En medio de una interna cada vez más expuesta, la diputada oficialista lanzó una pulla al asesor estrella de Javier Milei, justo cuando el futuro del jefe de Gabinete pende de un hilo judicial y político. La respuesta a Santiago Caputo reveló las grietas profundas que atraviesan al gobierno, con fechas claves marcadas en el horizonte.
En el tablero de las tormentas políticas, pocas metáforas resultan tan afiladas como las que se pronuncian en voz baja y se escriben en mayúscula en las redes. Esta vez, quien tomó la palabra fue la diputada nacional Lilia Lemoine, conocida por su fidelidad al núcleo duro del karinismo, y su blanco no fue un adversario opositor, sino el hombre detrás del trono presidencial: Santiago Caputo, el estratega todopoderoso al que muchos denominan el Mago del Kremlin. La legisladora respondió con ironía cortante a una publicación previa del asesor, en la que este había compartido una enigmática frase extraída del tango “Honrar la Vida” —“Vivir la vida no es durar ni transcurrir”— sin que quedara claro si el mensaje era un consejo para Manuel Adorni o una declaración de principios propia. Lemoine replicó entonces sin ambages: “Está bueno que el barco se sacuda… es más fácil distinguir a las ratas”.
Con esa simple sentencia, la diputada expresó aquello que Karina Milei, la hermana del presidente y artífice de la maquinaria política oficialista, se cuida de manifestar en público: que dentro de la Casa Rosada hay sectores enteros que conspiran contra el ala karinista y que, lejos de ser neutrales, esos grupos no serían ajenos a la delicada situación que atraviesa el jefe de Gabinete. Manuel Adorni se encuentra hoy bajo el microscopio mediático y judicial por dos frentes igualmente explosivos: la falta de respuestas convincentes sobre el financiamiento de sus vuelos privados a Punta del Este y el origen del notable crecimiento de su patrimonio, que incluye la compra de departamentos y casas cuyos valores no se condicen con sus ingresos formales declarados.
La fecha que define si Adorni podrá seguir o no en el gobierno ya está grabada a fuego en los calendarios de Balcarce 50: el miércoles 8 de abril próximo. Ese día, su escribana de confianza, Adriana Nechevenko de Shuster, comparecerá como testigo en la causa que investiga la adquisición de un inmueble ubicado en la calle Miró al 500, en el barrio porteño de Caballito, operación realizada en noviembre pasado por 230 mil dólares. Lo llamativo del caso es que ese valor resultó inferior al precio de mercado, y que para concretar la compra se utilizaron dos préstamos concedidos por dos jubiladas, cada una de 100 mil dólares, quienes luego desmintieron haber otorgado esos créditos.
Mientras el vendaval sacude la estructura oficialista, otra diputada oficialista intentó poner paños fríos al enfrentamiento. Juliana Santillán, que recientemente sorteó su propia crisis mediática luego de un desliz en redes sociales donde mencionó a Checoslovaquia como país vigente —cuando dejó de existir hace más de tres décadas—, recurrió a una imagen poética para calmar las aguas. “El Barco: El Arte de Navegar, No el Destino”, escribió, en un intento por bajar la tensión de lo que ya se describe como una auténtica batalla naval en el seno del espacio libertario. Sin embargo, su mensaje conciliador no logró ocultar la magnitud de las fracturas.
El intercambio entre Lemoine y Caputo dejó al descubierto algo que en los pasillos del poder se sabía pero no se admitía: la relación entre el asesor presidencial y el clan de Karina Milei está atravesada por una desconfianza mutua que crece día a día. Las fuentes consultadas por iProfesional fueron terminantes al señalar que, dentro del karinismo, consideran a Caputo un hueso demasiado duro de roer, pero no imposible de quebrar. “Karina se lo va a cargar antes de fin de año”, aseguraron con una convicción que no admite matices. Y agregaron, con un dejo de sarcasmo, que “estaría lindo que conteste Lule Menem”, en referencia al subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia y hombre de máxima confianza de Karina, quien tiene al asesor estrella entre ceja y ceja.
Los motivos de esa animadversión se hunden en el primer año de gestión. El clan Menem responsabiliza a Caputo por la filtración de información sensible sobre empresas vinculadas a la familia, como Tech Security SRL y Global Protection Service, que obtuvieron millonarios contratos con el Estado en áreas como la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, el Banco Nación y la Secretaría de Cultura. Pero el punto de mayor conflicto llegó con el escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde se adjudicaron 1.140 millones de pesos a una firma relacionada con los Menem, y que derivó en la revelación de audios comprometedores del entonces titular del organismo, Diego Spagnuolo, en los que se mencionaban maniobras de coimas y, para peor, aparecían los nombres de Karina Milei y el propio Lule Menem. A eso se suma que Caputo habría impulsado una purga de todos los funcionarios considerados “menemistas” en distintas capas de la administración pública.
A pesar de la hostilidad declarada, Santiago Caputo se sostiene sobre una base sólida: la estima absoluta que le profesa el presidente Javier Milei. El mandatario libertario lo respaldó en las tormentas más feroces, incluso cuando Karina Milei dejó traslucir su disgusto, porque considera al asesor como el arquitecto de su victoria electoral, el responsable de su campaña permanente y el autor intelectual de sus discursos. Esa confianza casi irrestricta es lo que mantiene a Caputo en su silla, pese a que hace ya seis meses que él y Karina no mantienen una conversación a solas.
Mientras tanto, la crisis de Manuel Adorni no encuentra un punto de cierre y amenaza con transformarse en algo más peligroso: una sospecha creciente de operaciones cruzadas dentro del propio oficialismo. Javier Milei optó por respaldar públicamente a su jefe de Gabinete durante el acto por el Día del Veterano y de los Caídos en Malvinas, en el monumento de la Plaza San Martín. Pero en los despachos de Balcarce 50 la lectura es bien distinta: el calendario avanza sin piedad, y la política no espera. Luego de la declaración de la escribana el 8 de abril, otras dos fechas aparecen como hitos inevitables. El 29 de ese mismo mes, Adorni deberá presentarse ante la Cámara de Diputados para brindar el informe de rigor del jefe de Gabinete, una instancia que se perfila como una interpelación en toda regla sobre sus vuelos y propiedades. Y el 30 de mayo, tendrá que actualizar su declaración jurada, donde deberá incluir tanto el departamento de Caballito como la casa quinta en el country Indio Cuá.
En ese contexto de tormenta perfecta, la frase de Santiago Caputo sobre vivir la vida sin limitarse a durar o transcurrir adquiere una dimensión casi profética, mientras la respuesta de Lilia Lemoine sobre las ratas que se distinguen cuando el barco se sacuda se instala como el epitafio de una tregua que, en el mejor de los casos, nunca fue más que un armisticio precario. Lo que parecía una pausa en el fuego interno se ha diluido por completo, y ahora la pregunta que recorre los pasillos del poder no es si la grieta se profundizará, sino cuándo estallará definitivamente.
