La ceremonia más importante de la música entregó sus galardones en una edición marcada por la diversidad, donde Bad Bunny rompió barreras, Kendrick Lamar dominó la escena y la política migratoria de Trump resonó en los discursos de los artistas premiados.
La magia transformadora de la música, capaz de encender pasiones y traspasar el escepticismo más firme, volvió a materializarse en la gala anual de los Premios Grammy. Millones de espectadores en todo el planeta siguieron con expectativa la ceremonia, ávidos por ver a sus ídolos alzar el icónico gramófono dorado. La edición de este domingo, celebrada en el Crypto.com Arena, honró esa tradición con una velada expansiva que supo satisfacer una amplia paleta de gustos y reconocer talentos de diversas geografías, consolidando su condición de espectáculo global.
El rapero Kendrick Lamar emergió como la figura más laureada de la noche, conquistando cinco estatuillas. Sin embargo, el momento de mayor resonancia histórica lo protagonizó Bad Bunny, quien se convirtió en el primer artista en recibir el premio al Álbum del Año con un trabajo compuesto íntegramente en español. Desde Argentina, la consagración llegó de la mano del dúo Ca7riel & Paco Amoroso, galardonado en la categoría de Mejor Álbum Latino de Rock o Música Alternativa.
La gala congregó el despliegue habitual de estrellas consagradas, figuras emergentes y leyendas vivas sobre la alfombra roja, en un ambiente cargado de dinamismo y actuaciones en vivo. Lamar, quien arrasó con nueve nominaciones, confirmó su predominio al llevarse, entre otros, el premio a la Grabación del Año por “Luther”, su colaboración con SZA. Este triunfo lo coronó además como el rapero con más gramófonos en la historia, superando la marca de Jay-Z.
La Academia de la Grabación demostró una vez más su búsqueda de diversidad al distribuir los máximos honores entre distintos artistas. Mientras Bad Bunny se alzaba con el Álbum del Año, Billie Eilish ganaba la Canción del Año por “Wildflower” y Olivia Dean era reconocida como la Mejor Artista Nueva. Lady Gaga también brilló con dos galardones por su éxito “Abracadabra”, reforzando su permanente vigencia en el panorama pop.
Más allá de los premios, la ceremonia estuvo profundamente signada por un fuerte mensaje de protesta social. El accionar del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) bajo la administración de Donald Trump fue repudiado abiertamente por varios artistas, quienes portaron prendedores con la leyenda “ICE Out”. El asesinato de Alex Pretti, un migrante baleado por agentes federales días atrás durante una manifestación, impregnó de urgencia estos reclamos.
Al recibir su premio, Bad Bunny fue contundente: “Antes de agradecer a Dios, voy a decir ¡Fuera ICE! No somos salvajes, no somos animales. Somos humanos”. Su discurso, cargado de emotividad, hizo un llamado a combatir el odio con amor y a recordar el aporte fundamental de las comunidades migrantes. La sátira política también tuvo su espacio, con el presentador Trevor Noah bromeando sobre la ausencia de Nicki Minaj, quien ha manifestado públicamente su apoyo al presidente Trump.
El segmento más conmovedor de la noche llegó con el tributo póstumo a Ozzy Osbourne, fallecido en 2025. Una superbanda integrada por Post Malone, Slash, Duff McKagan y Chad Smith ofreció una poderosa y solemne versión de “War Pigs”, el himno antibélico de Black Sabbath. Sharon Osbourne y sus hijos observaron desde el público, visiblemente emocionados, este homenaje que reunió a colaboradores y amigos del “Príncipe de las Tinieblas”, sellando con riffs de guitarra el legado imborrable de una columna fundamental de la cultura rock.
La velada, en la que se distribuyeron un total de 95 premios, confirmó que los Grammy continúan siendo un reflejo complejo y multifacético de la industria musical: un espacio donde se entrelazan el reconocimiento al mérito artístico, la celebración de la diversidad y, en ocasiones, la ineludible resonancia de los conflictos sociales del momento.
