El mandatario argentino cerró su gira internacional con un encendido discurso ante 7.000 seguidores en el Palacio de Vistalegre, donde equiparó al presidente español con el kirchnerismo y reivindicó la figura de Donald Trump como estandarte global contra el «socialismo del siglo XXI»
Con la épica de Panic Show de La Renga retumbando en los altavoces y una multitud de aproximadamente 7.000 almas congregadas bajo su manto retórico, Javier Milei irrumpió en el escenario madrileño del Palacio de Vistalegre para consumar lo que sería la pieza final de su periplo allende los mares. El líder libertario, que había iniciado su travesía en Estados Unidos, pasado por tierras chilenas y culminado en la península ibérica, encontró en el Madrid Economic Forum el púlpito ideal para descargar toda la artillería dialéctica que lo caracteriza ante un auditorio compuesto por economistas, emprendedores, operadores financieros y entendidos en el críptico universo de las criptomonedas.
La arenga presidencial no tardó en teñirse de los tonos beligerantes que han moldeado su identidad política. En su alocución, el mandatario argentino apuntó sus dardos envenenados contra la que denominó «maldita justicia social», presentándola como una entidad demoníaca responsable de las penurias que aquejan a las naciones. Pero el blanco predilecto de sus invectivas resultó ser el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, a quien no dudó en calificar de «impresentable» mientras trazaba un paralelismo provocador entre el gobierno socialista ibérico y el fenómeno kirchnerista que asoló su patria durante años.
En su perorata, Milei se despachó con una colección de epítetos y conceptualizaciones que hicieron las delicias de los asistentes. Denostó al socialismo como una ideología que conculta los derechos fundamentales a la existencia, la autonomía y la posesión de bienes, erigiéndose en verdugo de las libertades individuales. «Es una bazofia repugnante que nos sumerge en el abismo», exclamó desafiante, para luego sentenciar con su característico desparpajo que «la filantropía no puede ejercerse bajo la coerción de las armas». En esa línea argumental, agregó una reflexión punzante: «Resulta asombroso constatar cuán dadivosos pueden mostrarse ciertos individuos cuando quien padece las consecuencias en su peculio es el prójimo».
El jefe de Estado argentino extendió su ira hacia el sector empresarial, reeditando las críticas que ya había esbozado durante su participación en la Argentina Week neoyorquina. Sin ambages, señaló con el dedo acusador a los capitanes de la industria, mencionando explícitamente a Paolo Rocca, patrón del emporio Techint, y a Javier Madanes Quintanilla, titular de Aluar, a quienes tildó de «corruptos» y acusó de intentar someter al Gobierno a un chantaje económico. Según la mirada presidencial, la resistencia a la apertura indiscriminada de importaciones no sería más que una estratagema para preservar privilegios. «Lo que verdaderamente se debate en mi país es la continuidad de ciertos empresarios inescrupulosos en su práctica de ‘cacería’ dentro del zoológico protegido. Argentina ostenta el dudoso honor de ser la economía más hermética del orbe, y todas esas patrañas sobre una liberalización desmedida no son más que falacias que pretenden instalar en el imaginario colectivo», enfatizó con vehemencia.
El tramo culminante de su intervención estuvo dedicado a establecer un contrapunto entre Sánchez y Trump. El libertario insinuó que, de existir un banco central español autónomo del europeo bajo la gestión del actual inquilino de La Moncloa, el descalabro financiero superaría incluso al que atraviesa su nación. Acto seguido, elevó una plegaria laica en honor al mandatario estadounidense, a quien atribuyó el mérito de estar desmoronando los cimientos del socialismo contemporáneo. «Gracias al temple y la osadía de Donald Trump, ese engendro ideológico se desintegra por momentos, y ya no resulta quimérico anhelar una Cuba liberada de sus ataduras», proclamó ante el enardecido público.
La pomposa autodenominación del evento como «la cumbre más trascendente en la historia de España» congregó a un elenco variopinto de expositores entre los que se contaban Miguel Anxo Bastos, catedrático de Ciencias Políticas; los economistas Juan Ramón Rallo, Daniel Lacalle y Eduardo Garzón; la empresaria Marta Marcilla; el jurista Hermenegildo Altozano, y Manuel Llamas, director del Instituto Juan de Mariana. Los accesos a este templo del pensamiento ultraliberal alcanzaron precios estratosféricos que oscilaron entre los 49 y los 2.500 euros, cifra que en moneda argentina representa una horquilla que va desde los 78.000 pesos hasta los cuatro millones, en función de las prebendas y cercanías que cada bolsillo pudiera costear.
Antes de su aparición estelar en el foro, Milei departió cordialmente con Santiago Abascal, líder de la formación Vox, y con Jesús Huerta de Soto, máximo exponente local de la escuela austríaca de economía, ocasión en la que lució con orgullo el emblemático mameluco de YPF que ya se ha convertido en seña de identidad. La agenda extraoficial incluyó también encuentros en el céntrico Hotel Hyatt con Martín Varsavsky, reconocido hombre de negocios, y su consorte Nina, así como una ceremonia de distinciones en memoria del teórico liberal Ludwig von Mises, conducida por el alemán Philipp Bagus, autor del ensayo «La era Milei: El despertar libertario». Este último mantiene vínculos tan estrechos con el oficialismo argentino que, según revelaciones periodísticas, logró que la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, designara a su compañera sentimental, la española Eva María Carrasco, al frente del Colegio Mayor Argentino en Madrid, con una retribución mensual que alcanza los 7.500 euros.
Resulta significativo señalar que la visita a la capital española transcurrió por completo al margen de cualquier encuentro protocolario con representantes del gobierno de Sánchez, ni contempló actividades orientadas a fortalecer los lazos diplomáticos o comerciales entre ambas naciones, evidenciando el carácter estrictamente ideológico y militante de esta travesía presidencial por el viejo continente.
