El ocaso de la confianza: dos de cada tres argentinos rechazan la gestión de Milei y la economía familiar se desmorona

El ocaso de la confianza: dos de cada tres argentinos rechazan la gestión de Milei y la economía familiar se desmorona

Un relevamiento de la consultora Zuban, Córdoba y Asociados revela que el mandatario libertino atraviesa su momento más crítico desde su llegada al poder, con un alarmante 65 por ciento de desaprobación ciudadana, mientras que la angustia por las deudas y la pérdida de expectativas sobre el futuro se consolidan como los fantasmas que acechan a la administración nacional.

En un clima social cada vez más enrarecido, la figura del presidente Javier Milei exhibe su costado más frágil desde que asumió la conducción del Estado. De acuerdo con los últimos sondeos, nada menos que el sesenta y cinco por ciento de la población —equivalentes a dos de cada tres ciudadanos— manifiesta un explícito rechazo a su desempeño al frente del Ejecutivo. Frente a esa abrumadora mayoría, apenas un treinta y tres por ciento respalda su labor. Esta brecha, lejos de ser un dato aislado, se inscribe en la secuencia histórica del mandatario como el peor registro obtenido hasta la fecha. Para dimensionar el descalabro, basta recordar que antes de los comicios de octubre de 2025, la aprobación rondaba el treinta y siete coma uno por ciento, un nivel que permitía aún cierta respiración política. Fue entonces cuando el exmandatario estadounidense Donald Trump extendió un salvavidas bajo la forma de un cheque por veinte mil millones de dólares, un gesto que permitió a La Libertad Avanza esquivar la derrota electoral. Sin embargo, el respiro resultó efímero: ahora la caída se profundiza cuatro puntos más que en aquel entonces, mientras que la desaprobación no ha hecho más que crecer.

Detrás de estas cifras gélidas se esconde una realidad doméstica desoladora. El cincuenta y cinco por ciento de los consultados asegura que su situación económica personal se deterioró en el último año. Y a ese dato lapidario se suma otro diecinueve por ciento que declara hallarse “igual de mal que doce meses atrás”. En términos agregados, un setenta y cuatro por ciento de la sociedad —tres de cada cuatro argentinos— confiesa atravesar dificultades económicas en el hogar, con una mayoría que afirma estar peor que en el período anterior. En las antípodas, apenas un siete por ciento reporta una mejora en sus condiciones de vida, mientras que un dieciséis por ciento sostiene que sigue igual de bien. Esta asimetría revela que únicamente uno de cada cuatro ciudadanos puede asomarse al presente con un atisbo de optimismo. La principal angustia que atraviesa el tejido social es la imposibilidad de llegar a fin de mes, una situación que arrastra a las familias al endeudamiento progresivo y a la morosidad, fenómenos que, según distintos estudios, han alcanzado niveles inéditos en la historia del país.

El trabajo de campo estuvo a cargo de la reconocida firma Zuban, Córdoba y Asociados, liderada por el analista Gustavo Córdoba. La encuesta relevó a dos mil doscientas personas, con un diseño muestral que respetó rigurosamente las proporciones etarias, de género y de estrato socioeconómico. El setenta por ciento de las entrevistas se realizó a través de los sitios web de mayor tráfico, mientras que el treinta por ciento restante se canalizó mediante correos electrónicos. Este volumen de casos, superior al habitual en este tipo de mediciones, otorga una robustez adicional a las conclusiones.

En las últimas semanas, prácticamente todas las consultoras coinciden en un mismo diagnóstico: el gobierno de Milei toca su punto más bajo desde que desembarcó en la Casa Rosada en diciembre de 2023. Algunos analistas matizan que aún no se ha alcanzado el nivel de deterioro que exhibía la administración en septiembre y octubre de 2025, en vísperas de los comicios legislativos. En aquel entonces, el rescate provino de las figuras de Scott Bessent y Donald Trump, y lo cierto es que el oficialismo logró un resultado electoral aceptable que le permitió remontar la cuesta. Pero desde diciembre pasado, la tendencia volvió a inclinarse hacia el abismo.

Cuando se indaga en el listado de las preocupaciones ciudadanas, emerge un patrón nítido: casi todas las inquietudes remiten a lo económico. Llegar a fin de mes, las deudas, la inflación, el aumento generalizado de precios, el deterioro del poder adquisitivo del salario y el desempleo encabezan las angustias. En cambio, cuestiones como la corrupción quedan relegadas a un plano secundario, y la inseguridad o la educación aparecen todavía más distantes en la escala de prioridades. Un hecho significativo es que la mayoría de los ciudadanos desconfía de las estadísticas oficiales del Indec y afirma que los precios se incrementan a un ritmo mayor —o mucho mayor— que el que reporta el ente estatal. Esa percepción alimenta una sensación de desamparo y descreimiento que atraviesa todo el espectro social.

La pérdida de expectativas se ha convertido en el factor central del derrumbe de la imagen presidencial, un fenómeno que en cualquier latitud del mundo suele anticipar el colapso de un gobierno. En el trabajo de Zuban Córdoba, esta dimensión se captura a través de una pregunta lapidaria: “¿El país va en dirección correcta o incorrecta?”. El resultado no admite ambigüedades. Solo el veintiocho por ciento cree que el rumbo es el adecuado, mientras que un sesenta y tres coma seis por ciento sostiene que las cosas transitan por un sendero equivocado. En otras palabras, casi dos tercios de la población piensa que la Argentina no mejorará porque está encaminada hacia el despeñadero. Se ha reducido drásticamente la cantidad de personas que razonan “estoy mal, es un sacrificio, pero estaremos mejor”, ese resquicio de esperanza que suele sostener a los liderazgos en tiempos difíciles.

Cabe preguntarse si Milei tiene margen para revertir esta situación adversa. Es cierto que ya lo logró una vez, gracias al respaldo norteamericano. Pero el contexto actual presenta complicaciones adicionales: sus pares ideológicos, Donald Trump y el primer ministro húngaro Viktor Orbán, enfrentan escenarios análogos, con mayorías de opinión en contra y fuertes niveles de desaprobación. Este mismo domingo, Orbán se juega una elección en la que podría ser derrotado. El poderoso aparato político estadounidense intenta estos días evitar ese desenlace en Hungría, y habrá que observar si vuelve a articular un nuevo salvataje en la Argentina. Por lo que revelan las encuestas, el panorama para el libertarismo dista de ser optimista. El núcleo duro que respalda a Milei —ese treinta y tres por ciento que aprueba su gestión pase lo que pase— se mantiene firme, pero todo indica que, por ahora, no logra ensanchar sus fronteras. La sociedad, empobrecida y sin brújula, parece haber depositado su confianza en la urna, a la espera de que algún resplandor ilumine un futuro que hoy se percibe, ante todo, como incierto.

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