En la previa a la apertura de sesiones ordinarias, Javier Milei exhibirá un contundente «5 a 0» en el Parlamento gracias a un peronismo desmembrado y una oposición que aportó los votos necesarios. Sin embargo, el brillo del éxito político contrasta con la dura realidad de una economía que expulsa trabajadores y un malestar creciente que las encuestas ya reflejan, incluso entre sus propios seguidores.
El jefe de Estado se encamina hacia el Palacio Legislativo para dar inicio formal al año parlamentario con un botín de guerra nada desdeñable: media docena de victorias en el Congreso que exhibirá como trofeos irrefutables de su capacidad de gestión. La oposición, lejos de erigirse como un dique de contención, facilitó el camino del oficialismo. El movimiento justicialista, sumergido en un laberinto de disputas internas, no logró articular una resistencia efectiva a ninguna de las iniciativas gubernamentales, allanando el terreno para que la administración libertaria legisle a sus anchas. A este coro se sumó un sector de la oposición dialoguista, que aportó los sufragios indispensables a cambio de concesiones menores y promesas de futuro, mientras que el Grupo de los Seis, que nuclea a las cámaras empresariales más poderosas del país, brindaba su respaldo explícito al plan en curso. La liturgia del poder, con todos sus ornamentos, quedaba así servida en bandeja para la consagración de un nuevo hegemón en la escena política argentina.
Pero el escenario de celebración tiene un reverso sombrío. En las afueras de ese mundo de acuerdos y palmadas, una multitud de excluidos observa la fiesta con la nariz apelmazada contra el vidrio. Son los rostros de una Argentina que se desvanece: un trabajador que pierde su empleo cada cuatro minutos, las tres decenas de empresas que bajan sus persianas por día, los asalariados empobrecidos a quienes el sueldo no les alcanza para cubrir un mes completo y los comerciantes que ven esfumarse a una clientela que ha dejado de serlo, convertida en sobrevivientes que ya no sueñan con el progreso sino con llegar a fin de jornada.
Mientras el Presidente se prepara para el acto protocolar, las preocupaciones en el núcleo duro del poder, encarnado en la figura de Karina Milei y el estratega Santiago Caputo —artífice de la conceptualización del «Milei Emperador»—, se dirigen hacia el interior del propio movimiento. El objetivo es contener el surgimiento de liderazgos propios que puedan opacar o suceder al mandatario. El caso más paradigmático es el de Patricia Bullrich, quien desde su acercamiento previo al balotaje no ha cesado de tejer su red para posicionarse como una alternativa por la derecha. Las tensiones se han hecho públicas en el seno del Ministerio de Seguridad, donde la ministra Alejandra Monteoliva resiste las directivas de su antecesora, apoyada en el respaldo de la hermana presidencial. La inquietud en la Rosada crece al compás de las encuestas que colocan a Bullrich entre los dirigentes con mejor imagen, un dato que la propia Monteoliva interpreta como parte de una maniobra en su contra orquestada por uniformados leales a la ex ministra para dejarla en una posición comprometida, una sospecha alimentada por la cobertura mediática que la presenta como una funcionaria acorralada.
La Fiesta de los Pocos y el Eclipse del Consumo
Los datos macroeconómicos que esgrime el Gobierno como estandarte de su gestión, como el crecimiento del 4,4% en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de 2025, esconden una anatomía desigual que profundiza la brecha social. El ministro de Economía, Luis Caputo, celebra el resultado, pero un análisis más detallado revela que los sectores que traccionan el índice son precisamente aquellos con escasa capacidad de generar puestos de trabajo formales. Mientras la actividad agropecuaria explotó y la minería y la intermediación financiera treparon, todas ellas redujeron sus plantillas de personal. Son los ganadores del modelo: los sectores extractivos y financieros que engordan las arcas del Tesoro y las ganancias de unos pocos accionistas, sin derramar hacia la mayoría trabajadora.
En la vereda opuesta, la industria manufacturera y el comercio —los verdaderos motores del empleo masivo— continúan su espiral descendente, expulsando a casi 120.000 trabajadores registrados en los últimos dos años. Esta debacle se refleja de manera cruel en el consumo. Los datos de la consultora Scentia para enero de 2026 pintan un panorama desolador: el consumo masivo continúa su caída libre, ubicándose en niveles ínfimos comparados con los de 2023. Supermercados, autoservicios, farmacias y mayoristas registran mermas interanuales, y la comparación con diciembre de 2025 es aún más abrupta, con desplomes de dos dígitos. El único rubro en alza es el comercio electrónico, un dato que, más que una recuperación, evidencia un cambio de hábito en un consumidor que busca precios más bajos para estirar un ingreso cada vez más magro. El arranque de 2026 sugiere que el ansiado rebote en el bolsillo de la gente es una quimera.
La Bendición del Poder Económico y el Camino del Sacrificio Ajeno
En este contexto, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, recibió en la Casa Rosada a los titulares del Grupo de los Seis, quienes rubricaron un apoyo sin fisuras al programa económico, garantizando su respaldo a un plan que, según cifras oficiales, liquida tres decenas de compañías diariamente. Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, justificó el respaldo con una frase que se volvió emblemática: algunos quedarán en el camino, pero es el peaje necesario para alcanzar la normalidad. La declaración sintetiza la lógica darwiniana que impulsa el experimento libertario, donde solo los más fuertes sobreviven en una suerte de «Juego del Hambre» económico.
La élite apoya un modelo que la potencia a través de la desregulación, el ajuste del Estado y una reforma laboral que abarata los despidos. Este esquema, reminiscente de las recetas aplicadas en la última dictadura cívico-militar y en gobiernos neoliberales posteriores, profundiza la concentración de la riqueza y transfiere los costos a los sectores más vulnerables, golpeando con especial crudeza a la clase media, ese núcleo blando que resultó decisivo en el triunfo electoral de Milei.
Sin embargo, el malestar social ya permea en las encuestas, que muestran una erosión en la imagen presidencial y un aumento de la negatividad. En un intento por preservar su relato de «outsider» enfrentado a la casta, el Presidente ha redoblado sus ataques verbales contra ciertos sectores empresariales, a quienes acusa de haber abusado de un mercado cautivo. La estrategia busca mantener viva la llama del antiestablishment, aunque en privado, los hombres de negocios más experimentados trazan paralelismos incómodos, recordando viejas máximas políticas sobre la necesidad de no mirar lo que se dice sino lo que se hace.
El camino del sacrificio del que hablan los funcionarios tiene nombres propios y fechas recientes. Una letanía de cierres fabriles, suspensiones masivas y concursos preventivos sacude el entramado productivo: desde la emblemática Fate hasta fábricas de yogures, textiles, autopartistas y alimenticias. La aceleración de esta crisis se refleja en un incremento de la conflictividad laboral, que se ha duplicado en los últimos meses. Policías se amotinan en varias provincias, docentes paran, controladores aéreos anuncian medidas de fuerza y el transporte público se detiene en el Chaco. La simultaneidad de los reclamos, que van desde la defensa de la ley de glaciares en Santa Cruz hasta los salarios de la salud, evidencia una tensión social que ya no puede ocultarse.
El Magma Social y el Ocaso de la Paciencia
Mientras la protesta gana las calles, la conducción sindical tradicional parece jugar un partido aparte. La CGT, que marchará a tribunales para pedir la inconstitucionalidad de una ley que ella misma no logró torcer, es acusada de complicidad por los trabajadores despedidos, que ven en la estrategia judicial un intento de despegarse de una reforma que, en los hechos, consagró conquistas históricas. En las antípodas, emergen expresiones gremiales combativas, alineadas con gobernadores peronistas y fuerzas de izquierda, que buscan capitalizar el descontento y construir una alternativa política capaz de canalizar el malestar y evitar una deriva anómica que podría desembocar en un experimento aún más regresivo.
Las encuestas de febrero confirman el cambio en el humor social. Mediciones de prestigiosas consultoras como Atlas Intel, Synopsis y Zuban Córdoba coinciden en un punto de inflexión: la imagen positiva del Presidente cae por debajo del 40% o roza ese umbral, mientras la negativa trepa, superando a la de otros referentes de la oposición. La evaluación de la gestión económica es lapidaria: solo uno de cada cinco argentinos la considera buena, y la percepción sobre el mercado laboral es aún más sombría. Las expectativas a futuro son mayoritariamente pesimistas: la mitad de la población cree que la economía empeorará y que su situación familiar será peor en los próximos meses.
Las preocupaciones de la ciudadanía han mutado. La corrupción, el desempleo y los bajos salarios han destronado a la inflación como principal fantasma. El análisis de Synopsis es contundente: la competitividad electoral de Milei de cara a 2027 se sostiene más por el «espanto» que genera la oposición que por el «encanto» de su propio proyecto. Su voto duro se estabiliza en un piso del 27%, mientras una mayoría abrumadora busca un cambio de rumbo. Por ahora, la debilidad de una oposición fracturada y desarticulada funciona como un dique de contención para ese descontento.
Sin embargo, la paciencia de los propios soldados libertarios comienza a agotarse. En las últimas semanas, se han multiplicado los testimonios virales de votantes que llevaron a Milei en la campaña y ahora le exigen resultados. Gobiernan más sobre la fe en un futuro prometido que sobre logros concretos en el bolsillo. Pero la fe, especialmente en una clase media sin anclajes ideológicos firmes, es un activo político extremadamente frágil, que empieza a resquebrajarse cuando el horizonte prometido, en lugar de acercarse, parece alejarse definitivamente en el retrovisor.
