La Patagonia en Llamas: Políticas Ausentes y un Peligro que se Repite

La Patagonia en Llamas: Políticas Ausentes y un Peligro que se Repite

Dos días de incendio voraz en Chubut dejaron un paisaje devastado y evidenciaron, una vez más, la vulnerabilidad extrema de los ecosistemas patagónicos frente a la falta de prevención y la crisis climática. Expertos señalan la urgencia de planes de gestión y la dramática escasez de recursos.

Un infierno de llamas y viento consumió, en apenas cuarenta y ocho horas, doscientas hectáreas y diez viviendas en Puerto Patriada, dentro de la comuna de El Hoyo, provincia de Chubut. Las llamas, que no dieron tregua desde su inicio el lunes al mediodía, forzaron la evacuación de unas setecientas personas, entre residentes y turistas alojados en hosterías y campings. La rápida intervención del Servicio Provincial de Manejo del Fuego evitó víctimas humanas, pero no pudo contener la destrucción material y ambiental.

El intendente local, César Salamín, describió las viviendas afectadas –emplazadas en áreas boscosas– como estructuras vulnerables, expuestas a la combinación letal de vegetación seca, sequía persistente y múltiples frentes de fuego activos. El operativo desplegó a doscientos treinta combatientes entre bomberos voluntarios y brigadistas de distintas jurisdicciones, quienes batallaron contra las llamas avivadas por temperaturas elevadas y vientos incansables durante toda la noche.

Un paisaje diseñado para arder.
Sofía Nemenmann, abogada ambientalista y documentalista, explicó con crudeza el motivo de la rápida propagación: el territorio está dominado por pinares exóticos e invasores, plantaciones sin gestión que se expandieron sin control entre propiedades privadas y la montaña. Estas especies, ajenas al ecosistema local, poseen una alta inflamabilidad. Además, tras el paso del fuego –que también devora la flora nativa–, el pino exhibe una capacidad de rebrote y colonización superior, agravando el ciclo de riesgo. Para Nemenmann, Puerto Patriada era una “zona candidata” a incendiarse, un área absolutamente desatendida. La tragedia actual repite lo ocurrido hace una década, cuando un incendio similar favoreció, paradójicamente, la multiplicación de estos árboles foráneos, un fenómeno ya advertido por investigadores del CONICET.

La especialista fue contundente al criticar la respuesta habitual de las autoridades. “Automáticamente salen a buscar un culpable… y la verdad es que acá más que eso hay que empezar a trabajar en prevención”, afirmó, apuntando a una “falta de voluntad política” para invertir en lo necesario. Subrayó la urgencia de un plan de restauración y monitoreo post-incendio para evitar que la historia se repita en un corto plazo.

Alerta nacional y recursos insuficientes.
El contexto nacional amplifica la gravedad del suceso. El Servicio Nacional de Manejo del Fuego informó que dieciséis provincias, junto a la Ciudad de Buenos Aires, se encontraban en alerta por peligro extremo de incendios, una situación que se prolongaría durante la semana. Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace, advirtió que la crisis climática exige una preparación acorde al aumento en la frecuencia e intensidad de los siniestros. “Se precisa mucha más prevención, brigadistas e infraestructura”, reclamó, señalando que, si bien las provincias patagónicas incrementaron sus cuadrillas, el recorte nacional a los fondos de la Ley de Bosques y del Fondo de Manejo del Fuego las deja prácticamente sin financiamiento.

Giardini detalló que, en lo que va de la temporada, ya se han incendiado más de cuatro mil hectáreas de bosques y pastizales andino-patagónicos. El siniestro más extenso ocurrió en El Turbio (Chubut), con tres mil hectáreas afectadas, originado por un rayo. Este fenómeno, cada vez más frecuente, se vincula directamente al cambio climático, que genera tormentas eléctricas en épocas y zonas tradicionalmente secas.

La situación es particularmente crítica en las áreas protegidas bajo jurisdicción nacional, que abarcan cerca de cinco millones de hectáreas. Según Giardini, de los setecientos brigadistas necesarios para su protección, solo se cuenta con cuatrocientos. Un escenario de incendios simultáneos de gran magnitud colapsaría el ya frágil sistema de respuesta. Aunque reconoció un mayor esfuerzo de coordinación y alerta temprana entre las provincias sureñas, la combinación de viento, baja humedad y altas temperaturas puede convertir cualquier foco inicial en una catástrofe incontrolable en cuestión de horas.

Mientras el humo aún se disipa sobre Puerto Patriada, la pregunta que flota en el aire es cuántas veces más deberá repetirse esta historia antes de que la prevención y la gestión del territorio dejen de ser un discurso para convertirse en una política de Estado prioritaria y financiada.

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