La propuesta empresaria de un aumento de cuatro mil pesos fue calificada como irrisoria por los sindicatos. Ante la falta de consenso, el Ejecutivo anunciaría un monto cercano a los $350.000, profundizando una pérdida histórica del poder adquisitivo que ya ubica al ingreso básico argentino como el más bajo de la región.
El Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo volvió a naufragar en un nuevo intento por alcanzar un consenso. La discusión se estancó de manera definitiva tras la ínfima oferta de incremento de cuatro mil pesos presentada por los representantes del sector empresarial. En el tenso marco de las tratativas por la reforma laboral, la determinación final recaerá una vez más en el Gobierno nacional, que se anticipa resolverá a favor de los empleadores, estableciendo un ingreso mínimo próximo a los trescientos cincuenta mil pesos a partir del próximo mes de diciembre.
Las centrales obreras, con la CGT y la CTA de los Trabajadores a la cabeza, exigieron llevar el piso salarial a quinientos doce mil pesos en diciembre y a quinientos cincuenta y tres mil en abril. Por su parte, la CTA Autónoma elevó aún más la apuesta, reclamando setecientos treinta y seis mil pesos. Frente a estas propuestas, la contraparte patronal apenas esbozó una mejora de cuatro mil pesos en la inmediata y veintitrés mil adicionales para abril.
Tras un cuarto intermedio que no arrojó modificaciones en las posiciones, el desenlace quedó en manos del Poder Ejecutivo. La frustración entre los representantes de los trabajadores fue palpable. Hugo «Cachorro» Godoy, de la CTA Autónoma, lanzó una crítica mordaz durante la reunión, señalando que «los empleadores proponen como salario mínimo, vital y móvil la misma suma que invierten en una cena».
Este encuentro marca la quinta ocasión consecutiva dentro de la actual administración en que las conversaciones concluyen sin un acuerdo entre las partes. Las consecuencias de este fracaso reiterado son concretas y alarmantes: el poder de compra del salario mínimo se sitúa actualmente casi un sesenta por ciento por debajo del promedio registrado durante 2023. Expertos económicos subrayan que, para recuperar el terreno perdido y contrarrestar la inflación proyectada, se requeriría un incremento acumulado del 71,6% hasta abril de 2026.
La gravedad de la situación trasciende el presente inmediato y se enmarca en un retroceso histórico. Un análisis del Centro de Investigación y Formación de la CTA revela que, desde la asunción del presidente Javier Milei, el salario mínimo ha sufrido una depreciación del 35,2%. Esta caída se acumula a pérdidas anteriores, situando el valor real actual un 45,6% por debajo del nivel de fines de 2019 y un abismal 58,4% inferior al de noviembre de 2015. De no haber existido este deterioro continuo, el ingreso mínimo debería rondar hoy los setecientos sesenta mil pesos.
La debacle ha sido de tal magnitud que el salario mínimo ha perdido relevancia como parámetro de referencia. En la actualidad, equivale a menos de la quinta parte del sueldo promedio en el sector privado registrado, ampliando la brecha de desigualdad entre los trabajadores. Este desplome ha llevado a que su poder adquisitivo sea hoy incluso más bajo que el vigente durante la mayor parte de la década de los noventa y que el registrado en la crisis de la Convertibilidad.
Un informe reciente del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica confirma el lugar marginal que ocupa Argentina en el contexto regional. El país se ubica en el último puesto del ranking latinoamericano de salario mínimo, con un valor de apenas 225 dólares, muy por detrás de naciones como Costa Rica, Uruguay, Chile e, incluso, por debajo de Bolivia y Paraguay.
La comparación con las canastas básicas completa un cuadro desolador. En octubre, una familia tipo requirió casi cuatro salarios mínimos para superar el umbral de la pobreza, establecido en alrededor de 1,2 millones de pesos. Esta proporción revela una situación aún más crítica que la experimentada durante la aguda crisis de 2001, sellando una de las peores crisis distributivas de la historia reciente.
