El legado imborrable del juicio que cambió la historia: una muestra revive el hito que juzgó el horror en democracia

El legado imborrable del juicio que cambió la historia: una muestra revive el hito que juzgó el horror en democracia

A través de una exposición en el Parque de la Memoria, la sociedad argentina es convocada a revisitar el trascendental juicio a las Juntas Militares de 1985, un proceso que no solo sentó en el banquillo a los responsables del terrorismo de Estado sino que instauró un nuevo paradigma ético y cultural cuyo eco resuena hasta nuestros días.

En un ejercicio de memoria activa y reflexión colectiva, el Parque de la Memoria, en colaboración con Memoria Abierta, presenta una exposición que invita a la ciudadanía a redescubrir el acontecimiento fundacional que significó el juicio a las Juntas Militares. Este proceso judicial, llevado a cabo en 1985, representó un parteaguas no solo para la recuperada democracia argentina, sino para el concierto internacional de los derechos humanos. Por primera ocasión en la historia moderna, un Estado democrático utilizaba sus propias instituciones legales, sus tribunales y sus leyes, para juzgar a los artífices de un régimen de terror que había sumido al país en la oscuridad. Este acto de soberanía jurídica afirmó de manera contundente la supremacía del Estado de derecho frente a las prácticas clandestinas e ilegales del terrorismo de Estado, colocando a la nación en las antípodas del proceder del dictador que imponía penas de muerte sin proceso previo.

La muestra, titulada «Señores Jueces: Nunca más», toma su nombre de la emblemática frase pronunciada por la fiscalía al cierre de su acusación, luego de cinco meses de escuchar los desgarradores testimonios de cientos de víctimas. Aquella tarde del 11 de septiembre de 1985, esa expresión condensó dos claves esenciales que la exposición busca desentrañar. Por un lado, la firme determinación social y política de juzgar los crímenes más atroces cometidos por el Estado. Por el otro, la aspiración de reconstruir el tejido comunitario sobre una base ética sólida que impidiera para siempre la repetición de semejante barbarie.

Lejos de ser un mero repaso de hechos jurídicos, el recorrido propuesto por el Parque de la Memoria aborda el juicio como un fenómeno multidimensional. Se lo examina no solo en su dimensión política y legal, sino como un profundo acontecimiento ético, cultural y simbólico. Quienes idearon esta propuesta conciben que aquel proceso transformó de manera indeleble la cultura argentina. Supuso una mutación en el lenguaje social, político y artístico, dando origen a nuevas narrativas para expresar el horror, para validar el testimonio de los sobrevivientes y para pensar la reparación. En este sentido, el Parque de la Memoria, concebido como un espacio público donde el arte contemporáneo dialoga permanentemente con la memoria colectiva, se erige como el escenario ideal para tender puentes entre las imágenes, los gestos y los discursos de aquella sala de audiencias y las producciones artísticas que surgieron de esas vivencias o que las han reinterpretado con el paso del tiempo.

A través de un acervo que incluye documentos históricos, materiales de archivo, conmovedores testimonios y obras de arte, la exposición busca reconstruir las resonancias visuales, discursivas y emocionales de aquel momento crucial. El visitante es invitado a comprender el juicio como parte de un proceso de justicia aún en construcción, un camino sinuoso que atravesó etapas de avances significativos, retrocesos dolorosos y una insistencia inclaudicable. En ese derrotero, la fuerza más perdurable la encontró siempre en la voz firme de las víctimas y en la perseverancia insobornable de los organismos de derechos humanos, que convirtieron la demanda de verdad en un pilar de la democracia.

El relato expositivo se organiza en torno a cuatro momentos cardinales de esta historia. Se inicia con las luchas iniciales que comenzaron en plena dictadura, donde el centro de la escena lo ocupó la clamorosa demanda social por esclarecer el paradero de los desaparecidos y castigar a los culpables. Continúa con el Juicio a las Juntas como el hito fundamental que inauguró el camino del juzgamiento. Luego aborda los años de impunidad, un período signado por decisiones gubernamentales que intentaron clausurar el proceso, pero donde también germinaron múltiples iniciativas sociales y judiciales para sortear esos obstáculos. Finalmente, se detiene en la reapertura del proceso de justicia a principios de este siglo, que derivó en una expansión masiva de causas y condenas en casi todas las provincias del país, demostrando la vitalidad de aquella semilla plantada en 1985.

Este recorrido histórico permite afirmar que se hizo justicia con la convicción profunda de que no habría un porvenir sólido para la democracia si el pasado de horror no era sometido a un escrutinio público y legal. Se actuó en las antípodas del programa de impunidad que los responsables de los crímenes pretendían imponer, abogando por la no revisión de lo actuado. El proceso de justicia, visto en su conjunto, desbarató ese propósito por dos vías complementarias: puso fin a la impunidad de los máximos responsables y, quizás más importante aún, amplió la conciencia colectiva sobre la naturaleza, los métodos y las consecuencias del terrorismo de Estado. Varias generaciones de argentinos se han socializado bajo este conocimiento fundado, probado en tribunales y convertido en verdad histórica.

La exposición «Señores Jueces: Nunca más» aspira a seguir alimentando esta larga conversación social sobre el pasado. Una conversación que no admita negacionismos, relativizaciones ni tergiversaciones de todo aquello que, con inmenso esfuerzo y dolor, se ha podido saber, probar y condenar. Pero también se propone como un espacio para interrogar el presente. Revisitar aquel juicio es preguntarse cómo se sostienen hoy las condiciones de justicia, libertad y democracia que aquel acontecimiento contribuyó a fundar. A varias décadas de haber sido pronunciado, el «Nunca Más» sigue vigente como una demanda de no repetición, aunque ahora debe enfrentarse a nuevos retos y peligros en un contexto social y político siempre cambiante.

La materialización de esta ambiciosa propuesta ha sido posible gracias a la confluencia de múltiples voluntades y apoyos. Desde la institución se extiende un profundo agradecimiento a Verónica Torras, Directora de Memoria Abierta, y a todo su equipo, cuyos valiosos aportes resultaron indispensables. También se reconoce la colaboración de Martine Sin Blima-Barru, Conservadora del Patrimonio y Jefa del Departamento de Archivos Audiovisuales en los Archivos Nacionales de Francia, por permitir la exhibición de valiosos registros audiovisuales de juicios por delitos de lesa humanidad. El acompañamiento de las Embajadas de Francia, Alemania y Suiza ha sido fundamental para la realización de la muestra, así como el apoyo brindado por Natasha Steinberg, Directora de Derechos Humanos; Francisco Quintana, Secretario de Justicia; y el Ministro de Justicia del Gobierno de la Ciudad, Dr. Gabino Tapia. Un especial reconocimiento merecen los artistas y sus herederos, por la generosidad de permitir exhibir sus obras, y el Consejo de Gestión del Parque de la Memoria, por su confianza y respaldo constante. Finalmente, se destaca con emoción el trabajo cotidiano de cada integrante del equipo del Parque, el combustible humano que permite que esta institución ofrezca al público contenidos de calidad, con compromiso, responsabilidad y un genuino entusiasmo.

La exposición, que permanecerá con entrada libre y gratuita en la sede del Parque de la Memoria, ubicado en la Costanera Norte, adyacente a Ciudad Universitaria, podrá visitarse de lunes a viernes de 10 a 18, y los sábados y domingos de 10 a 19, hasta el próximo 19 de abril. Una cita ineludible para comprender el pasado, interpelar el presente y construir un futuro donde la memoria, la verdad y la justicia sean pilares inquebrantables de la democracia.

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