Sostienen que la flamante normativa modificará las condiciones de contratación y pondrá en jaque la tranquilidad de los hogares. «Optamos por involucrarnos y respaldar al operario», señalaron desde el gremio. Una extensa caravana de más de ciento cincuenta afiliados viajó hasta la Capital Federal para expresar su descontento en las puertas del Parlamento.
La incertidumbre se instaló en el cordón industrial portuario de Ingeniero White y Galván. Alrededor de cuatrocientos operarios del rubro aceitero transitan días de zozobra ante la inminente puesta en marcha de la nueva legislación laboral y el agravamiento de la crisis económica. Si bien hasta el momento no se han concretado cesantías en las plantas locales, el clima de inquietud es palpable y los trabajadores han decidido pasar a la acción para evitar un futuro incierto.
«No permitamos que desmantelen los derechos de los laburantes para favorecer a las corporaciones, que ya bastante reciben del Estado nacional». Con esa consigna, más de ciento cincuenta miembros del sector emprendieron una travesía de doce horas a bordo de dos ómnibus, recorriendo mil quinientos kilómetros para hacerse oír en la ciudad de Buenos Aires. La movilización, que tuvo lugar el miércoles, tuvo como destino el Congreso de la Nación, justo en la jornada en que la Cámara Alta otorgaba media sanción a la reforma que modifica sustancialmente el vínculo laboral.
Lejos de tratarse de una simple protesta simbólica, la caravana representa la cristalización de un malestar profundo que recorre al gremio en tiempos de políticas de ajuste impulsadas por la administración de Javier Milei. El temor a que la nueva normativa termine por dinamitar la estabilidad conseguida con años de lucha sobrevuela cada conversación en las fábricas y en los hogares. En el polo bahiense, la fotografía actual del empleo en el rubro muestra trescientos trabajadores directos y cincuenta indirectos desempeñándose en Galván, a los que se suman otros cincuenta que cumplen tareas cotidianas en White.
«Logramos mantener las fuentes de ingreso, no hubo despidos hasta ahora, pero la presión es constante», enfatizó Belman, referente de los trabajadores, al describir la delicada situación que enfrenta el sector. La frase, lejos de ser un mensaje tranquilizador, encierra una advertencia: la calma es frágil y el fantasma de la reestructuración recorre las instalaciones fabriles. El respaldo al operario de a pie se convirtió en la bandera del gremio, que observa con lupa cada movimiento de las empresas y del gobierno. La consigna es clara: no ser meros espectadores de un cambio que podría reconfigurar para siempre el mapa laboral de la región.
