Entre gestos de unidad y una agenda signada por la grieta interna, el Gobierno falla en su intento por clausurar el escándalo que envuelve al jefe de Gabinete

Entre gestos de unidad y una agenda signada por la grieta interna, el Gobierno falla en su intento por clausurar el escándalo que envuelve al jefe de Gabinete

A contramano de la estrategia oficial para desactivar la polémica, Manuel Adorni convocó a sus eventuales sucesores y selló una foto política con su principal antagonista dentro del espacio. Sin embargo, la jugada derivó en una nueva catarata de cuestionamientos en las redes, mientras Karina Milei profundiza sus movimientos para reconfigurar el tablero de poder en los servicios de inteligencia.

La Casa Rosada volvió a tropezar con la misma piedra. Lo que el Gobierno pretendió como un cierre institucional para sepultar la creciente controversia alrededor de Manuel Adorni se transformó, apenas 24 horas después, en un nuevo capítulo de erosión política. Este jueves, el jefe de Gabinete desplegó una intensa jornada de reuniones en el corazón del poder ejecutivo, en la que confluyeron varios de los ministros que en las últimas semanas fueron señalados como eventuales reemplazantes en caso de que el círculo más íntimo del oficialismo decidiera apartarlo. La paradoja no pasó desapercibida: muchos de esos mismos funcionarios habían brillado por su ausencia en la conferencia de prensa que el propio Adorni encabezó el día anterior para intentar dar por cerrado el caso.

En una maniobra destinada a transmitir una imagen de solidez institucional dentro de La Libertad Avanza, Adorni convocó a Patricia Bullrich a la sede gubernamental. La expresidenta del bloque oficialista en el Senado y actual titular de la cartera de Seguridad hasta hace escasas semanas no es una figura cualquiera en el entramado interno: se trata de su principal contendiente en la puja por la Jefatura de Gobierno porteño, una disputa que hasta ahora había dejado al descubierto las tensiones latentes en el oficialismo. La foto posada que ambos difundieron en sus redes sociales pretendía demostrar que no existen “fisuras” en el espacio violeta. Sin embargo, el efecto fue inverso. Los comentarios en las plataformas digitales derivaron rápidamente hacia un terreno incómodo: miles de usuarios comenzaron a preguntarse por el valor del reloj que lucía Adorni en la imagen, reinstalando de lleno el eje de discusión en el patrimonio del ministro y en las inconsistencias que, con el correr de los días, no cesan de ensancharse.

Mientras tanto, el expediente judicial vinculado al vuelo privado que utilizó el exvocero presidencial junto a su familia para viajar a Punta del Este continúa su curso, y las declaraciones juradas del funcionario enfrentan un escrutinio cada vez más minucioso. A medida que avanza la investigación, surgen nuevos bienes no declarados pertenecientes a la pareja del jefe de Gabinete, lo que profundiza la fragilidad de su posición y alimenta las especulaciones sobre su permanencia en el cargo.

En ese contexto, la interna oficialista no solo no se apaciguó, sino que encontró nuevos motores para intensificarse. No son pocos los actores dentro del propio Gobierno a quienes les resulta funcional que la figura de Adorni se desgaste. Entre ellos, Bullrich había mantenido un silencio elocuente: cuando el resto del gabinete respaldó públicamente a Adorni semanas atrás, ella no suscribió ningún mensaje de apoyo. Y mientras el ministro atravesaba las horas más complejas del escándalo, la dirigente optó por mostrar en sus redes una agenda descontracturada, con apariciones en el Lollapalooza o disfrutando de sánguches de milanesa. Por eso, la foto de este jueves fue leída por muchos como una tregua forzada, más que como una demostración genuina de cohesión.

Lejos de clausurar la polémica, la estrategia comunicacional del oficialismo derivó en un nuevo foco de ruido. Las reuniones de Adorni se extendieron durante la jornada con otros dos miembros del gabinete que también fueron mencionados en las quinielas de potenciales reemplazos: Sandra Pettovello, al frente de la cartera de Capital Humano, y Diego Santilli, titular del Ministerio del Interior. Ambos habían estado ausentes en la conferencia de prensa que el jefe de ministros ofreció para intentar justificar su patrimonio. Si bien desde sus entornos se confirmaron los encuentros, el funcionario evitó difundir imágenes con ellos, a diferencia de lo que hizo tras su reunión con el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, cuyo registro sí compartió en sus cuentas oficiales.

La agenda del viernes, según indicaron allegados a Adorni, incluirá reuniones con el ministro de Economía, Luis Caputo, y con la actual titular de la cartera de Seguridad, Alejandra Monteoliva. Pero el punto culminante de la semana será su participación en un acto junto a Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, en la inauguración del Centro de Formación de Capital Humano, un evento que estará encabezado por Pettovello. La figura de Karina Milei, que tampoco asistió a la conferencia de prensa del jueves aunque luego compartió una imagen con Adorni en sus redes, se perfila como una pieza clave en la reconfiguración de los equilibrios internos.

En ese tablero, el vínculo entre Karina y Santiago Caputo, el asesor presidencial sin rango formal, sigue siendo un punto de tensión irresuelto. A pesar de que Caputo intentó mostrarse en las últimas horas como un actor colaborador en la defensa del jefe de Gabinete, con encuentros previos y posteriores a la conferencia, la desconfianza que la hermana del Presidente le profesa no ha cedido. En medio de versiones que indican que Karina Milei podría retirarle el control sobre la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), trascendió que impulsará en el Congreso la designación de su armador político, Sebastián Pareja, al frente de la Comisión Bicameral de Inteligencia, el órgano legislativo encargado de supervisar el accionar de la SIDE y el resto de las agencias de inteligencia del Estado. Con ese movimiento, la facción más dura del oficialismo busca consolidar su dominio sobre un área estratégica, en paralelo a la crisis de imagen que aún mantiene en vilo al jefe de Gabinete.

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