Dispositivos wearables protagonizan episodios de emergencia al activar alertas automáticas. El mercado local ofrece opciones desde $20.000 hasta más de $1,5 millones, pero especialistas advierten sobre sus limitaciones y la necesidad de un uso responsable.
Un conductor pierde el conocimiento mientras maneja, impacta contra una vivienda y su reloj de Apple contacta automáticamente a las autoridades al percibir inmovilidad prolongada. En un episodio distinto, un hombre sufre una dura caída en el patio de su hogar y su dispositivo interpreta el evento como grave; ante la falta de respuesta del usuario, realiza una llamada a los servicios de emergencia. A un joven, su smartwatch lo despierta en la madrugada mediante vibraciones reiteradas, mostrando una frecuencia cardíaca extremadamente elevada. En el hospital, le diagnostican un pulmón colapsado.
Casos como estos refuerzan la noción de que los accesorios tecnológicos portátiles pueden intervenir en situaciones críticas, incluso salvando vidas. Esta capacidad ayuda a comprender por qué relojes y anillos inteligentes han transitado de ser curiosidades tecnológicas a convertirse en acompañantes cotidianos, con una presencia creciente en la Argentina y una gama de precios sumamente diversa.
Actualmente, los wearables de salud han trascendido la forma tradicional de reloj. El universo abarca pulseras de actividad económicas, anillos inteligentes, bandas pectorales e incluso sensores adhesivos. No obstante, los smartwatchs mantienen su predominio al integrar la mayor cantidad de funcionalidades en un único equipo. Su atractivo central reside en la motivación instantánea: visualizar pasos, minutos de actividad o calidad del descanso mediante gráficos sencillos fomenta una mayor conciencia sobre la rutina física y el reposo. A este incentivo se agregan las advertencias preventivas: numerosos modelos identifican alteraciones súbitas en el ritmo cardíaco, notifican sobre arritmias leves o elevaciones abruptas del pulso y pueden impulsar a quien los usa a buscar asesoramiento médico.
El sector atraviesa un momento favorable. De acuerdo con cifras recientes de la International Data Corporation, durante el primer trimestre del año en curso se distribuyeron a nivel mundial 45,6 millones de unidades de dispositivos de muñeca, lo que representa un incremento interanual del 10,5%. Los smartwatchs contribuyeron con 34,8 millones de esos equipos, mientras que las pulseras inteligentes experimentaron un crecimiento del 34%, alcanzando los 10,8 millones de unidades. La firma Huawei lideró el ranking, seguida por Xiaomi; Apple demostró un desempeño sólido en el segmento de relojes inteligentes, en tanto Samsung cedió participación de mercado frente a fabricantes de origen chino.
En el territorio argentino es posible encontrar alternativas para prácticamente todos los presupuestos, desde modelos elementales cuyo valor se sitúa apenas por encima de los veinte mil pesos hasta versiones premium que superan holgadamente el millón de pesos.
Precauciones necesarias
Pese a su utilidad, estos aparatos no sustituyen la evaluación médica profesional ni los análisis clínicos. Cumplen una función complementaria y no deben considerarse oráculos infalibles de la condición física. Los sensores aún presentan márgenes de error en mediciones complejas como el oxígeno en sangre o los niveles de “estrés”. Expertos en psicología del bienestar ya han señalado que las puntuaciones de estrés proporcionadas por muchos relojes no necesariamente se corresponden con lo que los usuarios manifiestan experimentar. El aumento del pulso puede deberse a ansiedad, pero también a entusiasmo, placer o actividad física vigorosa, matices que el dispositivo no logra discernir.
Neumonólogos y cardiólogos enfatizan otra restricción: el tono de piel, el ajuste en la muñeca, la presencia de sudor o el movimiento pueden distorsionar las lecturas de frecuencia cardíaca, saturación de oxígeno e incluso los resultados de electrocardiogramas integrados. Para personas con arritmias o hipertensión, una medición confusa podría generar alarmas injustificadas o, en el peor escenario, demorar una consulta imprescindible.
A estos aspectos se añade la delicada cuestión de la privacidad. Cada wearable recopila información sensible sobre patrones de sueño, ritmo cardíaco, ciclos menstruales, medicación o ubicación geográfica. Dichos datos no siempre están resguardados bajo estándares equivalentes a los de una historia clínica tradicional, por lo que se recomienda examinar con atención las políticas de uso y los permisos requeridos por cada aplicación asociada.
El abanico local
En el mercado argentino se consolida una suerte de pirámide de opciones. Para un primer acercamiento, el Sansei Smartwatch Básico se ofrece alrededor de los $42.000, permitiendo el conteo de pasos y el registro del sueño con prestaciones reducidas. Un escalón superior lo ocupa el X-View Quantum Trail S, próximo a los $84.900, con diseño resistente, certificación contra el agua y múltiples modos deportivos orientados a actividades exteriores.
En la franja media se posiciona el Xiaomi Redmi Watch 5 Active, con un valor cercano a los $99.999, que monitoriza ritmo cardíaco, oxígeno en sangre, sueño y actividad, acompañado por una pantalla a color y autonomía extendida. El Huawei Watch Fit 4, aproximadamente en $250.000, incorpora más de cien modos deportivos, registro de estrés y una batería que puede alcanzar los diez días de uso.
Entre los modelos de mayor popularidad sobresale el Samsung Galaxy Watch6, cotizado en unos $443.000, que incluye funciones de electrocardiograma, análisis de composición corporal y un robusto ecosistema de aplicaciones. En el entorno de Apple, el Apple Watch SE 2 ronda los $682.000, ofreciendo detección de ritmos irregulares, seguimiento de medicación, monitoreo del ciclo menstrual, control de ruido ambiental y análisis del descanso.
Para atletas avanzados se presenta el Garmin Forerunner 970, cuyo valor supera ampliamente el millón y medio de pesos (alrededor de $1.698.999), equipado con electrocardiograma certificado, sensor de temperatura cutánea y métricas detalladas de variabilidad de la frecuencia cardíaca para evaluar sueño, estrés y energía corporal.
En la práctica, la clave reside menos en el precio que en la perspectiva con que se emplea. Un dispositivo de salud en la muñeca puede brindar información valiosa y estimular hábitos más saludables. Sin embargo, es prudente considerarlo un aliado que orienta, nunca un sustituto del criterio profesional. La consulta médica permanece en el centro del cuidado personal; el wearable simplemente aporta datos y recuerda un principio elemental: ningún gráfico o alerta puede reemplazar al sentido común.
