La Tormenta Perfecta: Ruido Político y Clima Externo Hunden los Activos Argentinos

La Tormenta Perfecta: Ruido Político y Clima Externo Hunden los Activos Argentinos

El índice de riesgo país se disparó por encima de los 500 puntos, mientras las acciones locales en Wall Street sufrieron desplomes históricos. La renuncia de Lavagna al INDEC y la adversidad en los mercados internacionales configuraron una jornada negra para la economía.

Una violenta ola de ventas azotó este jueves a los activos argentinos, en una de las peores jornadas financieras del año. Las alarmas se encendieron con fuerza al observar el abrupto salto del índice de riesgo país, que trepó hasta los 519 puntos básicos, marcando su mayor avance en casi tres meses y consolidándose claramente por encima de la crítica barrera de los 500 unidades. Este deterioro no fue aislado, sino la consecuencia de un combo letal que unió un clima internacional adverso con creciente nerviosismo político local.

El epicentro del temblor se localizó en los papeles argentinos que cotizan en Wall Street. Los certificados de depósito (ADRs) experimentaron caídas generalizadas y profundas. La empresa Bioceres encabezó el desplome, con una pérdida que rozó el ocho por ciento. Le siguieron de cerca entidades del sector financiero, como Grupo Supervielle, con un retroceso del 7,4%, y el Banco BBVA, que cedió un 7,1%. El malhumor contagió también al mercado local, donde el principal indicador de la bolsa porteña, el S&P Merval, cerró con una merma del 2,9% en moneda nacional.

El castigo se extendió sin piedad al mercado de deuda soberana. Los bonos emitidos en dólares prolongaron la racha negativa de las últimas sesiones. Entre los títulos Globales, las bajas alcanzaron el 0,8%, lideradas por el bono GD46. En el segmento de los Bonares, los retrocesos fueron aún más pronunciados, hasta del 1,4%, con el AL41 a la cabeza. Este movimiento alcista en las tasas de rendimiento exigidas por los inversores se tradujo de manera directa en el ya mencionado repunte del indicador de riesgo país elaborado por el banco J.P. Morgan.

Entre los factores domésticos, los analistas comenzaron a destacar con preocupación lo que ya se denomina el “efecto Lavagna”. La renuncia del titular del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) profundizó las incertidumbres sobre la credibilidad de los datos oficiales. Este malestar se agravó tras la decisión gubernamental de posponer la actualización de la base para medir la inflación, manteniendo la obsoleta referencia de 2004 en lugar de adoptar la correspondiente al bienio 2017-2018. El ministro de Economía, Luis Caputo, ratificó la postergación, argumentando la necesidad de esperar a que concluya el proceso de desinflación. Sin embargo, esta definición no pasó desapercibida para un mercado extremadamente sensible a las señales estadísticas. La situación se complejiza aún más con una misión del Fondo Monetario Internacional actualmente en el país, revisando el cumplimiento de las metas del acuerdo vigente.

El contexto global no ofreció alivio alguno. En los Estados Unidos, los principales índices de Wall Street, como el Dow Jones, el Nasdaq y el S&P 500, operaban con pérdidas cercanas al uno por ciento. Este retroceso fue impulsado por un repliegue en las acciones tecnológicas y por datos del mercado laboral norteamericano más débiles de lo anticipado. Aunque varias compañías del sector presentaron resultados trimestrales alineados o superiores a las proyecciones, sus pronósticos a futuro encendieron luces de alerta, particularmente por posibles cuellos de botella en el suministro de semiconductores esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial.

En el frente cambiario, en cambio, se respiró una calma que contrastó con la turbulencia en los otros mercados. La cotización del dólar para el ahorrista en el Banco Nación registró un leve descenso de cinco pesos, cerrando la jornada en 1.460 pesos, prácticamente sin variaciones significativas respecto al día anterior. Esta aparente tranquilidad en el tipo de cambio no logró, sin embargo, opacar el nubarrón que se cierne sobre la confianza de los inversores, quienes enfrentan una combinación de riesgos locales e internacionales que pone a prueba la frágil estabilidad económica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *