La nueva orden ejecutiva de Donald Trump busca estrangular el suministro petrolero a la isla, generando temor a una crisis humanitaria. Mientras La Habana denuncia la medida, México y Rusia evalúan su posición como proveedores vitales.
En una escalada que profundiza un conflicto de décadas, el gobierno de Donald Trump declaró formalmente a Cuba una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta determinación, plasmada en una orden ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026, autoriza la imposición de aranceles punitivos a cualquier nación que venda o suministre petróleo a la isla caribeña. La medida busca asfixiar económicamente a un país que ya atraviesa su crisis energética más severa en años y plantea la sombría perspectiva de un colapso humanitario.
La estrategia estadounidense, según expertos, intenta repetir el juego de presión que llevó a la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, principal aliado y proveedor histórico de combustible para Cuba. Desde la intervención militar en Caracas a principios de enero, los envíos venezolanos se han detenido por completo, dejando a la isla en una situación desesperada y con reservas calculadas para apenas entre 15 y 20 días. Trump, en declaraciones públicas, ha sido categórico: «Cuba no podrá sobrevivir» sin ese apoyo.
La reacción desde La Habana no se hizo esperar. El presidente Miguel Díaz-Canel calificó la orden ejecutiva como un acto de «naturaleza fascista, criminal y genocida», diseñado para «asfixiar la economía cubana» bajo pretextos mendaces. En un mensaje televisado, el mandatario cubano reafirmó la soberanía de la isla: «Cuba es una nación libre y soberana. Nadie nos dicta qué hacer». Sin embargo, en una señal aparentemente contradictoria, su gobierno expresó disposición a «reactivar y ampliar la cooperación bilateral» con Washington para enfrentar amenazas comunes como el terrorismo y el narcotráfico.
El punto de presión: México en la mira
Con Venezuela fuera de la ecuación, México se ha convertido en el salvavidas energético de Cuba. A lo largo de 2025, las exportaciones mexicanas alcanzaron un promedio de 12.000 barriles de petróleo por día, convirtiéndose en la principal esperanza para mantener en funcionamiento hospitales, el sistema de transporte y una red eléctrica al borde del colapso. La nueva orden de Trump pone a la presidenta Claudia Sheinbaum ante un dilema geopolítico complejo.
Sheinbaum ha advertido que un corte total del suministro podría desencadenar una «crisis humanitaria de gran alcance» en la isla. Al mismo tiempo, reconoció que su gobierno no desea arriesgarse a sufrir aranceles retaliatorios por parte de Estados Unidos, su principal socio comercial. La mandataria ordenó a su cancillería entablar conversaciones urgentes con Washington para entender el alcance exacto de la medida, mientras explora alternativas, como la posibilidad de que Estados Unidos mismo gestione los envíos humanitarios de combustible.
Una población al borde del abismo
En las calles de La Habana y otras ciudades cubanas, la noticia ha generado una mezcla de ira y angustia. Los cubanos ya enfrentan apagones masivos que se extienden hasta 20 horas diarias en algunas regiones, filas interminables para comprar gasolina y una escasez generalizada de productos básicos. Para muchos, esta nueva presión revive los fantasmas del «Periodo Especial» de los años 90, pero en circunstancias que algunos consideran aún peores.
«Esto es una guerra», afirmó Lázaro Alfonso, un diseñador gráfico jubilado de 89 años, quien describió a Trump como el «sheriff del mundo». Yanius Cabrera Macías, un vendedor ambulante, expresó un sentimiento común: «Cuba es una amenaza para los cubanos, no para Estados Unidos… Al final, es el pueblo el que sufre, no los gobiernos».
Las justificaciones de Washington y el juego geopolítico
La orden ejecutiva de la Casa Blanca fundamenta la «amenaza nacional» en la acusación de que el gobierno cubano se alía con adversarios de Estados Unidos como Rusia, China e Irán, y brinda refugio a grupos considerados terroristas como Hamás y Hezbollah. El documento señala específicamente que Cuba alberga «la instalación de inteligencia de señales más grande de Rusia en el extranjero», destinada a robar información sensible.
En el ámbito político, el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, dejó en claro ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que a la administración «le encantaría ver un cambio de régimen» en la isla, aunque aclaró que no pretende provocarlo directamente. Mientras tanto, circulan informaciones no confirmadas sobre una posible mesa de negociación. Fuentes citan una reunión en México entre el general cubano Alejandro Castro Espín y un alto funcionario de la CIA para explorar una salida negociada a la crisis, incluyendo el desbloqueo de fondos para comprar combustible.
Ante la creciente presión, el gobierno de Díaz-Canel busca apoyo internacional. Rusia, a través de su cancillería, expresó su «firme disposición a continuar brindando a Cuba el apoyo político y material», aunque sin detallar la naturaleza concreta de esa ayuda. La comunidad internacional observa con preocupación cómo este nuevo capítulo de hostilidad podría no solo sumir a la población cubana en una mayor penuria, sino también desestabilizar aún más las relaciones en el hemisferio occidental, en un año ya cargado de tensiones.
