En un discurso cargado de acusaciones y pronósticos económicos audaces, el Presidente arremetió contra la oposición tras las derrotas legislativas. Alertó sobre un supuesto «fraude» en las elecciones bonaerenses y prometió que septiembre marcará el fin del populismo.
Tras una jornada legislativa adversa que culminó con el rechazo de la Cámara de Diputados a su veto sobre la Ley de Emergencia en Discapacidad, y en vísperas de una nueva derrota en el Senado, el presidente Javier Milei desató una andanada de críticas contra el Parlamento, al que calificó de estar “secuestrado por el kirchnerismo”. Frente a un auditorio repleto de empresarios y miembros de su gabinete en el Council of the Americas, el mandatario delineó un escenario de pulseada política extrema, acusando a la oposición de buscar intencionadamente la destrucción económica del país con el único objetivo de perjudicarlo electoralmente.
Con un tono que osciló entre la arenga de campaña y la denuncia grave, un Presidente visiblemente alterado, que en momentos parecía confundir sus palabras, aseguró que sus adversarios “ven en la destrucción económica una oportunidad” y agradeció de manera enfática a “los 83 héroes” diputados que respaldaron su postura fiscal, a quienes opuso frente a lo que denominó “degenerados fiscales”. Centró su estrategia en la próxima cita electoral bonaerense del 7 de septiembre, a la que presentó como un duelo definitivo para “ponerle el último clavo al cajón del kirchnerismo”.
Las acusaciones se intensificaron cuando Milei, proyectando sus propios temores ante encuestas que ubican a La Libertad Avanza en una posición de desventaja en la provincia, advirtió sobre la posibilidad de un “fraude” masivo. En sus palabras, el kirchnerismo emplearía “voto cadena, urna embarazada y punteros comprándose los colegios”, sumando lo que llamó un “fraude moral” a través de “candidaturas testimoniales” e intendentes movilizando la maquinaria estatal, una afirmación que deja en evidencia que sus propios ministros no serán candidatos.
El discurso estuvo marcado por una retórica maniquea. “Son ellos o los argentinos. No es ‘ellos o nosotros’, yo solo estoy en el medio”, proclamó, instando a la ciudadanía a elegir entre el “camino del cambio” o la “miseria e incertidumbre kirchnerista”. Sobre las leyes recientemente sancionadas a favor de jubilados, personas con discapacidad y sectores sociales, el Presidente fue contundente: afirmó que son normas que “atentan contra el superávit fiscal” y forman parte de una estrategia para “confundir a la gente”.
Notablemente ausente de su alocución fue cualquier mención al escándalo que provocó la renuncia de Diego Spagnuolo, director de la ANDIS, tras filtrarse audios que lo implicaban en una trama de presuntas coimas y donde se mencionaba a personas de su entorno íntimo.
En medio de la diatriba política, Milei intercaló pronósticos económicos de un optimismo desbordante, prometiendo un crecimiento anual del 6% que, según sus cálculos, duplicaría el PBI en 12 años y cuadruplicaría en 22, llevando al país a ser una “potencia”. Aseguró, además, haber “derrotado la inflación con crecimiento” y haber sacado a “12 millones de la pobreza”, afirmaciones que contrastan con los datos oficiales actuales.
Ante la mirada de sus ministros, incluyendo a Luis Caputo y Federico Sturzenegger —quien minutos antes había tildado de “casta” a las cámaras empresariales—, el Presidente concluyó su intervención con un mensaje de firmeza inquebrantable. “No nos vamos a correr ni un milímetro del rumbo que hemos trazado”, sentenció, utilizando como broche final el eslogan “Nunca más”; una apropiación de la frase emblemática de los derechos humanos que reconvirtió en un grito de guerra contra el kirchnerismo: “Nunca más a su miseria, a sus atropellos… Nunca más al kirchnerismo”, clamó, recibiendo una cerrada ovación de los presentes.
Horas más tarde, la arremetida continuó en sus redes sociales, donde fustigó a los senadores por la actualización de sus haberes, tildando de “cinismo” la votación de un aumento el mismo día en que, según él, aprobaron leyes para “empobrecer a los argentinos”.
