejecutivo de divisas que aún no posee para afrontar sus compromisos en moneda extranjera durante el tramo final de su gestión.
Los compromisos en divisas para el año entrante alcanzan los 30.100 millones de dólares, considerando capital, intereses y Bopreal, de acuerdo con las estimaciones del citado centro de estudios. Las fuentes de financiamiento que permanecieron vigentes tras la corrección presupuestaria de junio apenas totalizan 7.400 millones. De esta manera, la ecuación no cierra y el Gobierno no brinda explicaciones sobre cómo piensa resolverla. Ese vacío contribuye a comprender las declaraciones del presidente Milei, quien primero aludió a una «bazuca» de 75.000 millones de dólares y luego elevó la cifra a 125.000 millones.
El cálculo de CIFRA coincide con el realizado por la economista Marina Dal Poggetto, quien mediante una metodología similar había estimado tres semanas atrás un desbalance de 23.300 millones. El Presupuesto 2027 ajustó a la baja las fuentes de financiamiento anunciadas en junio: el aporte de los organismos internacionales, incluido el Fondo Monetario Internacional, desciende de 5.900 a 4.100 millones. A ello se suman el roll over de la deuda intersector público por 1.800 millones y los ingresos por privatizaciones por 1.500 millones, hasta completar los 7.400 millones mencionados.
Asimismo, CIFRA pone en tela de juicio las demás fuentes con las que contaba el programa de junio: la existencia de un «colchón» de 3.700 millones de dólares por las operaciones de 2026, que el Banco Central adquiera 4.900 millones adicionales en 2027 —año electoral— y que puedan concretarse emisiones locales por 5.000 millones. El resultado es una brecha por financiar de 22.700 millones de dólares. A esa cifra se agregan los vencimientos de los gobiernos subnacionales por 2.400 millones y los de las obligaciones negociables de las grandes compañías por 8.200 millones. En conjunto, los compromisos de deuda en moneda extranjera ascienden a 40.700 millones de dólares en 2027, una cifra nada desdeñable.
La fragilidad externa ya se experimenta en 2026: egresan más divisas de las que ingresan pese a un superávit comercial sin precedentes
La vulnerabilidad externa argentina persiste a pesar de la «estabilidad macroeconómica» que el Gobierno afirma haber alcanzado mediante la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal. El país atraviesa un auge comercial inédito que opera como una puerta giratoria: durante los primeros ocho meses del año, el superávit comercial aportó 23.000 millones de dólares al Banco Central, pero egresaron 37.700 millones. De ese total, aproximadamente 19.000 millones corresponden a la formación de activos externos de personas humanas —en su mayoría, fuga de divisas—, 9.000 millones a intereses de la deuda en moneda extranjera, 6.000 millones al déficit de la cuenta de servicios y 3.700 millones al giro de utilidades hacia el exterior.
Esa diferencia se cubrió con endeudamiento. Es decir, mediante la compra, por parte de inversores no residentes, de acciones o títulos públicos emitidos en el país —el conocido «carry trade», estimulado por las elevadas tasas en dólares y la estabilidad cambiaria—; con préstamos financieros a empresas, bancos o al propio Estado; con bonos y obligaciones negociables que emiten residentes en el exterior —las ON rondan los 11.000 millones de dólares en lo que va del año, según CIFRA—; y con créditos de organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial, el BID y la CAF. En conjunto, esas operaciones sumaron unos 19.000 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2026.
En términos generales, ello explica por qué el Banco Central acumuló en reservas solo la mitad de las divisas que compró en ese lapso. Los dólares ingresan por la vía comercial y egresan por el circuito financiero. En lo que va de 2026, al 30 de septiembre, el Central adquirió 14.400 millones de dólares, según CIFRA, pero las reservas netas se incrementaron en 8.500 millones. La diferencia se explica fundamentalmente por los dólares que exige la deuda con organismos internacionales y por las compras del Tesoro para afrontar vencimientos.
El modelo económico es lo que no cierra
«El ajuste al consumo de los sectores populares, la apertura y el carry trade desvían a las inversiones de lo productivo a lo financiero y eso genera que haya altos niveles de fuga de capitales. Más aún en escenarios de inestabilidad por los altos vencimientos de la deuda del año próximo», señala Pablo Manzanelli, autor del informe. Es el programa económico el que no ofrece garantías y los capitales se marchan, tanto los de las personas como los de las empresas que no invierten. Por un lado, la compra de divisas para atesoramiento de las personas crece sin pausa desde el segundo trimestre de 2025 y registra una salida neta de unos 52.000 millones de dólares, de los cuales apenas una quinta parte permaneció en el país como depósitos en dólares, según CIFRA.
Por otro lado, la desconfianza se traduce en falta de inversión productiva: desde que asumió Milei, la inversión extranjera directa es negativa en términos netos por unos 1.800 millones de dólares, y desde comienzos de este año se suma el giro de utilidades y dividendos, finalmente habilitado, que ya totaliza 3.800 millones. El problema, entonces, no es coyuntural: es estructural. Un esquema que ajusta el consumo de los sectores populares, abre la economía y sostiene la estabilidad cambiaria con tasas altas en dólares desvía el excedente hacia la fuga y deprime la inversión, de modo que ni siquiera un superávit comercial récord alcanza para cerrar las cuentas externas. La diferencia se cubre con deuda: unos 19.000 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2026, que se suman a las obligaciones que ya vienen acumulándose.
Cada nuevo financiamiento genera compromisos crecientes en dólares: de los 40.700 millones que vencen en 2027, 10.300 corresponden solo a intereses. Así, el programa financiero que se prometió equilibrado terminó con un faltante de 22.700 millones, y el Gobierno no responde de dónde surgirán esos dólares sin recurrir otra vez a la misma receta: más deuda para sostener un modelo que no genera los dólares necesarios para pagarla.
