El jefe de Estado dedicó su discurso a insultar a la oposición peronista y de izquierda, en un clima de tensión que incluyó cantos de la militancia libertaria desde los palcos y la impasibilidad de una vicepresidenta que observó la escena sin aplaudir. La bancada de Unión por la Patria, diezmada, respondió con carteles y gritos.
En un recinto donde la militancia libertaria, impecablemente vestida de traje, y un puñado de funcionarios nacionales superaban ampliamente en número a los legisladores sentados en sus bancas, el presidente Javier Milei encendió la mecha de un nuevo round contra el arco opositor. Con la vicepresidenta Victoria Villarruel observando impávida desde su sitial y un oficialismo que estallaba en aplausos, el mandatario utilizó la tribuna de la Asamblea Legislativa para dar inicio al período 144° de sesiones ordinarias con un discurso que rápidamente derivó en una catarata de epítetos contra el peronismo y sus referentes históricos.
“Me encanta verlos llorar, kukas”, “manga de ladrones” y “la justicia social es un robo” fueron solo algunas de las expresiones que Milei soltó a lo largo de su alocución, sin escatimar calificativos para la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner, a quien se refirió como “la jefa de la banda”. Tampoco quedó exento de sus dardos el general Juan Domingo Perón, al que tildó lisa y llanamente de “fascista”. Cada una de estas afirmaciones funcionaba como una señal para que desde los palcos superiores, repletos de jóvenes militantes y asesores gubernamentales, se desataran cánticos hostiles como “¡kukas, tiren piedras!” o “¡tobillera, tobillera!”, en clara alusión a la situación procesal de la líder de Unión por la Patria.
La escalada de agresividad verbal provocó una reacción inmediata en el jefe de la bancada peronista, Germán Martínez. Visiblemente irritado, el santafesino se puso de pie y, a los gritos, se dirigió a la presidencia de la Cámara para elevar su queja ante Villarruel, protestando por lo que consideró un ataque inédito en la historia parlamentaria por la cantidad de ofensas dirigidas a su espacio político. Pero los improperios del primer mandatario continuaron, tejiendo un abanico de descalificaciones que incluyó términos como “kukas ignorantes”, “cavernícolas”, “asesinos”, “chorros”, “deshonestos” y “parásitos”. En un pico de tensión, llegó incluso a acusar a los legisladores opositores de “golpistas”.
La respuesta presidencial a los murmullos de duda que surgían desde las bancas ante algunas de las cifras que recitaba desde el atril -elevado sobre una doble tarima- fue una frase que repitió como un latiguillo: “Suman con dificultad”. La izquierda también fue objeto de sus burlas. A Myriam Bregman la bautizó como la “Chilindrina troska”, mientras que a Nicolás del Caño le espetó que su fuerza política no representa a los trabajadores porque “no son más del cinco por ciento”.
En los palcos, la complicidad con el discurso presidencial era total. Tanto el asesor estrella Santiago Caputo como el influencer Daniel Parisini, más conocido como “Gordo Dan”, se mostraron exultantes, celebrando cada pausa del mandatario y coreando “¡presidente, presidente!”. Este último, conocido por su actividad como agitador en redes sociales, protagonizó varios cruces de gestos y palabras con la diputada Bregman, quien no dudó en responderle: “Te hacés el guapo porque estás al lado de Santiago Caputo”, en una punzante referencia al poder que concentra el funcionario al frente de la Side y otras áreas sensibles del Ejecutivo.
La bancada peronista, lejos de presentar su máximo caudal, evidenció la decisión de varios de sus miembros de no asistir a lo que ya preveían como un show de agravios. Del bloque de La Cámpora, por ejemplo, solo dijeron presente la santafesina Florencia Carignano y el bonaerense Horacio Pietragalla, mientras que el resto de la organización optó por ausentarse.
En el tramo de su mensaje dedicado a los logros legislativos, Milei reservó un lugar de privilegio para la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El presidente destacó su labor de negociación en el Senado, que según enumeró, permitió al oficialismo cosechar cinco triunfos en las sesiones extraordinarias: la reforma laboral, el régimen penal juvenil, el acuerdo Mercosur-UE, el pliego de Fernando Iglesias como embajador y la media sanción de la Ley de Glaciares. El cálido intercambio de besos y abrazos entre ambos, mientras los palcos coreaban el nombre de la ministra, contrastó con la mirada perdida de Villarruel y el olvido total de la oposición dialoguista que hizo posible esas normas.
Justamente la vicepresidenta fue otro de los centros de atención, aunque por su mutismo. Desde el frío saludo inicial con el Presidente, casi imperceptible, hasta su actitud durante el discurso, Villarruel optó por un papel secundario. Mientras Milei hablaba, ella se dedicó a chatear con su teléfono móvil, observar las reacciones en los palcos, beber agua y, significativamente, no aplaudir en ningún momento. La tensión se hizo palpable cuando el mandatario, al intentar justificar el fracaso de sus políticas por el “golpismo opositor”, soltó una frase envenenada: “luego de nuestro triunfo en las elecciones de la Ciudad, comenzó a digitarse un ataque sin precedentes… que tomó su punto más alto luego de las elecciones de septiembre en la Provincia, algo que a opositores y propios, digamos, lo hacía soñar con abrazar el sillón de Rivadavia”. Un gesto de cabeza del Presidente selló la complicidad de la acusación hacia su propia compañera de fórmula, a quien las cámaras oficiales solo enfocaron en ese instante.
Los cruces con la oposición se sucedieron sin pausa. La diputada Kelly Olmos, a quien Milei llamó “poeta” en varias oportunidades por una oda peronista que ella había leído en otra sesión, le gritó “delirante” desde su banca. Más tarde, cuando los legisladores kirchneristas corearon “¡Spagnuolo!” en referencia al escándalo por presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad, el Presidente estalló. “¡Saben que los audios son falsos, sabe que el que declaró ya dijo que era mentira, pero sigan así ustedes mintiendo a la gente!”, farfulló fuera de sí. Desde los escaños, los clásicos carteles de protesta no faltaron: “Libranos del mal $” y “¿Dónde está Espert?”. La izquierda también mostró los suyos, reclamando por los despidos en la empresa Fate, mientras Bregman exhibía uno que rezaba “gatito mimoso de Trump”, ironizando sobre el alineamiento del libertario con el mandatario estadounidense.
Finalmente, tras más de una hora de un discurso que muchos calificaron como el más violento de su gestión, superando incluso los ataques al radical Facundo Manes en la apertura de 2025, Milei dio por inaugurado el período de sesiones. Fue su quinta alocución en el Congreso, y a diferencia de otras ocasiones, la militancia lo respaldó desde los palcos, pero no desde las calles, que permanecieron vacías aunque fuertemente valladas.
El espectáculo presidencial contó con la presencia eufórica de su gabinete en pleno, desde el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, hasta los ministros de Economía, Luis Caputo, y de Desregulación, Federico Sturzenegger, entre otros. Sin embargo, el telón no cayó del todo. Al concluir la ceremonia, Germán Martínez se acercó al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, para reclamarle airadamente. Según fuentes presentes, el santafesino le habría reprochado: “Me habías dicho que en la Asamblea Legislativa iba a haber un presidente enfocado, confrontando gestión con gestión”, dejando en evidencia la molestia por un acuerdo de “moderación” que, a su entender, el riojano no cumplió.
