La competencia más extrema del planeta arrancó con una etapa táctica y traicionera. Mientras los pilotos nacionales brillaron en los prototipos ligeros, la organización implementó una parada reglamentaria para cambios de neumáticos, un giro estratégico que marcó la jornada y busca equilibrar la dura batalla contra el terreno.
El desierto de Arabia Saudita volvió a rugir con los motores del Rally Dakar, que inició su periplo exigente desde Yanbu con una primera sección cronometrada de 305 kilómetros. Este tramo inaugural, caracterizado por la abundancia de piedras cortantes, no solo puso a prueba la resistencia de máquinas y pilotos, sino que también introdujo una revolucionaria modificación reglamentaria inspirada en el pasado.
La novedad central fue la implementación de un pit stop obligatorio de cuatro minutos para los automóviles, un concepto recuperado de la edición de 2005. Esta medida, inédita en las recientes décadas del Raid, obligó a todos los competidores a detenerse en un punto específico del recorrido, ofreciéndoles la posibilidad de cambiar sus neumáticos. La decisión respondió a la extrema dureza del terreno y a la necesidad de probar en condiciones reales unos nuevos neumáticos desarrollados para la prueba. Para evitar ventajas estratégicas, la parada fue imperativa para todos, realizaran o no el cambio de cubiertas. Esta experiencia táctica se repetirá en la etapa del lunes y hacia el final de la competencia.
En este escenario, los representantes argentinos emergieron con fuerza, especialmente en la división Challenger, reservada para los prototipios ligeros. La jornada culminó con una celebración doble en el podio. El piloto pampeano David Zille, acompañado por Sebastián Cesana, se alzó con la victoria parcial. Tras su llegada, Zille destacó la importancia de mantener un ritmo constante y preservar el vehículo en un terreno tan traicionero, al tiempo que elogió la nueva regla del pit stop como un elemento crucial para sortear imprevistos en la etapa inicial.
Completando un día brillante para el país, el matrimonio cordobés integrado por Nicolás Cavigliasso y Valentina Pertegarini conquistó el tercer escalón. Los actuales campeones mundiales de la categoría también valoraron la oportunidad que brinda la parada reglamentaria para resolver inconvenientes, detallando el operativo preciso que ejecutaron sus mecánicos. Otros argentinos, como Kevin Benavides y Bruno Jacomy, se ubicaron dentro del selecto top ten, consolidando una actuación colectiva sobresaliente.
En el rubro de las motos, la atención local se centró en Luciano Benavides, quien con una sólida conducción logró colocar su KTM oficial en la quinta posición. El salteño enfatizó su enfoque personal en esta edición y la necesidad de inteligencia para afrontar un rally que promete definirse en su segunda semana. Sin embargo, el triunfo absoluto del día correspondió al joven español Edgar Canet, quien, con apenas 20 años, se convirtió en el ganador de etapa más joven de la historia del Dakar en dos ruedas.
Las demás categorías también definieron sus primeros líderes. En los autos, el belga Guillaume de Mevius (Mini) fue el más rápido, seguido de cerca por el qatarí Nasser Al-Attiyah. Entre los Side by Side, el francés Xavier De Soultrait se impuso, mientras que en camiones el checo Ales Loprais tomó la delantera al comando de un Iveco.
Con el parque de asistencia aún instalado en Yanbu, la caravana del Dakar se prepara ahora para una segunda etapa de enorme exigencia. El trayecto hacia Alula promete 400 kilómetros cronometrados por un paisaje sinuoso y pedregoso, donde la estrategia y la conservación volverán a ser claves en esta larga batalla contra los elementos.
