Aunque las lluvias leves dieron un breve respiro, los focos activos persisten en Chubut y Neuquén. Dos combatientes sufrieron graves quemaduras, mientras las llamas amenazan viviendas y áreas protegidas. Las autoridades federales señalan presunto terrorismo ambiental, pero organizaciones ambientalistas responsabilizan al recorte de fondos y la crisis climática.
La Patagonia argentina enfrenta una crisis ambiental de proporciones alarmantes. Los incendios forestales han consumido más de veintiún mil hectáreas de bosque nativo e implantado en lo que va de la temporada, con la provincia de Chubut como la más castigada. El domingo por la tarde, una esperada lluvia llegó a la Comarca Andina y a Bariloche, brindando un momentáneo alivio a los exhaustos pobladores y brigadistas. No obstante, especialistas del Parque Nacional Los Alerces advirtieron que se trató de precipitaciones insuficientes. Para lograr sofocar las llamas, se requiere una lluvia persistente y copiosa, de al menos veinte o treinta milímetros. Aunque la humedad frena temporalmente la actividad superficial, el peligro latente de focos subterráneos que podrían resurgir con el regreso del clima seco mantiene en vilo a toda la región.
De acuerdo con los últimos reportes de la Agencia Federal de Emergencias, cuatro incendios principales permanecen activos. Dos se localizan en la provincia de Chubut, en la zona de Cushamen —abarcando Puerto Patriada, Epuyén y El Hoyo, y otro dentro del propio Parque Nacional Los Alerces—. Los dos restantes afectan a la provincia de Neuquén, en la región de Aluminé. La tragedia ha cobrado un alto costo humano. Durante las labores de combate del sábado, dos personas sufrieron gravísimas lesiones. Un brigadista profesional resultó con quemaduras en el 54% de su cuerpo, mientras que Manuel Hidalgo, un vecino voluntario de Lago Puelo, quedó atrapado por el avance del fuego en Epuyén y presenta quemaduras en el 20% de su superficie corporal. Ambos fueron trasladados de urgencia al Hospital Zonal de Bariloche, donde permanecen internados en condición delicada.
En Puerto Patriada, el trabajo de los equipos de tierra se ve constantemente desafiado por los caprichosos vientos, que reavivan sectores que se creían controlados y provocaron que la superficie afectada se duplicara en un solo día. El incendio, que se desarrolla en una peligrosa zona de interfaz donde las viviendas se entremezclan con el bosque, ha obligado a desplegar un operativo complejo para proteger infraestructura crítica, como una usina y una escuela. Para reforzar los esfuerzos, la Secretaría de Bosques de Chubut anunció la incorporación de 63 brigadistas cordobeses y 15 efectivos federales adicionales, sumando así un total de 360 combatientes en la línea de fuego y más de doscientos en funciones de apoyo.
Paralelamente, en el corazón del Parque Nacional Los Alerces, cerca de un centenar de brigadistas provenientes de otras áreas protegidas, bomberos voluntarios argentinos y chilenos, y vecinos coordinados trabajan sin descanso. Un centro operativo establecido en Lago Verde monitorea constantemente la situación, realizando guardias nocturnas y recorridos preventivos para salvaguardar a las comunidades aledañas.
Mientras la emergencia ecológica y humana se desarrolla, una polémica declaración del Ministerio de Seguridad Nacional añadió tensión al escenario. La cartera, a cargo de Alejandra Monteoliva, emitió un comunicado afirmando que “indicios preliminares” vinculan los incendios con “grupos terroristas autodenominados mapuches”, prometiendo llevar a los responsables ante la justicia por “terrorismo ambiental”. Esta acusación fue inmediatamente rechazada por organizaciones ambientalistas. Hernán Giardini, coordinador de la campaña de Bosques de Greenpeace, calificó las declaraciones como “irresponsables, injustas y estigmatizantes”, y dirigió la responsabilidad hacia el Estado: “Si hay un responsable es un gobierno que niega la crisis climática y recortó fondos para bosques, incendios y brigadistas”.
Así, la Patagonia se encuentra atrapada entre el fuego que devasta su territorio, la lucha heroica y riesgosa de sus combatientes, y un debate que trasciende lo ambiental para adentrarse en lo político y social, mientras la esperanza se mantiene pendiente de una lluvia que aún no llega con la fuerza necesaria.
