Mientras la economía se hunde en la recesión, la actividad pública del país parece escrita por un libretista que renueva su inventiva semana tras semana, ahora con la protección oficial a un fugitivo y el silencio cómplice de los servicios de Inteligencia
Salvo por la llanura recesiva que atraviesa la economía, el resto de la actividad pública del país parece escrita por un guionista que alcanza niveles de inventiva conmovedores. La fuga del derrotado en Brasil demuestra que es capaz de superarse a cada rato.
Lo del libretista argentino que renueva su creatividad inagotable todas las semanas, e incluso a cada instante, es ya de una dimensión conmovedora. Ahora se le ocurrió la protección oficial a un fugitivo mientras se negaba cualquier tipo de intromisión y, a la vez, quien comanda los servicios de Inteligencia en carácter de asesor monotributista hacía gala de su papel definiéndolo como “misterio”.
El politólogo y economista Nicolás Dvoskin publicó en la red social X que uno ya vio suficientes películas como para saber que no hay nada más estéticamente narco que cruzar una frontera terrestre y huir en un vuelo privado. La frase, cargada de ironía, resume el absurdo de una situación que parece sacada de un thriller de bajo presupuesto pero que, lamentablemente, ocurre en la realidad cotidiana de la política argentina.
Luciana Bertoia, justamente y en su artículo del viernes en Página/12, reflejó con su habitual precisión el reclamo de un grupo de diputados nacionales, a fines de que la SIDE explique qué rol jugó en el escape de Flavio Bolsonaro. La periodista dio cuenta de la inquietud de los legisladores, quienes exigen respuestas concretas sobre la participación del organismo de inteligencia en un episodio que ha generado más preguntas que certezas.
La trama se vuelve cada vez más intrincada. Por un lado, la protección oficial a un prófugo; por otro, la negativa a cualquier tipo de injerencia externa; y en el medio, un funcionario que define la situación como un “misterio” mientras ejerce como asesor monotributista al frente de los servicios de Inteligencia. El cóctel es explosivo y deja al descubierto las contradicciones de un relato que parece no tener fin.
Los diputados que reclaman explicaciones no se conforman con evasivas. Exigen saber qué papel cumplió la SIDE en la fuga de Flavio Bolsonaro, un episodio que ha puesto en jaque la credibilidad de las instituciones y que ha alimentado las sospechas de complicidad entre el poder político y los organismos de seguridad. La precisión del artículo de Bertoia pone el foco en la urgencia de respuestas claras y contundentes.
Mientras tanto, el guionista sigue escribiendo. La creatividad inagotable del libretista argentino no se detiene y cada semana sorprende con un nuevo capítulo de una saga que parece no tener límites. La fuga del derrotado en Brasil es solo una muestra más de esa capacidad de superación que, en lugar de generar admiración, produce desconcierto y preocupación.
La economía, con su llanura recesiva, es el único ámbito que parece escapar a esta inventiva desbordante. El resto de la actividad pública, en cambio, se desarrolla en un terreno donde la ficción y la realidad se confunden, y donde los personajes actúan como si estuvieran en un set de filmación, ajenos a las consecuencias de sus actos.
El “misterio” invocado por el asesor monotributista al frente de la Inteligencia no hace más que profundizar la incertidumbre. La palabra, lejos de aclarar, oscurece. Y mientras los diputados reclaman respuestas, la ciudadanía asiste atónita a un espectáculo que parece diseñado para confundir y desinformar.
La fuga de Flavio Bolsonaro, con su cruce de frontera terrestre y su huida en vuelo privado, tiene un aire de película narco que el politólogo Dvoskin supo captar con agudeza. Pero lo que en el cine sería una escena emocionante, en la realidad argentina se convierte en una señal de alarma sobre el estado de las instituciones y la transparencia de los organismos de seguridad.
El reclamo de los diputados, reflejado con precisión por Bertoia, es un llamado de atención que no puede ser ignorado. La SIDE debe explicar qué rol jugó en el escape de Flavio Bolsonaro, y debe hacerlo con la misma claridad y contundencia que se exige en cualquier democracia que se precie de tal. La protección oficial a un fugitivo y la negativa a cualquier intromisión no son respuestas aceptables.
El guionista argentino, mientras tanto, sigue en su tarea. Renueva su creatividad inagotable y nos regala cada semana un nuevo episodio de una serie que, lamentablemente, no es ficción. La fuga del derrotado en Brasil es solo un capítulo más de una historia que parece no tener final, y que deja al descubierto las grietas de un sistema que necesita, con urgencia, recuperar la cordura y la transparencia.
La llanura recesiva de la economía es el único paisaje que no cambia. El resto, como diría el libretista, es pura inventiva. Y mientras los diputados reclaman respuestas y los ciudadanos asisten atónitos, el “misterio” sigue sin resolverse, alimentando la sensación de que, en la Argentina, la realidad supera a la ficción.
