El equipo de Costas golpeó en los momentos justos y se impuso 2-0 en el Florencio Sola, con tantos de Di Cesare y Maravilla Martínez, de penal. Banfield fue superior en el primer tramo, sufrió un gol anulado y pagó caro su falta de contundencia.
En la quietud de la noche del Sur, Racing Club extendió la mano y tomó mucho más de lo que la lógica del juego parecía ofrecerle. El equipo de Gustavo Costas visitó el Florencio Sola y regresó a Avellaneda con un botín de tres puntos que, por momentos, resultó un espejismo en comparación con lo que sucedía sobre el césped. Fue oportuno, certero y pragmático, virtudes que supo esculpir en los momentos más álgidos del compromiso para doblegar a un Banfield juvenil que empezó dominando pero terminó naufragando en su propia ansiedad. Los goles de Marco Di Cesare y Adrián “Maravilla” Martínez, este último desde el punto del penal, sellaron un 2 a 0 que, lejos de reflejar una superioridad, habla de la eficacia de un equipo que aprendió a ganar sin deslumbrar.
La Academia, que había transitado un inicio de campeonato para el olvido con tres derrotas consecutivas, empieza a enderezar el rumbo a base de resultados. Este triunfo, el segundo al hilo en el certamen y el primero en condición de forastero, llega en la antesala de un desafío mayúsculo: la visita a La Bombonera para enfrentar a Boca. Y aunque la levantada se sustenta más en el sacrificio colectivo y el orden táctico que en el brillo individual, el plantel de Costas respira un aire más puro, dejando atrás las penumbras del arranque.
El partido tuvo un guion caprichoso, de esos que el fútbol reserva para quienes lo entienden como una sucesión de instantes. Banfield, un combinado de juventud y empuje, salió a comerse el campo. Con Lautaro Gómez, Perrotta y Piñero como estandartes de una idea clara y dinámica, el Taladro se adueñó de la pelota y tejió redes por todos los sectores. Cuando la tenía, lastimaba con la movilidad de sus jóvenes promesas; cuando la perdía, asfixiaba la salida racinguista, obligando a sus volantes a girar sobre su propia sombra y aislando a los delanteros visitantes. En los primeros diez minutos, el local ya había generado dos situaciones claras que exigieron al límite las intervenciones de Cambeses. La más dolorosa, sin embargo, llegaría después: un zurdazo formidable de Ignacio Pais desde afuera del área que se colaba junto al palo, pero que el juez decidió anular por una posición adelantada del zaguero colombiano Arboleda, a quien acusó de obstruir la visión del arquero con el partido aún sin goles. Un golazo que se esfumó entre la niebla de la polémica incipiente.
Pero el fútbol no perdona la falta de puntería. Y Racing, que observaba el vendaval desde su propio campo, entendió que su chance llegaría en una ráfaga. A los 27 minutos, un tiro de esquina ejecutado por Gabriel Rojas desde la izquierda encontró a Sanguinetti despejando con los puños un cabezazo de Conechny. El rebote, largo y caprichoso, cayó en los pies de Di Cesare, que sacó un derechazo furioso para adelantar a los suyos en el marcador, sin que la Academia hubiera tejido una sola jugada colectiva de peligro. El golpe fue letal. Y antes del descanso, otro córner desde el mismo sector terminó de inclinar la balanza: un centro que encontró la mano extendida de López García dentro del área. El árbitro Pablo Dóvalo no dudó en señalar el punto penal, y desde los doce pasos, Maravilla Martínez canjeó el disparo por gol con una ejecución potente y precisa. Dos destellos, dos pelotas paradas, y la historia daba un vuelco inexplicable.
La ventaja, tan abultada como inesperada, amansó las fieras. El complemento mostró a una Academia replegada, agazapada para resguardar un tesoro que sabía excesivo, y a un Banfield que salió con el corazón en la boca en busca de la hazaña, pero sin la lucidez necesaria para vulnerar el cerrojo visitante. El técnico Pedro Troglio, desterrado a la platea por una expulsión en la primera mitad, dispuso desde la distancia una doble punta con Sepúlveda y Méndez en lugar de los juveniles Perrotta y Piñero, buscando mayor peso específico en el área rival. Pero la frescura y la claridad del primer tiempo se habían diluido en el vestuario. Racing, mientras tanto, se afirmó en su propia solidez defensiva, llegando incluso a formar una línea de tres centrales con Di Cesare, Sosa y Pardo para sofocar cualquier intento local.
Al final, el 2 a 0 fue una losa demasiado pesada para un Taladro que mira con creciente preocupación la tabla de los promedios, donde ocupa el puesto 27 y no encuentra respiro. Para Racing, en cambio, la victoria en el Florencio Sola es un bálsamo que le permite encarar el compromiso frente a Boca con otra perspectiva. Se llevó más de lo que dejó, pero en el fútbol de los resultados, esa moneda suele ser la única que cotiza en bolsa.
