Un Crimen Brutal Reaviva el Debate sobre el Femicidio en Argentina

Un Crimen Brutal Reaviva el Debate sobre el Femicidio en Argentina

La muerte de tres mujeres en Florencio Varela conmociona al país y genera una profunda reflexión pública y judicial sobre los límites y las características de la violencia de género extrema, especialmente cuando se entrelaza con la narcocriminalidad.

Bajo un grito unánime de duelo y exigencia, «¡Basta de femicidios, basta de matarnos, todas las vidas importan!», una marea humana colmó las calles de diversas localidades argentinas el pasado miércoles. La movilización surgió como respuesta al hallazgo sin vida de Lara Gutiérrez, Brenda del Castillo y Morena Verdi en Florencio Varela, un hecho luctuoso que estremeció a la sociedad. Sin embargo, junto al dolor y los reclamos de justicia, se instaló en el debate público una pregunta incómoda y compleja: ¿puede catalogarse esta tragedia como un triple femicidio?

La hipótesis del femicidio no surge arbitrariamente, sino que se fundamenta en un protocolo específico para la investigación de estos casos. En el episodio de Florencio Varela, existen elementos concretos que alimentan esta línea de pesquisa. El contexto de profunda vulnerabilidad socioeconómica de las víctimas y el hecho de que se desempeñaran en el trabajo sexual –situación que, por la minoría de edad de una de ellas, se configura directamente como abuso– constituyen factores clave que la justicia no puede ignorar.

Las primeras indagaciones apuntan a que los crímenes podrían interpretarse como un mensaje siniestro, una posible retaliación por una deuda incumplida. Estas aristas deberán ser dilucidadas con el progreso de la causa. Lo que se erige como indiscutible es la saña desmedida y la ferocidad con que fueron cometidos los asesinatos. Esta característica de crueldad extrema y la utilización del cuerpo femenino para enviar advertencias es una marca distintiva de los femicidios que ocurren en contextos de narcocriminalidad en la región, con antecedentes alarmantes en países como México.

Al respecto, la ministra de las Mujeres, Estela Díaz, explicó a este diario: “El contexto de narcocriminalidad es tremendamente violento. En este marco, los femicidios representan las expresiones más extremas de la violencia de género, donde se observa un trato diferencial hacia el cuerpo de las mujeres, con ensañamiento, espectacularización y crueldad, tal como surgió de la autopsia”. Y añadió: “Suelen estar caracterizados por una cosificación de las mujeres, consideradas como mercancías o instrumentos de venganza entre bandas”.

Frecuentemente, la sociedad asocia el femicidio exclusivamente con la violencia ejercida por una pareja o expareja, lo que se conoce como «femicidio íntimo». No obstante, esta conceptualización es mucho más amplia. Estos crímenes pueden ocurrir tanto en el ámbito privado como en el público, ser perpetrados por desconocidos o incluso tolerados por el Estado, y often se entrelazan con otras formas de violencia estructural, como la delincuencia organizada, el tráfico de personas o los crímenes motivados por odio hacia la orientación sexual o identidad de género.

En Argentina, la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) se rige por un protocolo que establece una directiva fundamental: ante la muerte violenta de una mujer, la investigación debe iniciarse bajo la presunción de femicidio. Este enfoque no prejuzga el resultado final, sino que garantiza que la pesquisa recolecte pruebas con una perspectiva de género, identificando indicios que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos. El femicidio, así, opera como un marco teórico crucial para visibilizar un tipo de crimen históricamente ignorado.

La controversia pública en torno a la clasificación de este caso se explica, en parte, por el desconocimiento de este protocolo y su fundamento. También por la operación de ciertos sectores que intentan presentar a las víctimas como «malas víctimas», desviando el foco de la violencia estructural que las afectaba. Existe, además, una distinción clave entre el femicidio como figura legal –tipificada en el Código Penal desde 2012– y el femicidio como un fenómeno social rooted en la desigualdad de poder entre géneros.

A nivel internacional, el femicidio se define como la muerte violenta de mujeres por razones de género, ya sea en el ámbito familiar, comunitario o perpetrada o tolerada por el Estado. Las definiciones legales en América Latina llegaron después de que este concepto ganara terreno en la lucha por los derechos humanos. La ley argentina agravó el homicidio cuando se comete en un «contexto de dominación» de género, sin requerir que el agresor tenga una motivación consciente de reproducir esa desigualdad.

La violencia de género puede manifestarse a través de múltiples factores que van más allá de la relación de pareja: la saña excesiva, la selección de la víctima, la conexión con un ataque sexual o el aprovechamiento de una situación de indefensión. La mayoría de estos indicadores, según los especialistas, estarían presentes en el caso de Florencio Varela, lo que convierte a esta tragedia en un sombrío recordatorio de las múltiples caras que adopta la violencia machista y la urgente necesidad de combatirla en todos sus frentes.

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