Bajo la lluvia y contra el ajuste: los consultorios callejeros que se transformaron en emblema de la protesta universitaria

Bajo la lluvia y contra el ajuste: los consultorios callejeros que se transformaron en emblema de la protesta universitaria

Docentes y estudiantes de odontología de la UBA desafían el paro nacional de facultades públicas con una atención gratuita ininterrumpida durante 24 horas. La multitudinaria demanda expone las grietas del sistema sanitario en medio del conflicto con el gobierno de Milei.

En una jornada que quedará grabada como una de las más simbólicas dentro del creciente malestar contra las políticas de desfinanciamiento educativo impulsadas por la administración libertaria, las calles aledañas a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires se convirtieron en un escenario insólito: largas filas de ciudadanos de todas las edades aguardaban, paraguas en mano y bajo una lluvia pertinaz que no cesó durante todo el día, para ingresar a una serie de consultorios odontológicos improvisados sobre ruedas. Esos espacios, montados en la carrocería de cuatro camiones acondicionados como pequeños centros de salud de primer nivel, funcionaron sin pausa desde las ocho de la mañana del miércoles hasta la misma hora del jueves, en el marco de un paro nacional de veinticuatro horas convocado por las casas de altos estudios públicas.

Lejos de tratarse de una acción espontánea, la iniciativa respondió a un programa de extensión que la Facultad de Odontología de la UBA viene desarrollando desde hace más de una década, aunque nunca antes había concitado una repercusión semejante. La coordinadora de una de las unidades móviles y también docente de la casa de estudios, Ornella Perrotta, confesó su asombro ante la magnitud de la convocatoria: “La verdad es que jamás registramos una afluencia tan masiva, y eso que hemos realizado múltiples travesías de asistencia a zonas rurales con niveles de carencia extremadamente altos”. La explicación de ese fenómeno, según coincidieron varios de los profesionales que se turnaron voluntariamente durante toda la jornada, reside en la profunda crisis económica que golpea a los sectores populares, donde costear un tratamiento odontológico se ha vuelto un lujo inalcanzable.

El operativo solidario no fue un hecho aislado, sino que se inscribió dentro de una movilización más amplia que incluyó charlas abiertas, muestras artísticas, debates académicos y actividades culturales en la mayoría de las universidades nacionales. Sin embargo, lo que ocurrió en la vereda de la facultad porteña adquirió una potencia simbólica inusitada: los consultorios montados sobre los camiones se convirtieron en una suerte de trinchera sanitaria y política a la vez. Los pacientes, muchos de los cuales llevaban años sin poder acceder a una revisión bucal, relataban historias de postergación forzada mientras aguardaban su turno. Una mujer de mediana edad, que prefirió no dar su nombre, explicó entre lágrimas que había perdido tres piezas dentales en los últimos dos años porque en su barrio ninguna obra social la cubría y los dentistas privados cobraban sumas imposibles de afrontar.

La respuesta de la comunidad académica fue contundente. Graduados recientes, profesores con larga trayectoria y estudiantes avanzados se organizaron en turnos rotativos para garantizar la continuidad del servicio durante las veinticuatro horas estipuladas. La demanda superó todos los pronósticos: las filas, que desde temprano daban la vuelta a la manzana, se mantuvieron compactas incluso entrada la madrugada del jueves. La lluvia, lejos de ahuyentar a los concurrentes, pareció reforzar la determinación de quienes veían en esa oportunidad una ventana excepcional para resolver problemas de salud postergados. Un joven estudiante de odontología que colaboraba como voluntario resumió el espíritu de la jornada con una frase que luego se viralizó en redes sociales: “No es caridad, es resistencia. Y la resistencia, a veces, se hace con una turbina y un espejo bucal”.

El gesto de los profesionales de la salud bucal adquirió así una doble lectura: por un lado, fue un acto de profunda solidaridad frente a la emergencia sanitaria no declarada que viven miles de argentinos. Por el otro, se erigió en un manifiesto viviente contra el ajuste que, según denuncian gremios docentes y federaciones estudiantiles, el gobierno nacional viene aplicando sobre las universidades públicas. La decisión de mantener los consultorios callejeros activos durante la totalidad del paro no fue casual: se trató de una manera de evidenciar que, mientras las autoridades nacionales recortan partidas presupuestarias y desfinancian la educación superior, las comunidades educativas responden con trabajo gratuito y puertas abiertas.

Hacia la madrugada, con los últimos pacientes siendo atendidos bajo la tenue luz de los consultorios móviles y el rumor de la lluvia golpeando las lonas, la imagen de esos camiones convertidos en símbolo de protesta quedó flotando en el aire húmedo de Buenos Aires. La Facultad de Odontología, a través de sus docentes y alumnos, había logrado algo más que extraer muelas o realizar empastes: había mostrado, con hechos concretos, que otra forma de ejercer la profesión y la ciudadanía es posible, incluso cuando desde arriba soplan vientos de ajuste. Y esa lección, por lo visto, no se olvida tan fácilmente.

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