Ruptura en ascenso: Argentina expulsa al principal diplomático iraní y reabre viejas heridas de los atentados de los años 90

Ruptura en ascenso: Argentina expulsa al principal diplomático iraní y reabre viejas heridas de los atentados de los años 90

El gobierno argentino declaró persona no grata al encargado de negocios de la República Islámica en Buenos Aires, Mohsen Soltani Tehrani, a quien otorgó un plazo de 48 horas para abandonar el territorio nacional. La medida profundiza el alineamiento internacional del país sudamericano y acerca a las naciones a una fractura total de sus lazos bilaterales, en un contexto global marcado por la reconfiguración de alianzas y la tensión en Medio Oriente.

En un movimiento que reaviva fantasmas del pasado y sacude el tablero diplomático, el Gobierno argentino resolvió la expulsión del máximo representante iraní acreditado en Buenos Aires, una decisión que no hace más que evidenciar el deterioro irreversible de una relación históricamente tormentosa. Se trata de Mohsen Soltani Tehrani, quien ejercía como encargado de negocios de la embajada de Irán y fue declarado “persona non grata” por las autoridades locales. Al funcionario se le concedieron apenas dos jornadas para hacer sus maletas y marcharse del país sudamericano, un gesto de máxima dureza que pocos antecedentes registra en las últimas décadas. Esta medida, lejos de ser un hecho aislado, se inscribe en una escalada que comenzó cuando la Casa Rosada decidió incluir a la Guardia Revolucionaria iraní en su listado de organizaciones terroristas, un paso que selló su alineamiento con la postura de Washington y Tel Aviv.

La crisis actual viene a suturar heridas que nunca terminaron de cicatrizar. El fantasma de los atentados perpetrados en la década de 1990 —el ataque contra la Embajada de Israel en 1992 y la voladura de la sede de la AMIA en 1994— sigue planeando sobre cada capítulo de este forcejeo bilateral. La escasa colaboración prestada por Teherán para esclarecer aquellos crímenes, sumada a la frustración argentina por la falta de avances judiciales, ha sido una fuente inagotable de desconfianza. El especialista en Medio Oriente Said Chaya, en una entrevista brindada al programa Infobae en Vivo A las Nueve, recordó que no es la primera vez que ambos países rozan la ruptura total: a finales de los años 90, los vínculos ya habían quedado reducidos a su mínima expresión. Según el analista, lo que hoy ocurre es consecuencia directa de la orientación internacional del presidente argentino, pero también del nulo acercamiento iraní para colaborar en la resolución de las causas judiciales pendientes.

Ante la consulta sobre si esta escalada implica un estado de guerra entre las dos naciones, Chaya fue tajante al calificar esa posibilidad como una exageración. No obstante, reconoció que la disputa es mayúscula y que, en treinta años de democracia ininterrumpida, ningún mandatario argentino logró sostener un vínculo razonable con la República Islámica. El único intento serio en ese sentido, recordó, fue el malogrado memorándum de entendimiento firmado durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, un acuerdo que terminó siendo declarado inconstitucional y que el especialista describió como un intento pésimo de acercamiento para buscar una salida al laberinto de la impunidad. En los hechos concretos, subrayó Chaya, no hay una declaración bélica avalada por el Congreso, pero sí una coyuntura de fuerte rivalidad ideológica con un país con el que jamás se mantuvo una relación excelente.

El impacto de esta decisión argentina resuena más allá de sus fronteras y obliga a preguntarse qué postura adoptarán los países del denominado Tercer Mundo o periferia global. Chaya observó que, al revisar los discursos pronunciados en la ONU durante las últimas cinco semanas, lo que predomina es un doble juego: la mayoría de las naciones han criticado tanto los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán como la respuesta iraní hacia sus vecinos del Golfo Pérsico. Sin embargo, no se ha visto un involucramiento contundente, ni por parte de los socios europeos ni de Washington, y mucho menos de las potencias emergentes. En este escenario de confrontación global, el analista advirtió que los conflictos del siglo XXI ya no se resuelven con tratados de paz solemnes, sino que permanecen latentes después de los cese del fuego y se proyectan durante años. Irán, explicó, busca una solución duradera que le garantice que la actual escalada no volverá a repetirse, lo que incluiría exigencias como el desmantelamiento o la inutilización de las bases militares estadounidenses en el Golfo.

Pero ese objetivo choca con una realidad inquietante: los países árabes se sienten más desprotegidos que nunca después de los recientes ataques con misiles, y difícilmente aceptarán deshacerse del paraguas de seguridad que les proporciona Washington hasta tanto no logren autonomía plena en materia de defensa. Esta tensión, lejos de apaciguarse, está acelerando una peligrosa carrera armamentística en la región. Frente a un vecino como Irán, los Estados tienen dos caminos, según Chaya: reforzar su dependencia de Estados Unidos para fortalecer su aparato militar, o invertir masivamente en investigación y desarrollo de defensa propia para ganar independencia de actores externos. En cuanto a la situación particular de Argentina, el especialista quiso llevar tranquilidad al afirmar que el trabajo de Hezbolá en el país austral no ha estado orientado al entrenamiento de tropas ni a la preparación de atentados en los últimos años, sino más bien a la utilización del territorio como zona de lavado de dinero. Aun así, respaldó cualquier medida que el Gobierno considere necesaria para resguardar la seguridad nacional en este nuevo capítulo de tensiones globales.

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