Mientras todos los mandatarios sudamericanos felicitaron al presidente electo de Brasil, el libertario optó por el mutismo tras haber insultado al líder del PT durante la campaña. La Casa Rosada esperó una señal de Bolsonaro que nunca llegó y terminó en offside cuando el propio Partido Liberal reconoció el resultado.
La contundente victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones brasileñas dejó al Gobierno argentino en una posición incómoda y sin discurso. Javier Milei, quien durante la campaña se había involucrado abiertamente en el proceso electoral del país vecino con calificativos despectivos hacia el líder del Partido de los Trabajadores, eligió el silencio absoluto ante el resultado que consagró al mandatario brasileño. Ni el Ejecutivo ni la Cancillería emitieron comunicado alguno ni publicaron mensajes en redes sociales, una actitud que contrastó con la reacción del resto de los líderes latinoamericanos.
La estrategia oficial consistió en aguardar el anuncio de impugnación que Jair Bolsonaro realizó tras conocerse los resultados, con denuncias de fraude que carecían de sustento. Desde el entorno presidencial explicaron que, dado que el candidato derrotado había anticipado que recurriría a la Justicia, no podían expresar una posición hasta que la situación estuviera más clara. Sin embargo, ese cálculo quedó desbaratado durante la noche cuando el propio Partido Liberal, la fuerza que respaldaba a Bolsonaro, reconoció formalmente el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, en una carta que evitó mencionar al vencedor.
El aislamiento argentino se hizo más evidente al contrastar con las reacciones de otros mandatarios de la región. Todos los presidentes sudamericanos, sin excepción salvo Milei, saludaron a Lula. Incluso aquellos ubicados en las antípodas ideológicas del líder brasileño, como el colombiano Abelardo de la Espriella, quien había apoyado a Bolsonaro durante la campaña, emitieron mensajes de felicitación y destacaron que la voluntad popular expresada en las urnas debe ser respetada por encima de las diferencias políticas. Desde Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela llegaron muestras de reconocimiento al triunfo del PT, mientras que mandatarios de México, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Jamaica, Cuba y Canadá también se sumaron a las congratulaciones.
La única voz dentro del oficialismo que se pronunció sobre el tema fue la del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, quien deseó éxitos a Brasil y expresó su esperanza de seguir trabajando en conjunto por América del Sur, aunque aclaró que muchos argentinos hubieran preferido el triunfo de las ideas de la libertad. Por su parte, el expresidente Mauricio Macri felicitó a Lula por su cuarto triunfo electoral y auguró prosperidad para su país y la región, gesto que desde el entorno libertario calificaron despectivamente como propio de un tibio.
En tanto, la actividad oficial en la Casa Rosada siguió su curso con una agenda que pareció ajena a la trascendencia del resultado brasileño. Milei recibió al príncipe y gran maestre de la Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, mantuvo un encuentro con representantes de iglesias evangélicas y protestantes y luego encabezó una reunión de gabinete cuyo comunicado final apenas mencionó de forma implícita el contexto electoral al ratificar el rumbo del programa económico y reafirmar que no se correrán ni un milímetro de las ideas de la libertad. Antes de ingresar al salón Eva Perón, el mandatario salió al balcón junto a ministros y colaboradores, donde hizo un baile viral frente a un grupo de niños que observaba desde Plaza de Mayo, mientras los funcionarios estallaban en carcajadas.
La ausencia de pronunciamiento oficial generó cuestionamientos en el ámbito diplomático, donde señalaron que no solo la Cancillería quedó muda sino todo el sistema de opinión de la política exterior argentina. Recordaron que incluso los gremios que nuclean a los diplomáticos permanecen en silencio. Asimismo, contrastaron la actitud de Milei con la de Lula quien, al ganar el libertario las elecciones presidenciales argentinas, no mencionó al mandatario pero sí publicó un mensaje celebrando la democracia y los comicios en el país.
El asesor presidencial Santiago Caputo, uno de los pocos que se expresó en redes sociales tras el triunfo de Lula, defendió la postura oficial con un mensaje en el que reivindicó su capacidad de anticipar escenarios electorales y descalificó a los analistas políticos. Horas antes, al conocerse los resultados, había advertido que quienes alertaban sobre las derrotas de los oficialismos cambiarían de argumento para hablar del fin de la ola azul, y sentenció que el único capaz de ver el futuro era él, talento que atribuyó a su difunto abuelo.
La apuesta oficial por una victoria de Flavio Bolsonaro había sido explícita. Durante la campaña, Milei viajó a San Pablo para insultar a Lula y al vicepresidente del Tribunal Supremo Federal brasileño, Alexandre de Moraes, lo que desató un conflicto diplomático que aún continúa escalando. Días atrás, en Estados Unidos, se mostró junto a Eduardo Bolsonaro y volvió a calificar al líder del PT como dictador y basura calva. En la reunión de gabinete posterior al triunfo de Bolsonaro en primera vuelta, el mandatario había celebrado lo que consideró un gran triunfo de la derecha regional y se había presentado ante sus ministros como un profeta cuyos candidatos apoyados siempre ganaban. Envalentonado con esa convicción, viajó a España para respaldar a candidatos de extrema derecha, aunque una vez allí nadie quiso recibirlo.
El desenlace brasileño dejó al Gobierno argentino como el único de Sudamérica que no felicitó al ganador de los comicios en el principal socio comercial del país. Mientras Lula celebraba su cuarto mandato y recibía el reconocimiento de la comunidad internacional, Milei permanecía en un silencio atroz, aguardando una orden del exterior que nunca llegó y que terminó por dejarlo en una posición de aislamiento regional sin precedentes recientes.
