El presidente estadounidense asegura haber iniciado los preparativos para un encuentro entre los mandatarios ruso y ucraniano, previsto para las próximas dos semanas, en un intento por desbloquear el camino hacia la paz. Los líderes europeos, presentes en la capital estadounidense, respaldan la iniciativa pero subrayan su apoyo inquebrantable a Kiev y advierten sobre las exigencias territoriales de Moscú.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes haber comenzado a organizar una reunión de alto nivel entre sus homólogos de Rusia y Ucrania, Vladimir Putin y Volodímir Zelenski, inmediatamente después de concluir una cumbre multilateral en la Casa Blanca con el líder ucraniano y varios jefes de Estado y de gobierno europeos. El objetivo declarado de esta intensa jornada de diálogo es lograr avances significativos para poner fin a la guerra en Ucrania.
La propuesta de una cumbre bilateral entre los máximos representantes de los países en conflicto fue recibida de manera favorable por ambos bandos, según confirmaron fuentes de las respectivas administraciones. El canciller alemán, Friedrich Merz, presente en Washington, precisó que Putin habría aceptado entrevistarse con Zelenski “en las dos próximas semanas”, un plazo que fue corroborado por una fuente anónima del Kremlin. Por su parte, Zelenski se mostró expectante ante una posible reunión “sin condiciones” en el mismo lapso, aunque admitió que “no tenemos una fecha concreta”.
El ambiente durante los encuentros fue descrito como notablemente más cordial que el de visitas anteriores, marcando un contraste con las tensiones públicas de febrero. El anfitrión estadounidense incluso llegó a elogiar el atuendo de Zelenski, en un gesto que buscaba distender la situación. No obstante, las discusiones abordaron los asuntos más espinosos del conflicto. Trump se mostró optimista respecto a las posibilidades de éxito: “En una o dos semanas sabremos si vamos a resolver esto o si esta horrible lucha va a continuar”, declaró al inicio de la jornada.
Uno de los puntos de fricción inevitables fue la polémica propuesta rusa sobre un “intercambio de territorios”, mediante la cual Moscú exigiría a Kiev la cesión de la región oriental del Donbás, aún parcialmente controlada por Ucrania, a cambio de congelar las hostilidades en otros frentes. La idea, lanzada por Putin durante su reciente encuentro con Trump en Alaska, fue rechazada de plano por Zelenski y recibió un contundente respaldo europeo. El canciller Merz equiparó la exigencia con que “Estados Unidos tenga que entregar Florida”. Frente a estas presiones, el líder ucraniano se mantuvo firme: “Necesitamos una paz justa y duradera”, afirmó, a lo que Trump replicó: “Vamos a lograr una paz duradera”.
Paralelamente, se debatió intensamente el futuro de las garantías de seguridad para Ucrania en el marco de un eventual acuerdo de paz. Zelenski fue contundente al exigir un respaldo integral que incluya “capacidad militar, inteligencia y respaldo internacional”, subrayando que la responsabilidad recae en “grandes países” como Estados Unidos y sus aliados. Trump, si bien se comprometió a coordinar el esfuerzo, restó urgencia al tema, calificándolo de “altamente sobrevalorado” y posponiendo una definición clara sobre el rol que cada nación asumiría para disuadir una futura agresión.
El bloque europeo, representado por figuras como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro británico, Keir Starmer, alabó la iniciativa de Trump de mediar, pero fue unánime en recordar que cualquier camino hacia la paz debe partir del apoyo inequívoco a la soberanía ucraniana. Macron expresó sus “grandes dudas” sobre la voluntad real de paz de Putin, mientras que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, valoró como un “avance” el que Trump esté dispuesto a discutir garantías de seguridad.
La sombra de la OTAN planeó sobre las conversaciones. Desde Moscú, la portavoz del Ministerio de Exteriores, Maria Zajárova, reiteró el “rechazo categórico” de Rusia a cualquier despliegue militar de la Alianza en suelo ucraniano, advirtiendo que ello provocaría “una escalada incontrolable del conflicto con consecuencias imprevisibles”.
La jornada en Washington culminó con más interrogantes que respuestas certeras, pero con un canal de diálogo abierto a su nivel más alto. El mundo observa ahora si la prometida cumbre entre Putin y Zelenski, facilitada por un Trump que se erige como el gran negociador, logra finalmente traducir las palabras en una tregua tangible o si, por el contrario, se sumará a la larga lista de intentos fallidos por silenciar los cañones en Europa del Este.
