El regreso de las 12 cuotas sin interés no logra reactivar un consumo golpeado por la recesión

El regreso de las 12 cuotas sin interés no logra reactivar un consumo golpeado por la recesión

A pesar de la flexibilización monetaria del Banco Central y promociones agresivas como las 20 cuotas del Banco Nación, el comercio textil y de electrodomésticos enfrenta una caída estructural de la demanda, altos niveles de morosidad y un cierre masivo de locales.

En medio de un panorama económico signado por el estancamiento del consumo y los primeros atisbos de una reducción en las tasas de interés, el sector de la indumentaria decidió resucitar una estrategia que había permanecido relegada durante los últimos meses: la financiación en una docena de pagos mensuales sin recargos. Este mecanismo de crédito al consumo, que alguna vez fue un clásico en los comercios argentinos, comienza a reaparecer tímidamente en las vidrieras como un intento desesperado por seducir a un comprador cada vez más esquivo. Si bien la posibilidad de estirar los plazos de pago con tarjetas de crédito ya estaba disponible en ciertos segmentos de bienes durables, como la electrónica o los artefactos para el hogar, ahora esa alternativa empieza a permear hacia otros rubros. Sin embargo, la vuelta de esta herramienta financiera viene acompañada de un interrogante inquietante: el pronunciado aumento de la morosidad entre los usuarios de plásticos.

La entidad monetaria que conduce Santiago Bausili resolvió aflojar el riguroso cerco sobre la base monetaria y recortó en cinco puntos porcentuales los encajes bancarios a partir de abril, una medida destinada a inyectar mayor liquidez en el sistema financiero. El objetivo central de esta decisión es incrementar el circulante en poder del público y ensanchar la capacidad de fondeo de las entidades crediticias para que puedan otorgar más préstamos. Históricamente, este tipo de flexibilización de los requisitos de reserva tiende a abaratar los costos del financiamiento tanto para compañías como para particulares en el corto plazo, estimulando así el consumo y la inversión productiva.

En sintonía con esta apertura del grifo crediticio, el Banco Nación lanzó una promoción que permite abonar compras en hasta veinte cuotas sin interés con sus tarjetas de crédito. La iniciativa estará vigente hasta el último día de mayo y cobija a una variedad de categorías comerciales, entre las que sobresalen la tecnología, los artículos para el hogar, la decoración, los materiales destinados a la construcción, la colchonería y la movilidad, incluyendo bicicletas y motocicletas.

La desesperación del rubro textil

Las firmas dedicadas a la confección y comercialización de prendas, que ya venían apostando fuerte por los descuentos y las promociones estacionales, reintrodujeron los planes de pago en doce cuotas sin interés coincidiendo con el arranque de la temporada otoño-invierno. Claudio Drescher, titular de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), explicó que esta decisión obedece principalmente a la abrupta caída de la demanda. Según el último informe de la entidad, la retracción interanual de las ventas en los dos primeros meses del año alcanzó el 8,4 por ciento, pero la estadística se vuelve aún más dramática si se toma como referencia 2023: el desplome acumulado llega al 40 por ciento.

El diagnóstico del líder industrial es lapidario. “No se vende absolutamente nada, ni lo costoso ni lo económico, ni lo importado ni lo producido localmente”, sentenció Drescher, y agregó sin vueltas: “Las doce cuotas son el signo de la desesperación, un auténtico manotazo de ahogado”. El empresario subrayó además que el elevado costo financiero que implica aceptar pagos a plazo —que ronda el 20 por ciento— golpea sin piedad la rentabilidad de las compañías, dado que no pueden trasladar ese costo a los precios finales. “Hoy están perdiendo plata todos”, resumió.

En este contexto de agonía comercial, entre 2024 y 2025 cerraron 2.924 firmas en la cadena textil e indumentaria, incluyendo 300 talleres de confección industrial y 1.644 locales de venta de ropa. Para Drescher, la crisis del consumo es profunda, estructural y compleja, y ni el crédito ni la baja de tasas alcanzan a resolver más que una porción mínima del problema. “El tema de fondo es que a la gente sencillamente no le alcanza el dinero”, enfatizó.

La sombra de la morosidad

El propio dirigente fabril puso el foco en otro aspecto crítico: el incremento alarmante de la morosidad. “Las tarjetas de crédito registran el nivel de incobrabilidad más alto de las últimas dos décadas”, advirtió Drescher. Esta problemática no es exclusiva del sector indumentaria, sino que afecta también al rubro de electrodomésticos, donde las doce cuotas sin interés llevan bastante tiempo vigentes para diversos productos con determinados plásticos bancarios. Eduardo Echevarría, market CS manager de la consultora Nielsen, consideró que estas alternativas de financiamiento no podrán sostenerse por mucho más tiempo, a pesar de que existe un stock considerable sin colocar, precisamente porque la irregularidad en los pagos se ha vuelto elevada tanto en los bancos como en las empresas de retail.

Los números respaldan esa preocupación. Datos de la consultora EcoGo revelan que en diciembre pasado el atraso en los pagos de los créditos otorgados por los propios vendedores del rubro electrodomésticos promedió el 41 por ciento. Y aunque exista financiamiento disponible, las ventas de equipos y artículos para el hogar se derrumbaron un 18,6 por ciento interanual real durante el cuarto trimestre de 2025, de acuerdo con un relevamiento de la firma Vectorial. El principal motivo de este desplome no es otro que la sostenida pérdida del poder adquisitivo del salario medio.

Las pymes, al margen de la fiesta crediticia

Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señalaron que en las pequeñas y medianas compañías todavía no se generalizan las ventas en doce cuotas sin interés, fundamentalmente porque no existe un programa específico que las agrupe al estilo del extinto Cuota Simple. “Son acciones particulares de algunos comercios, no iniciativas colectivas”, aclararon desde la entidad. Incluso con la reciente baja de tasas impulsada por el Banco Central, el costo financiero sigue siendo elevado —ronda el 30 por ciento— si se considera el magro nivel de ventas y la abultada carga impositiva que soportan los negocios.

“Estamos transitando hacia un escenario de márgenes de ganancia mucho más acotados”, aseguraron fuentes de CAME, y remarcaron la necesidad imperiosa de alcanzar mayor escala para poder sostener los emprendimientos en el tiempo. La conclusión, en boca de todos los actores consultados, es la misma: el crédito, por sí solo, no opera como una varita mágica. Mientras los salarios no recuperen terreno frente a una inflación que aunque desacelerada sigue erosionando el bolsillo, y mientras la morosidad continúe batiendo récords, las cuotas sin interés podrían terminar siendo apenas un espejismo en el desierto de la recesión.

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