Un fogonazo de Manuel Insaurralde le otorgó el triunfo al Ciclón ante Estudiantes, en un encuentro donde la lluvia fue testigo de la ilusión renovada del conjunto de Boedo. El Pincha, por su parte, sufrió la expulsión de Tomás Palacios y vio frustrado su intento por treparse a la cima de la Zona A.
En una noche donde el agua cayó sin piedad sobre el Bajo Flores, el fútbol decidió vestirse de heroísmo local. San Lorenzo quebró la paridad ante Estudiantes de La Plata por la mínima diferencia, en un cotejo correspondiente a la decimotercera jornada del Torneo Apertura, y logró así un triunfo que lo deposita momentáneamente en zona de clasificación a los play-offs. La celebración, empapada pero genuina, contrastó con la profunda decepción de un Pincha que no solo se marchó con las manos vacías, sino que además vio cómo sus aspiraciones de alcanzar las posiciones más privilegiadas de su grupo sufrían un duro revés.
El desarrollo del encuentro tuvo una chispa inicial que bastó para encender el alma del Ciclón. Apenas en su primera aproximación seria al arco rival, el conjunto dirigido por Gustavo Alvarez —que oficiaba de anfitrión por vez primera ante su público— encontró el premio a su osadía. La jugada nació desde la movilidad incesante de Ezequiel “Perrito” Barrios, quien con su habitual desequilibrio por el sector izquierdo se llevó puesto a Agustín Piovi tras un hábil quite de espacios. Sin pensarlo dos veces, Barrios cedió hacia atrás para la aparición sorpresiva de Manuel Insaurralde. El mediocampista, con una marca más bien laxa sobre sus espaldas, no necesitó domar el esférico: soltó un latigazo seco y violento que, cual flecha traicionera, atravesó las piernas de Gonzalo González Pírez y se incrustó en el fondo de la red, desatando la locura bajo la tormenta.
Lejos de amilanarse, Estudiantes reaccionó de inmediato con la rebeldía de quien no acepta la derrota temprana. Un avance electrizante de un atacante visitante —cuyo nombre es sinónimo de peligro constante— obligó a una infracción táctica manifiesta: Gulli, defensor local, recurrió a un claro tirón de camiseta para interrumpir la corrida, acción que el árbitro sancionó con una tarjeta amarilla en forma inmediata. A partir de ese momento, el trámite se volvió un ida y vuelta frenético, con el Ciclón mostrándose sólido en el retroceso y letal a la contra, mientras que los dirigidos por el Cacique Medina acumulaban ocasiones clarísimas para restaurar la igualdad. Las más diáfanas tuvieron como protagonista al veloz extremo, quien en dos oportunidades consecutivas estrelló sus remates contra la envergadura del guardameta Gill y el poste salvador. En el rebote, Tiago Palacios, con el arco a merced, no logró empujar el balón; más tarde, Meza probó suerte con un disparo que encontró las manos seguras del portero paraguayo, que se erigió como un muro infranqueable.
Sin embargo, la noche se tornó aún más negra para la visita cuando Tomás Palacios, defensor central del Pincha, vio la luz roja directa tras una infracción que el juez consideró merecedora de la expulsión. Con un hombre menos y el cronómetro avanzando, Estudiantes perdió toda posibilidad de arrinconar a su adversario. San Lorenzo, inteligente en la gestión de la ventaja, supo resguardar el resultado con oficio y entrega colectiva, celebrando al final tres puntos que, bajo el agua torrencial, supieron a épica y a renacer. El sueño de los play-offs, de a poco, comienza a tomar forma en Boedo.
