Germán Pinazo, vicerrector de la UNGS e investigador del Conicet, advirtió que el presupuesto universitario para 2025 consolida un desfinanciamiento histórico. En una entrevista, describió el impacto concreto: salarios devaluados, puestos vacantes y el riesgo de una diáspora científica que beneficiará a otros países.
Un diagnóstico crudo y alarmante sobre el estado de la educación superior pública fue emitido este lunes por Germán Pinazo, vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento e investigador del Conicet. El académico señaló que la proyección presupuestaria para las universidades nacionales, tras años de ajustes, ratifica un recorte devastador que profundiza la crisis del sistema.
Pinazo explicó que la aprobación en curso implica, en los hechos, congelar los fondos de manera nominal, sin contemplar aumento alguno frente a la inflación. Esta medida, según sus cálculos, reducirá el gasto público destinado a universidades al 0,47% del Producto Bruto Interno. “Se trata del nivel más bajo registrado en las últimas dos décadas”, afirmó con contundencia. Para dimensionar la gravedad, realizó una comparación elocuente: “Argentina tendrá el gasto público universitario más reducido de América Latina, a pesar de contar con uno de los sistemas más grandes del mundo. Chile destinará el doble, en un contexto donde ocho de cada diez estudiantes chilenos asisten a instituciones privadas”.
El vicerrector no dudó en calificar la política del Gobierno de Javier Milei como “un ataque sistemático y coherente de destrucción al sistema universitario”, recordando que la gestión ha identificado al sector educativo y científico como uno de sus principales antagonistas. Aclaró que, si bien este deterioro no se traducirá inmediatamente en cierres masivos de facultades, sus efectos serán profundos y su reparación demandará años.
“Las universidades mantendrán sus puertas abiertas. No vamos a dejar de trabajar”, aclaró Pinazo, para luego ilustrar la consecuencia más inmediata y dramática: la devaluación extrema de los salarios docentes. “Un profesional con un doctorado en química que viene a formar a las nuevas generaciones percibe hoy un ingreso similar al de una persona que pasea perros cinco horas a la semana”, ejemplificó. Esta situación, sostuvo, está minando la voluntad de quienes permanecen por vocación. “Mucha gente hace militancia de su trabajo, pero el desgaste es progresivo. Al convocar a concursos para cubrir cátedras, los puestos quedan vacantes. La universidad ya se está deteriorando a un nivel del que le costará décadas recuperarse”, alertó.
Finalmente, Pinazo vinculó el desfinanciamiento con un riesgo mayor: la fuga de capital intelectual. “Este proceso está quebrando años de inversión y esfuerzo colectivo. Formar a un doctor requiere un compromiso enorme de la sociedad argentina. Hoy, por un puñado de monedas, ese profesional puede ser absorbido por una empresa privada en el exterior. Estamos ante la tragedia de formar talento para que aporte su conocimiento al bienestar de otras naciones”, concluyó, pintando un panorama sombrío sobre el futuro de la ciencia y la educación en el país.
