El expresidente demócrata declaró durante horas ante un comité de la Cámara de Representantes, negando cualquier conocimiento sobre los crímenes del fallecido magnate y mostrándose como una víctima más de su red de engaños. En un giro inesperado, Donald Trump expresó su incomodidad ante el espectáculo político.
En una jornada de alto voltaje político en Washington, el exmandatario Bill Clinton compareció este viernes ante un comité del Congreso para declarar sobre sus vínculos con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein. Lejos de mostrar fisuras, el demócrata compareció con un discurso férreamente ensayado, negando de manera tajante cualquier complicidad o conocimiento de los aberrantes crímenes del magnate.
En sus primeras palabras ante los legisladores, Clinton desechó cualquier insinuación en su contra, aferrándose a su versión de los hechos con una contundencia inusual. «No tenía la menor noción de los delitos que Epstein perpetraba. Podrán mostrarme todas las instantáneas que deseen, pero al final, lo que realmente trasciende es lo que yo percibí y, más crucial aún, lo que no pude percibir. Conozco mis actos y, lo que reviste mayor relevancia, conozco aquello en lo que no participé», manifestó el político.
El exmandatario, quien hizo públicas sus declaraciones a través de su perfil en la red social X, fue directo al afirmar: «No fui testigo de nada ni cometí falta alguna». En un intento por reforzar su postura y apelar a la sensibilidad del auditorio, Clinton reveló un detalle de su compleja infancia: «Habiendo crecido en un hogar marcado por la violencia doméstica, jamás habría abordado su aeronave si hubiera sospechado siquiera sus actividades. Más aún, lo habría puesto en conocimiento de las autoridades de inmediato».
Durante su extenso testimonio, el exgobernador de Arkansas argumentó que Epstein fue un maestro en el arte del ocultamiento. Según su relato, para el momento en que la justicia destapó su declaración de culpabilidad en 2008, sus caminos ya se habían distanciado. «Ya había cesado todo tipo de interacción con él», aseveró para desmarcarse de cualquier trato durante los años más turbios del financiero.
Clinton, fiel a su estilo, se parapetó tras la solemnidad del juramento prestado para evitar especulaciones, aunque sin ocultar cierta incomodidad por el proceso. «Mi compromiso con la verdad me impide aventurar conjeturas. No sería provechoso para nadie que yo pretendiera ejercer de investigador dos décadas después. Bajo juramento, debo ceñirme a los hechos tal y como los atesoro en mi memoria», sentenció ante sus interlocutores.
Previo a desgranar su defensa, el esposo de Hillary Clinton lanzó un dardo envenenado al comité, censurando la citación a su cónyuge. Con visible molestia, calificó la decisión de injusta, subrayando la absoluta falta de vínculos de la exsecretaria de Estado con el entramado de Epstein. «No existe conexión alguna. Hillary ni siquiera evoca haberlo conocido. Jamás viajó en su compañía ni pisó ninguna de sus residencias. Convocarla a ella, al igual que a otros miles, sencillamente no fue correcto», enfatizó el exjefe de la Casa Blanca.
En su alocución, el político también quiso tender un puente hacia las víctimas del depredador sexual, fallecido en prisión en 2019. Con un tono más mesurado, Clinton sostuvo que su presencia en el Congreso también buscaba honrar la memoria de aquellas mujeres y niñas «cuyas existencias fueron devastadas» por Epstein, y que aún aguardan un resarcimiento completo.
Mientras el testimonio de Clinton acaparaba la atención mediática en el Capitolio, una voz inesperada se alzó desde la Casa Blanca. El presidente Donald Trump, en una breve declaración a la prensa previa a su viaje a Texas, confesó su desazón por el espectáculo que se estaba desarrollando. «No es grato contemplar a un expresidente sometido a este tipo de interrogatorio. Sin embargo, debo reconocer que el trato hacia mí fue infinitamente más severo», declaró el mandatario republicano, estableciendo un paralelismo con sus propios procesos judiciales y los dos juicios políticos que enfrentó. Sus palabras, lejos de pasar inadvertidas, añadieron una capa más de complejidad a un día ya de por sí convulso en la capital estadounidense.
