Nacida en 2016 como respuesta a la falta de empleo, la cooperativa textil Texmalar sobrevive con ventas directas, calidad certificada por sus clientes y un reclamo de fondo: que el “compre local” no sea solo una consigna electoral, sino una política sostenida.
En un rincón del pasaje María del Carmen, en la intersección de calles que llevan nombres de santos y memorias barriales, un grupo de mujeres convierte el hilo en resistencia. Estela Barraza y Karen Villanueva, dos de las integrantes de la cooperativa textil Texmalar, repasan la historia de un emprendimiento que nació con la urgencia del sustento diario y que, casi una década después, sigue demostrando que la producción local no solo es posible, sino necesaria.
El origen de esta organización se remonta a 2016, cuando la ausencia de oportunidades laborales empujó a un grupo de trabajadoras a unirse. “Nosotros ya veníamos trabajando, pero como cooperativa nos conformamos en 2016. Y fue por el tema de la falta de trabajo, lo mismo que pasa ahora”, recordaron sus fundadoras. Aquel contexto de incertidumbre las llevó a comprender que la formalización no era un mero trámite, sino una herramienta habilitante para operar con empresas, emitir facturas y sostenerse dentro del marco legal. La figura cooperativa se erigió así como un escudo y una plataforma.
Los inicios tuvieron el sabor de la inventiva pura. Antes de contar con un taller consolidado, las ventas se realizaban puerta a puerta, con un despliegue artesanal que combinaba el esfuerzo con la creatividad. “Íbamos con el auto, hacíamos ponchitos, íbamos a la plaza del centro, poníamos una soga y los colgábamos. Íbamos escuela por escuela vendiendo, era todo una forma de hacer la diaria”, evocaron. Aquella etapa forjó una identidad basada en la autogestión, un sello que aún hoy las define.
Actualmente, la cooperativa está integrada por seis personas —mayoritariamente mujeres— y se sostiene mediante un esquema de recorridas permanentes. “Recorremos obra por obra, no queda de otra. Acá no hay mucho movimiento de construcción, entonces eso nos está salvando el día a día. Somos muchas mujeres que somos sostén de familia, hay que salir a pelearla”, señalaron con crudeza. La cartera de clientes se concentra en Ushuaia, donde pequeñas constructoras encontraron en Texmalar un aliado estratégico: “Les resulta el precio y la cantidad. Tenemos calidad y el producto es económico”.
La fidelidad de quienes compran sus productos año tras año es, para ellas, el termómetro más confiable de su trabajo. “Todos los años vuelven los clientes, eso quiere decir que el producto que hacemos no es malo. Nos preocupamos para que sea de calidad y vamos agregando lo que los trabajadores nos piden para que sea más cómodo”, detallaron. Entre los artículos que elaboran se destacan mamelucos, chalecos, indumentaria térmica, sábanas, cortinas y ropa laboral en general. A esa oferta sumaron una línea de mamelucos accesibles destinada a estudiantes de escuelas técnicas, pensando en la economía de las familias: “Sabemos que están caros, entonces hicimos un producto donde sea económico para los padres. Si se juntan entre dos o tres, se les puede hacer un precio”.
La dinámica productiva combina el trabajo en el taller con la labor domiciliaria. “Mayormente somos mujeres que hemos trabajado en textiles. Tenemos máquinas en el taller, pero algunas compañeras trabajan desde sus casas cuando es necesario”, explicaron. Pero más allá de la logística, lo que estructura su identidad es una concepción del trabajo heredada de la militancia sindical: “Venimos de una rama de la lucha sindical, tenemos otro concepto del trabajo. No se trata de explotar a la gente, sino de que sirva para todos”.
A pesar de los logros, el crecimiento se presenta como una cuenta pendiente atravesada por la falta de demanda sostenida. “Nos encantaría tener más gente y ser no seis, sino veinte. Pero depende del trabajo que salga”, advirtieron. En ese punto, el reclamo se vuelve contundente: la cooperativa echa en falta una política estatal efectiva de compra local. “Siempre se habla de ‘compre local’, pero nosotros hemos ido a ofrecer nuestros productos y no compran. Hay cosas que podrían comprarnos a nosotros”, afirmaron con una mezcla de decepción y certeza. “Ellos conocen nuestro trabajo. Cuando llegan las elecciones, todos pasan por el taller, saben lo que hacemos”.
Pese a los obstáculos, las integrantes de Texmalar defienden con convicción el valor de lo que producen. “Acá se produce y se produce muy buena calidad. Hay emprendedores que hacen cosas buenas. No necesitamos irnos afuera para abastecernos”, sostuvieron. Su llamado final apunta a la construcción de una red solidaria entre trabajadores: “No estamos diciendo que no compren en otros lugares, pero ayudarnos entre trabajadores es fundamental. El dinero queda acá en la isla y eso también ayuda a todos”.
Quienes deseen conocer más sobre esta experiencia o realizar pedidos pueden comunicarse al teléfono 2964415347. El taller se encuentra en pasaje María del Carmen 2440, en el tramo de la calle Lugones comprendido entre Don Bosco y Forgacs, donde el rumor de las máquinas de coser sigue tejiendo, puntada a puntada, una economía posible y justa.
