Tras la aprobación en Diputados, el proyecto de huso horario -4 GMT promete beneficios energéticos, médicos y educativos, aunque expertos advierten sobre la necesidad de adaptaciones locales.
El Congreso Nacional dio este miércoles un paso significativo hacia la modificación del huso horario argentino, al aprobar en la Cámara de Diputados un proyecto que establece el cambio al huso -4 GMT, es decir, cuatro horas detrás del Meridiano de Greenwich. La iniciativa, que ahora espera su tratamiento en el Senado, busca optimizar la exposición solar y alinear los ritmos sociales con los ciclos naturales de luz.
Gonzalo Iparraguirre, antropólogo especializado en gestión del tiempo y asesor en la redacción de la propuesta, destacó que el nuevo horario permitiría una mayor sincronización con la luz solar, lo que se traduciría en ventajas energéticas, médicas y pedagógicas. “En ese momento, el sol se encuentra en su punto más alto, por lo que la duración solar resulta más beneficiosa en múltiples dimensiones de la vida cotidiana”, explicó el especialista.
No obstante, Iparraguirre subrayó un aspecto innovador del proyecto: la flexibilidad regional. Debido a la vasta extensión territorial de Argentina, propuso que algunas zonas, particularmente aquellas cercanas a la cordillera, puedan mantener husos diferenciados, incluso con una diferencia de hasta -5 GMT, especialmente en localidades limítrofes con Chile. “Esta adaptación reconoce la diversidad geográfica y cultural del país, y permitiría que cada región ajuste sus actividades según sus particularidades”, afirmó.
El experto recordó que, desde su implementación en 1920 bajo el sistema de Tiempo Universal Coordinado (UTC), el huso horario nacional ha sido modificado en sesenta oportunidades. El actual, establecido en -3 GMT desde la década de 1980, coincide con el utilizado en el extremo oriental de la costa brasileña, una decisión que Iparraguirre consideró poco representativa de la realidad argentina.
En su visión, la rigidez en la legislación horaria ignora las diferencias regionales. “Cuando se sanciona una norma nacional, se tiende a pensar el territorio como un todo homogéneo. La flexibilidad horaria permitiría que cada comunidad decida sus ritmos según sus hábitos culturales, laborales o comerciales, sin que esto implique conflictos administrativos”, señaló.
Esta perspectiva se alinea con debates internacionales recientes, como la eliminación del cambio de horario de verano e invierno en la Unión Europea en 2019. Iparraguirre aclaró que, en su propuesta original, también se descartaba la alternancia estacional debido a los efectos negativos en la regulación del sueño y el bienestar de las personas. “Sugerimos mantener un huso único durante todo el año, pero con margen para que las provincias o municipios implementen ajustes según sus necesidades”, concluyó.
El proyecto ahora avanza al Senado, donde se espera un debate que incorpore tanto las ventajas de la uniformidad horaria como la pertinencia de admitir excepciones en un país de contrastes geográficos y culturales.
